primarias en el PSOE

Triana vota con los botos puestos

  • Susana Díaz es arropada por la militancia en las urnas coincidiendo con el traslado del simpecado del barrio.

La candidata Susana Díaz concita la atención de los medios durante su votación ayer en la agrupación socialista de Triana, en la plazuela de Santa Ana. La candidata Susana Díaz concita la atención de los medios durante su votación ayer en la agrupación socialista de Triana, en la plazuela de Santa Ana.

La candidata Susana Díaz concita la atención de los medios durante su votación ayer en la agrupación socialista de Triana, en la plazuela de Santa Ana. / juan carlos vázquez

La militante Susana Díaz fue sólo una de las 341 personas con derecho a sufragio en la agrupación Triana-Los Remedios que votó por la candidata Susana Díaz. La mañana de bochorno contrastaba con la luminosidad de los afiliados que se asomaban al número 3 de la plazuela de Santa Ana. Paz y amor. Las luchas intestinas de la presidenta de la Junta con Pedro Sánchez por el liderazgo del PSOE, con Patxi López de árbitro imparcial entrambos, no se reflejaban en la militancia. Unidad, unidad y unidad. Mensaje único.

A las 11:00 llegó Susana a una Casa del Pueblo que visita desde hace un cuarto de siglo, el tiempo que da sombra a la coqueta plaza el árbol que se erige en el centro. Allí la esperaban su marido, José María Moriche, su hijo y unos cuantos incondicionales que se la comieron a besos. Una hora antes se abrió el proceso con el voto del secretario general de la agrupación, Joaquín Díaz, que mostró su apuesta por Susana en la papeleta ante la insistencia de los medios: "Va a ganar aquí, donde recabó un 72% de los avales, y también en España", vaticina el veterano socialista.

A la contra, aun jugando en casa, recuenta los sufragios la interventora de Pedro Sánchez, Rosa María Castaño: "No es territorio enemigo; somos todos compañeros", remarca antes de hacer un chascarrillo: "Aunque a veces veo algunos cuchicheos...".

"Voto a mi vecina", zanja Hipólito Castroviejo. Con 86 años se dio un paseo desde el barrio de León, porque "los autobuses funcionan fatal", para respaldar a Díaz. José Antonio Ortega es pedrista y también aboga por la fraternidad con un símil culinario: "Esto es como cuando te tomas un gazpacho en casa de tu madre con tus hermanos. Unos comen más que otros o unos prefieren que lleve más cebolla, pero somos todos familia". Curiosa analogía.

"No es territorio enemigo, somos todos compañeros", dice la interventora de Sánchez

Díaz apareció por Pelay Correa y se despidió por Rodrigo de Triana. Todo un símbolo de conquistadores entre una de las principales figuras de la toma del arrabal sevillano en el siglo XIII y el marinero al que se le atribuye el primer avistamiento de América en el XV. En la otra orilla, en Madrid, debía de hallarse todo el oro del rey Salomón, como creyó Cristóbal Colón.

Susana llegó a su cita con las urnas con ímpetu y con un extra de maquillaje después del tute de tantos días de campaña. En vaqueros, con una blusa tono nude -color carne de toda la vida- y la cabellera impecable, cortejó a los periodistas con su mejor sonrisa mientras los atendía: "A partir de mañana sólo pienso en levantar al PSOE, comienza la cuenta atrás para transformar la vida de los ciudadanos; si gano, lo primero que haré será llamar a Pedro y a Patxi. Quiero abrir un tiempo de unidad", subrayó. Unidad, unidad y unidad en un partido resquebrajado, deshilachado, dividido pese a la llamada a la unidad.

Carmen Castreño, delegada del distrito Triana y presidenta del pleno del Ayuntamiento de Sevilla, también saludó efusivamente a Susana, mientras que la atención en la agrupación se dispersaba cuando la candidata se fue camino de Madrid para conocer in situ los resultados. La líder andaluza ha vivido en sus carnes en las últimas semanas "la movilización de la gente en todo el país; tenemos media campaña hecha ya para las generales".

Quien exhala susanismo por los cuatro costados y más tajante se muestra en su discurso es paradójicamente un simpatizante, no un militante. José Carlos Jiménez, camarero de la taberna de la Plazuela. Sirve como ejemplo de la división de los socialistas: "Soy susanista a tope, pero a ver si vuelve a recogerme otra vez el PSOE, porque ahora voto a Podemos. No se debe apoyar la incoherencia y los bandazos de Pedro Sánchez. Espero que gane ella, volvamos a ser lo que fuimos y llevemos a España para adelante".

En la iglesia de Santa Ana, la catedral de Triana, suenan flautas y tamboriles, retumban los cohetes, truenan las campanas, pero nada tiene que ver con las primarias, con los votos, sino con los botos. El barrio sigue en su día a día y ayer tocaba, amén de recibir a Susana Díaz en la Casa del Pueblo, el traslado del simpecado de Triana a la casa hermandad de la calle Evangelista. La calle bullía, de bote en bote. El Rocío está a la vuelta de la esquina. Palabras mayores.

El PSOE, que arrastra años de pecados fraternos y no ejerce la tarea evangelizadora de antaño, se juega su futuro y necesita un inmenso zurcido, empezando por Ferraz, donde los costurones han abierto en canal al partido, pese a que los candidatos recurran, desde Triana a Portugalete pasando por Madrid, a la unidad, unidad y unidad.

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