Sevilla

¿Cómo es el Rocío más allá de Triana?

  • Rafael Montesinos evocaba en un libro su visión del Rocío de 1934 con 14 años

¿Cómo es el Rocío más allá de Triana? ¿Cómo es el Rocío más allá de Triana?

¿Cómo es el Rocío más allá de Triana?

 La Fundación El Monte que presidía Manuel del Valle Arévalo creó una colección de libros titulada Memoria de un Siglo, una ambiciosa empresa que acabó con la muerte de su gran impulsor, Alfonso Braojos, el que fuera director de la Hemeroteca Municipal. El segundo de esos volúmenes lleva por título El Rocío y el epígrafe de la serie viene ahora como anillo al dedo ya que el prólogo que acompaña a los textos del propio Braojos y las extraordinarias fotografías de Cecilio Sánchez del Pando, Serafín Sánchez Rangel, Ángel Gómez Beades Gelán y Juan José Serrano lo firma el poeta Rafael Montesinos, de quien este año, el próximo 30 de septiembre, se cumplirá el centenario de su nacimiento en el número 41 de la calle Santa Clara.

El centenario de Montesinos coincide con los 150 años de la muerte de su vecino de barrio Gustavo Adolfo Bécquer, a quien en 1977 dedicó el libro Bécquer. Biografía e imagen y llegó a demostrar con estudios historiográficos el carácter apócrifo de algunos textos atribuidos al autor de Rimas y Leyendas, incluida la décima de las Cartas desde mi celda.

El acercamiento al Rocío de Rafael Montesinos en esta colección dirigida por Braojos, que se completó con los libros Sevilla y su Semana Santa y Triana, tiene mucho que ver con las percepciones infantiles del poeta, pero también con su prematura afición a la fotografía y al mundo audiovisual. El autor de Los años irreparables fundó el Cine Club 8, el Aula Fotográfica de Madrid y el Aula de Fotografía Vocacional. En la Antología Poética de Rafael Montesinos (1944-1995) que editó la Diputación Provincial de Sevilla, hay un texto del poeta que incluye en su introducción Rafael de Cózar que podría incluir su visión del Rocío entre los paraísos perdidos. "Amar en Sevilla es habitar el paraíso. Y desde Adán, el destino de todo habitante de un paraíso es perderlo. Pero aún es más amargo para un sevillano quedarse a vivir en su paraíso perdido.

Yo lo gané al perderlo", escribe Rafael Montesinos. Una polvareda lejana. Así titula el poeta su regreso a las visiones primigenias del Rocío. Evoca los recuerdos lejanos de Serrano (1888-1975), fotógrafo, padre y abuelo de fotógrafos. Era amigo del padre de Montesinos. "Recuerdo que un día, siendo yo un niño de ocho o nueve años, les acompañé en una excursión fotográfica al Parque de María Luisa. Nos paramos ante ese monumento a Bécquer que costearon los hermanos Álvarez Quintero. Entonces aún existían libros del poeta en los anaqueles de piedra. Yo sólo era un niño con una pequeña cámara de fuelle; un niño feliz con toda la guerra por delante".

Los hermanos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero aparecen fotografiados en los pinares de Doñana en el Rocío de 1934 con la cámara de Serrano. Es el Rocío de ese año, el de la Revolución de Octubre en Asturias, el que evoca el poeta. "Recuerdo que en 1934 aquel niño de catorce años que fui (hoy, trianero adoptivo), y que vivía en el número 16 de la calle Reyes Católicos, cruzaba el que ahora es su Puente (digo su puente, porque éste pertenece por entero a Triana), para ver la salida de la Hermandad del Rocío". Cada uno, por encima de tópicos, lleva su Rocío dentro, escribe Montesinos.

"El mío es una polvareda lejana, tan distante y cercana como mi infancia". Es su idea permanente: "Hace ya muchos años que falto de mi infancia / la sola patria que conozco". Acostumbrado a la Semana Santa, aquel niño ya preadolescente evoca el ruido de los caballos en el relente de la mañana. "Pero el verdadero deslumbramiento fue la salida de la carreta con el simpecado". La expresión de fervor con gritos, vítores y aplausos, el silencio de este año camino del Domingo de Pentecostés, le lleva a señalar su particular sentido de la religiosidad popular, "ese pueblo al que pertenezco fue el primero en concederle a la Virgen el máximo honor eucarístico de ponerla bajo palio".

