Foro del Grupo Joly con Albert Rivera

Sevilla no tiene un Manuel Valls

  • El líder de Ciudadanos se centra en la política nacional y autonómica y admite que no hay cantera para la candidatura a la Alcaldía de la capital andaluza

Albert Rivera, con Juan Marín en el Foro Joly. Albert Rivera, con Juan Marín en el Foro Joly.

Albert Rivera, con Juan Marín en el Foro Joly. / Juan Carlos Muñoz

Albert Rivera trata de coger aire en Andalucía, la tierra que le ha dado siempre la victoria al PSOE y que ha aupado a Soraya Sáenz de Santamaría al primer puesto en las primarias del PP. El líder naranja hace el discurso bonito sobre las posibilidades del Sur de España: su historia, su importancia geopolítica, el carácter emprendedor de la gente y todos esos puntos de vista con los que se nos enfoca a los andaluces (y las andaluzas) cuando suena el tam-tam electoral. Los partidarios de Rivera asienten ostensiblemente durante el desayuno cada vez que el presidente acentúa una idea: los miembros de su gabinete (con alguna antigua cara del equipo de Rajoy), la estructura regional del partido (incluido el nuevo fichaje, Ana Llopis), los empresarios, profesores de Universidad, los profesionales liberales...

Rivera encandila al hablar de Cataluña, se escapa de casi todas las preguntas incómodas que escrutan sus planes futuros y, qué curioso, solo nombra en toda la mañana a un político del centro-derecha andaluz: Javier Arenas. Dijo que el vicesecretario general del PP debe seguir hoy "arrepentido" de no haber acudido al debate electoral de la campaña de 2012, la de los célebres 50 insuficientes diputados que cosecharon los populares. Rivera repitió mucho el número 37, los años que lleva el PSOE en el gobierno andaluz. Y citó mucho el nueve, los diputados de Ciudadanos en el Parlamento. La emoción la puso al recordar que por sus venas corre sangre andaluza. Su madre es malagueña. Todavía no tiene el séquito que acompaña al poder, tan sólo el de la ilusión (algo apagada) por la expectativa, que no es poco.

Alguien refiere que Rivera se parece al guardameta Iker Casillas. Seguro que sí porque trató de parar todas las preguntas dirigidas a la escuadra. Sus silencios eran muy elocuentes. Ninguneó al líder andaluz del PP, Juan Manuel Moreno Bonilla, y a todo el equipo de Ciudadanos de Sevilla. De Juan Marín hacia abajo no se acordó de nadie. Se le preguntó por la necesidad de buscar un Manuel Valls para la candidatura a la Alcaldía de Sevilla y, qué revelador, admitió que no sólo Ciudadanos no tiene cantera, sino que los demás partidos tampoco. Es decir, se abonó al mal de muchos, consuelo... de Ciudadanos. Ayer su cariño sólo tenía un nombre y un apellido: Juan Marín.

El salón estaba lleno en la Sevilla de julio, cuando todos dan por finiquitado el curso político y las conversaciones refieren la Andalucía más vertebrada: la de las playas y fiestas patronales. Rivera desarrolló un discurso sin guiños locales, que valía igualmente para Pulpí que para Ayamonte. Todas las comunidades autónomas son iguales, dijo, aunque entendió que haya españoles que se sientan diferentes. Con el pie puesto en la puerta, desplegó todos los argumentos del vendedor de enciclopedias de lomos dorados que embellecen las estanterías. Pasó de largo por el Impuesto de Sucesiones "suprimido", aunque en realidad se ha reformado. Sus partidarios asintieron. Prietas las filas. Y que todo el orbe sepa que Ciudadanos no es de derechas ni de izquierdas, fue la verdad proclamada por enésima vez. Al final se le acercaron a saludar los miembros de la Sevilla que juega hábilmente los naipes por si Ciudadanos controla varias Consejerías de la Junta tras las elecciones anticipadas de octubre o noviembre, cuando la Sevilla de julio de hoy sea ya la del otoño de hojas caídas con sentencia sobre los EREs.

"Pedro Sánchez se atrinchera en la Moncloa", dejó como mensaje principal, idea fuerza, titular precocinado. Rivera se presentó como el joven que se negó a estar en el sofá contemplando España y se levantó para cambiarla. Andaluces levántaos. 

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