Los Invisibles | Jennifer Baer Pearson

“En España se celebran los sudores y en América se olvidan los triunfos”

  • Sigue en el Archivo de Indias pistas de una devoción caribeña vinculada con un triunfo de los españoles sobre los franceses al norte de Haití en 1691

Jennifer Baer Pearson, junto al Archivo de Indias donde trabaja en su tesis. Jennifer Baer Pearson, junto al Archivo de Indias donde trabaja en su tesis.

Jennifer Baer Pearson, junto al Archivo de Indias donde trabaja en su tesis. / Juan Carlos Vázquez

BUSCA en el Archivo de Indias indicios reales de una leyenda, la devoción por la Virgen de Altagracia. Jennifer B. Pearson (Nueva York, 1980) vuelve así a sus orígenes dominicanos, la tierra que más amó Colón.

–La única vez que estuve en Santo Domingo, 1988, compré en la calle Conde, en la tienda de un sevillano, cintas de Juan Luis Guerra y 4’40...

–En la calle Conde conocí a mi esposo, un canario que es indio. La historia es tan larga como triste y bonita. Él estaba con Médicos sin Fronteras en Haití y fue de vacaciones. Yo había ido desde Nueva York, donde estudiaba Pintura.

–¿Sus primeros pasos?

–En el Bronx, hija de un dominicano y una gringa italiana. Mi padre tenía una bodega y se la llevó desde Nueva York a La Romana.

–¿Y la sangre italiana?

–Por una abuela siciliana que se escapó de un convento, se fue en barco a América y se casó con el primero que conoció.

–Usted existe porque su abuela se escapó de un convento...

–Pues sí, gracias a Dios.

–En su árbol genealógico están las Indias Orientales y las Occidentales del Archivo...

–Mi hijo podría llenar todas las casillas. La familia de mi esposo es de la India. Vivían en una zona que pasó a Pakistán, eran de una cultura sing que se dispersó por todo el mundo y perdieron hasta la lengua. Fueron a Marruecos, de allí a Canarias, donde nació mi esposo, y luego a Chile.

–¿Qué busca en el Archivo de Indias?

–Volví a Nueva York, mi ciudad natal, para estudiar Pintura e Historia del Arte. Estoy investigando pinturas votivas relacionadas con milagros, con una leyenda. Más allá de la fe, es algo que además sirve para dar legitimidad, para homogeneizar a gente dispersa que empezaba a tener algo en común.

–¿Cuál es la leyenda?

–Tiene lugar en torno a la Virgen de la Altagracia, una devoción que se convierte en una manifestación de memoria colectiva.

–¿Y qué está estudiando?

–Cartas de gobernadores, de testigos de esa transformación de una leyenda en un símbolo de la cultura nacional. Eran un total de 26 pinturas votivas y sólo quedan 16. El milagro está relacionado con una batalla en la que los españoles derrotaron a los franceses. La batalla de Limonade, librada en 1691, así llamada por la zona del norte de Haití donde tuvo lugar la batalla.

–¿Dónde está el santuario?

–En Higüey, al este de República Dominicana.

–¿Hay réplica en España?

–En el santuario de un pueblo de Cáceres, Garrovillas. Ir fue una aventura. El ermitaño me regaló un libro. La Virgen se representa en una talla y en mi país con una pintura. No sé si la devoción fue bajando con la Reconquista.

–La nieta de la itaaliana que se escapó del convento no deja de visitar iglesias y santuarios...

–Mi otra abuela, la dominicana, es muy devota de Altagracia.

–¿Por qué vino a investigar en el Archivo de Indias?

–Porque Francis Drake quemó casi todos los documentos de la catedral de Santo Domingo y con el resto acabaron los ciclones y la humedad. En mi país los documentos más modernos son del siglo XIX. Compartimos proyecto de digitalización de la Biblioteca y Archivo Histórico Nacional con el Archivo de Indias de Sevilla.

–¿Dónde están los restos de Colón en Sevilla o Santo Domingo?

–Hay un cambio epistemológico en los estudios de Historia. Ya no interesan tanto los personajes con sus gestas como las comunidades más grandes, pero está claro que Colón tras fundar Guanahaní, la actual San Salvador, la primera ciudad fue La Isabela, al norte de lo que sería Santo Domingo, que funda su hermano Bartolomé Colón el 5 de agosto de 1498, que es mi cumpleaños.

–¿Qué le atrae de Sevilla?

–La Catedral, el conjunto histórico, vas por las calles serpenteando y te encuentras con el asombro. En Santo Domingo todo está a la vista, hasta la línea del mar. Iré unos días a Tánger con mi esposo y mi hijo y me han dicho que me quede para la Cabalgata.

–Faltó muy poco para que dos futbolistas dominicanos jugaran en la ciudad: Junior en el Betis y Mariano en el Sevilla, pero se quedó en el Madrid...

–Me suena Mariano.

–¿Qué hará con su trabajo?

–La tesis doctoral y después un libro. Estoy en la Florida State University de Tallahassee, capital de Florida, con la dirección de Paul Niell, especialista en Cuba colonial y la diáspora africana.

–¿Se siente un detective?

–Un detective de contextos.

–La batalla de la Limonada fue un Bailén en el Caribe...

–Se conmemora cada 21 de enero. Fue la primera vez que se estableció una diferencia entre los españoles de España y los que estaban allí. Se ganó y no se celebró nada. En cambio, se perdió en Flandes y lo siguen celebrando. Un arzobispo llegó a decir que allí, por España, se celebran los sudores, y aquí, por América, se olvidan los triunfos.

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