calle rioja

De la Ceca a la Meca de Casablanca

  • Visita. Después de participar en unas jornadas sobre el mundo digital de las empresas, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santa María cultivó paseo y tapeo con sus correligionarios

En un velador de Casablanca, Soraya con Beltrán Pérez, Antonio Sanz (de espaldas), Rafael Belmonte, Virginia Pérez y Juan Manuel Moreno Bonilla. En un velador de Casablanca, Soraya con Beltrán Pérez, Antonio Sanz (de espaldas), Rafael Belmonte, Virginia Pérez y Juan Manuel Moreno Bonilla.

En un velador de Casablanca, Soraya con Beltrán Pérez, Antonio Sanz (de espaldas), Rafael Belmonte, Virginia Pérez y Juan Manuel Moreno Bonilla. / d. s.

Dicen que es la mano de hierro en guante de seda de la derecha española. Aunque vino a Sevilla a ponderar las ventajas de la transformación digital, Soraya Sáenz de Santamaría se ha ganado a pulso cualquier apuesta sucesoria sin que nadie la designe a dedo. Los dediles, como se llaman a sí mismos los que como Rosamar Prieto-Castro o Juan Carlos Marset ocuparon puesto municipal sin pasar por el torno de las urnas y el sufragio.

Las jornadas tuvieron lugar en la sede de Cajasol, esa antigua Chancillería que vale para un roto y para un descosido, para proyectar películas de Murnau, asistir a un debate con Pérez-Reverte o hacer colas interminables para el belén de Navidad. Falta poco para que empiecen a colocar los palcos de la Semana Santa en la plaza de San Francisco. La penúltima cuaresma antes de las próximas elecciones municipales en las que el PP, con los demoscopios en su contra, aspiran a recuperar la plaza que tuvieron en 1995 con Soledad Becerril y en 2011 con Zoido. En los palcos sí que existe Despeñaperros, porque Soraya nació en Valladolid, donde rige una estética cofrade muy diferente a la de Sevilla.

La vicepresidenta, entre Beltrán y Moreno por la plaza de San Francisco La vicepresidenta, entre Beltrán  y Moreno por la plaza de San Francisco

La vicepresidenta, entre Beltrán y Moreno por la plaza de San Francisco / D.S.

Paseó por la plaza de San Francisco con su hombre en Sevilla, Beltrán Pérez, el delfín que quiere ser tiburón. Por la Avenida que transformó Monteseirín, recorrieron la que se llamó antiguamente calle de Génova, ciudad tan unida a los conciliábulos madrileños del Partido Popular. Entre edificios de Aníbal González y Espiau pasaron junto al Archivo de Indias, la antigua Lonja.

De la Ceca... a la Meca de Casablanca. Los que vieron la película de Michael Curtiz saben que el adiós de Ingrid Bergman y Humphrey Bogart no se rodó en la ciudad marroquí donde nació el actor Pedro Casablanc. Casablanca no está en Marruecos ni en Hollywood. Estuvo en la calle Zaragoza y hoy en la plaza de Indalecio Prieto, junto a la delegación de Hacienda donde trabajó Juan Sierra, poeta y padre del futbolista Quino. También trabajó allí Ignacio Montaño, nombre clave de la Expo y pregonero.

De la plaza de San Francisco fueron hasta la de Indalecio Prieto en busca de un velador

El bar Casablanca lo regentan el hijo y el sobrino de Antonio Casablanca, hijo a su vez del tabernero que en la Alameda llevaba las riendas de La Sacristía. Un lugar de culto laico y pasos quedos, hoy convertido en el hotel La Sacristía de Santa Ana, que frecuentaban muchos militantes de la izquierda, comunistas que tenían la sede en la calle Teodosio. Este viaje del Pecé al PP sin salirse de Casablanca recuerda el compromiso histórico de comunistas y democristianos en Italia y es un guiño a la astucia de la vicepresidenta Soraya, que como los buenos futbolistas encuentra un hueco donde nadie lo ve.

Tapeó con Beltrán y también con Juan Manuel Moreno, otro delfín que tiburonea; Antonio Sanz, lugarteniente de la Plaza de España; Virginia Pérez y Rafael Belmonte. Por exigencias del guión, a la BBC que los ediles Beltrán y Belmonte forman con Cabrera faltaba el tercer sumando. Sevilla es tierra franca para una vallisoletana. De allí vinieron sevillanos adoptivos como Enrique Valdivieso, máximo experto en el Barroco, guía de varias promociones de universitarios; José Antonio Valverde, que salvó Doñana de la especulación; Miguel Delibes, el biólogo hijo del novelista; o Carlos Amigo Vallejo, el franciscano de Medina de Rioseco que llegó a la diócesis en 1982. También era de Valladolid, de Tordesillas, el general Queipo de Llano. Nadie es perfecto, como termina Con faldas y a lo loco.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios