Sevilla

250.000 botellines a la hora

  • Heineken abrió las puertas de su nueva factoría a las visitas guiadas del Plan Estratégico Sevilla 2010

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Los números son la espuma de las letras, su mejor acompañante. Circulan espumosas las botellas de Cruzcampo por el espectacular engranaje de la nueva fábrica de Heineken, una danza mecánica casi infalible. Los números hablan por sí solos. Heineken España ha invertido 320 millones de euros en esta nueva fábrica situada en lo que fue Cañada de Pero Mingo: la mayor inversión en toda su historia de la cervecera nacida en Amsterdam en 1864; la mayor inversión que una empresa privada ha hecho en Sevilla.

Ha supuesto la creación de 2.000 puestos de trabajo directos, indirectos e inducidos. Tiene una estación eléctrica que produce energía para abastecer a una población de 45.000 personas. En estas modernas instalaciones donde unos robots paletizan y despaletizan los barriles de acero inoxidable y unos vehículos sin conductor se mueven guiados por láser, salen mil barriles de cerveza a la hora, 250.000 botellines, 90.000 latas. Las botellas de litro, que en Cruzcampo nadie llama litronas, son el máximo soporte por razones de seguridad.

Carlos de Jaureguízar, presidente de Heineken España, abrió las puertas de la fábrica a una delegación encabezada por el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín. Una serie de visitas guiadas a hitos del Plan Estratégico Sevilla 2010 que empezó en la esclusa, ayer hizo un alto con cerveza y tapa en Heineken y seguirá en EADS y el Metro de Sevilla.

Hubo el riesgo de que Cruzcampo se fuera de Sevilla, dijo el alcalde, y ocurrió todo lo contrario: se vino Heineken España. Desde el puente que separa la zona de cocción de las de fermentación y bodegas se ve el exterior del Centro Penitenciario de Sevilla -una curiosa tradición: junto a los terrenos originarios de Cruzcampo se construyó la cárcel de Ranilla-, pero muy pronto, aventuró el alcalde, se verán la SE-40 y el tren de alta velocidad entre Sevilla y Málaga.

La maltería está en construcción y ya emerge como edificio más alto de la fábrica la torre de los silos de malta. En su techumbre anidan siete crías de halcón peregrino a las que Cruzcampo presta su protección a cambio de que estas especies de la cetrería liberen el espacio aéreo de las palomas, "muy perniciosas en la fábrica". El genuino halcón maltés.

Igual que hace ciento cuatro años los hermanos Tomás y Roberto Osborne plantaron en pleno campo su sueño industrial, hoy en pleno corazón de la ciudad, ahora Heineken hizo tres cuartos de lo mismo. La fábrica está ubicada en lo que los topógrafos conocen como trompa de elefante, una curiosa prolongación del término municipal de Sevilla que abre sus alas a La Rinconada, Carmona y Alcalá de Guadaíra. A esta última localidad pertenece la empresa con la que Heineken firmó en la nueva fábrica un primer contrato de ocho millones de euros.

Cebada, lúpulo, levadura y agua. Los ingredientes de la cerveza. El agua es fundamental. "Heineken es el primer cliente de Emasesa", dice Manuel Marchena, que vivió el proceso desde la Gerencia de Urbanismo y sabe de qué habla el alcalde cuando dice que "en Sevilla pasó el tiempo del lamento y la autoflagelación".

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