Sevilla

Toc, toc, toc, ¿es el Día sin coche?

  • Crónica con final feliz de la desesperante aventura de no usar el vehículo particular en Sevilla, pese a la desinformación municipal sobre el rimbombante 'Green Friday'

Una joven circula en bicicleta por la calle Amor de Dios cerrada al tráfico. Una joven circula en bicicleta por la calle Amor de Dios cerrada al tráfico.

Una joven circula en bicicleta por la calle Amor de Dios cerrada al tráfico. / Juan Carlos Vázquez

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El marketing, el marketing malo, dando por sentado que hay herramientas publicitarias positivas y hasta imprescindibles, hace tiempo que eligió la política como una de sus presas favoritas. Es una moda creciente etiquetar eventos con lemas publicitarios que llamen la atención del público, antes pueblo y ahora ciudadanía. Y la política municipal, como hija menor de la política, no iba a ser menos.

El Ayuntamiento de Sevilla presentó en uno de sus nobles salones con toda pompa y boato lo que denominó el Día sin coche, el Green Friday siguiendo la estela de la etiqueta europea, aunque en realidad la fecha elegida fue el pasado sábado 22, no el viernes. Pues bien, pude comprobar en mis carnes, y en las de mis familiares, hasta qué punto es peligroso el marketing malo.

No hay peor campaña de publicidad que la que se queda vacía de contenido, en un pernicioso efecto boomerang del que huyen las grandes compañías. O los buenos comerciantes. El relato de los acontecimientos empieza cuando, alertados por un anuncio municipal en internet, nos dispusimos a aprovechar el descuento que el Acuario de Sevilla, empresa colaboradora con el Día sin coche, ofrecía a aquellos usuarios que se trasladaran al Muelle de las Delicias en transporte público.

Tras leer el prolijo bando municipal que presentaba las actividades programadas para invitar a aparcar por un día el vehículo propio, el jueves 20 me dirigí al despacho de Tussam, otra de las empresas (municipal en este caso) colaboradoras y pilar sobre el que sustentar el evento, en la plaza Ponce de León. Estaban in albis, aunque al menos llamaron para informarse, sin resultado alguno.

Llamé entonces a través del 010 a Tussam: tampoco tenían información alguna de qué era aquello del Green Friday ni del Día sin coche. Al menos me prometieron informarse, otra vez, y devolverme la llamada. No muy fieles al aserto de que lo prometido es deuda, y al no recibir esa llamada prometida, volví a marcar el 010, esta vez directamente al Ayuntamiento.

Allí, tras varios minutos de espera, me orientaron someramente sobre el asunto. Pero tampoco disponían de la información concreta. Sí me aseguraron que la clave para beneficiarse de los descuentos era recoger los vales que se repartirían el viernes y el sábado en los distintos transportes públicos (Tussam, Metrocentro, Metro de Sevilla, Sevici…) y luego acreditar que no se había usado el coche particular, claro.

Aun así, nos aventuramos los cuatro miembros del núcleo familiar, madre, dos niñas de cuatro y dos años con sus carritos y padre, a usar Tussam para ir al Acuario de Sevilla. La primera sorpresa fue al subir al C3: el conductor, como era de temer, tampoco había oído nada de los vales del Green Friday ni del Día sin coche. Ante la opción de que en el Acuario de Sevilla no aceptaran mi palabra como credencial única de que había ido allí en autobús, me dirigí a la oficina de Tussam en El Prado de San Sebastián. Vaya, estaba cerrada a cal y canto. ¿Acaso me había equivocado de día? ¿No era el sábado 22 el Día sin coche?

Aun así, perseveramos y tomamos la línea 34 rumbo al Paseo de la Delicias. El conductor del 34, como ya era de esperar, también puso cara de siete al oír aquello del Día sin coche. Bueno, pues confiemos en la buena voluntad del personal del Acuario de Sevilla.

Afortunadamente, en esta bendita ciudad aún prevalece la persona sobre la directriz municipal y la responsable del acuario, requerida por el personal de taquillas, tuvo a bien conceder el descuento, después de preguntarnos: "¿no traen ustedes los flyers?". Le expliqué que nos había sido imposible obtener los vales de marras. Y nos replicó que a otras personas les había sucedido lo mismo, y que, en el caso contrario, algunas personas se habían presentado con los vales/flyers, "repartidos en algunos puntos de la ciudad", pero no habían podido acreditar que hubiesen llegado en transporte público. O sea: los usuarios de transporte público no tenían los vales y los que los tenían habían ido en coche, dejando en nada la rimbombante campaña municipal.

Eso sí, el Ayuntamiento cortó al tráfico el sábado 22 por la mañana la calle Amor de Dios para actividades lúdicas, y a algún vecino lo cogió aquello a contrapié. Ni autobuses ni vehículos particulares podían pasar por Amor de Dios, estando la Alameda bien cerquita para darle contenido lúdico y educativo al cacareado Día sin coche. Invéntese usted un buen lema, que ya veremos cómo lo dotamos de contenido…

PS: El Ayuntamiento, pese a mis quejas formales por teléfono y Twitter, aún no ha tenido a bien darme ninguna respuesta. Teléfonos y redes sociales como emisores de autopublicidad, y poco más.

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