En 1919, siendo papa Benedicto XV, la Virgen del Rocío fue coronada canónicamente. Fue el último papa que visitó la aldea con anterioridad a Juan Pablo II (recuerdo aquella visita del papa polaco cubriéndola al lado de un intrépido reportero llamado José María Javierre). En el libro hay una fotografía de la misa extraordinaria que tuvo lugar en la aldea para conmemorar en 1959 los cuarenta años de la coronación canónica oficiada por el arzobispo de Sevilla, cardenal José María Bueno Monreal, aragonés como Javierre y el organista Ayarra. Hace quince Rocíos que murió el poeta de la calle Santa Clara, donde todavía puede verse la placa de sus primeros cielos y espadañas. Pero sus palabras siguen vigentes.

"No digo que en el Rocío no hayan existido -que sí existen- los tópicos y el señoritismo. Dejemos, pues, a ese pueblo tranquilo con su manera de expresarse". Con la perspectiva del buen fotógrafo, la imagen se difuminaba. "Lo que para mí es el Rocío se perdió a lo lejos entre un clamor de palmas y sevillanas cada vez más débiles, más apagadas. Aquello no tardó en convertirse en un rumor lejano y una polvareda silenciosa que aún, después de tantos años, me escuece en los ojos". Y el niño le preguntó a los mayores: "¿Cómo es el Rocío más allá de Triana?". Seguiría preguntando y le dirían que al final del camino hay un Jordán marismeño y que el Aljarafe se alfombra despidiendo a sus peregrinos por una Mesopotamia sureña. El libro se abre con una fotografía del 24 de mayo de 1929, con el simpecado de Triana saliendo del convento de San Jacinto camino de la aldea. Año de una Exposición Iberoamericana que Montesinos vivió con nueve años y de la que tenía clarísimos recuerdos, así como de su parque de atracciones.

"En los años sesenta, un chamarilero de Madrid le vende por cien pesetas el logotipo original de la Exposición Iberoamericana, un bajorrelieve de cobre". El niño que despide a las carretas de Triana ha estudiado en los Carmelitas y veranea con su familia en Alájar, junto al peñón de Arias Montano. Su paraíso lo perderá dos veces. En 1940, cuando se traslada con su familia a Madrid. Y un año después, cuando su quinta del 41 sufre dos movilizaciones en plena posguerra. El final de la Arcadia de aquel niño feliz "con toda una guerra por delante". El libro narra gráficamente el Rocío en varias etapas: La Salida, El Camino, En la Aldea, El Ambiente, La Procesión, El Regreso, El Traslado. Imágenes de la dictadura de Primo de Rivera, la República, guerra y posguerra.

Se han editado varias antologías de Rafael Montesinos, la de 1995 fue con ocasión del homenaje que le rindió la Feria del Libro de Sevilla. Luis Carlos Peris le hizo una de las últimas entrevistas en su casa madrileña. Fue miembro de la Hispanic Society de Nueva York. Obtuvo en dos ocasiones el premio Nacional de Literatura, en 1958 y 1977. Vida y literatura, el doble camino de este atípico rociero. En 1953, Gerardo Diego le presentó a Marisa Calvo, destinataria de muchos de sus poemas y la madre de sus hijos. Francisco Umbral cogió uno de sus versos para titular su novela Si hubiéramos sabido que el amor era eso. La infancia es la patria de la Literatura y también de los primeros recuerdos del Rocío. "Aquellos siete años que yo tuve, / Señor, ¡quién los tuviera!", como escribe en su poema El poeta oye campanas y no puede seguir por soleares". Campanas de Santa Clara, obviamente. Dónde se mete el niño del 27, "mi juventud se fue / a la guerra conmigo. / Yo volví, pero a ella / la mataron a tiros". 

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