"Cuando llega la Navidad, huelen las castañas": Macarena lleva 30 años vendiéndolas en Sevilla y es pionera en cobrar con tarjeta
Entre Tetuán y Rioja, el puesto de Macarena está activo desde octubre hasta enero. Castañas del Valle del Jerte, un anafe siempre encendido y ser el único puesto con datáfono mantienen vivo un oficio que ya es icono de la ciudad
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En el corazón del centro, justo en la confluencia entre calle Tetuán y calle Rioja, hay un olor que marca el inicio del invierno sevillano. El aroma de las castañas asadas que Macarena prepara desde hace tres décadas. Su presencia allí es tan habitual que muchos sienten que la Navidad empieza cuando la ven aparecer en su puesto. Cada temporada arranca el 15 de octubre y se prolonga hasta el 15 de enero. El simple gesto de encender el anafe activa la memoria de la ciudad. Ella misma lo explica con una frase que ya forma parte del imaginario navideño de Sevilla: "Cuando llega la Navidad huelen las castañas". Y basta que alguien la vea entre el humo para escuchar "las calentitas, las bien tostadas", refiriéndose a las castañas.
Una tradición familiar que sigue viva día tras día
Macarena continúa un oficio heredado de su familia. Aunque hoy sea ella quien se encargue de todo, la licencia lleva a su nombre desde hace treinta años. Antes perteneció a su hermano, que con el tiempo dejó el negocio. Desde entonces ella lo mantiene con la ayuda diaria de su marido, que la acompaña en todas las tareas. El anafe es el elemento central del puesto, una olla tradicional que lleva horas encendida y que conserva el calor. La clientela incluye a niños, jóvenes, mayores y turistas que se detienen atraídos por el olor inconfundible.
Las castañas que vende proceden del Valle del Jerte, una elección basada en la calidad. Durante años compró producto de Huelva, pero no ofrecía los resultados esperados. Desde hace seis años el cambio al Valle del Jerte ha sido clave para garantizar un material "muy bueno", como ella misma destaca. La calidad es una prioridad para ella y lo explica así: “Para tener a la clientela contenta, siempre lo mejor”. Los cucuruchos de dos, tres y cinco euros son los más habituales, especialmente los dos tamaños mayores. Además, Macarena dispone de datáfono, algo único en los puestos de castañas. Un detalle que muchos agradecen y que facilita aún más la compra en pleno movimiento de la calle.
Un puesto que también forma parte de la vida cultural de la ciudad
El pequeño negocio de Macarena no solo está presente en la rutina diaria, también ha participado en eventos destacados. Uno de ellos fue la inauguración de la tienda Scalpers en la calle Tetuán en diciembre de 2023. Para la ocasión la marca decoró y personalizó el puesto de Macarena. Ella lo recuerda como una experiencia especial mientras nos enseña una foto del momento del evento.
Su presencia en la esquina de Tetuán con Rioja se ha convertido en un símbolo de autenticidad. En una época en la que las ciudades cambian a gran velocidad, su puesto representa lo que permanece. Un gesto cotidiano que une generaciones y que cada año vuelve a anunciar el inicio del invierno sevillano. Mientras las luces se encienden y el ritmo navideño crece, Macarena continúa allí, avivando las brasas y ofreciendo un cucurucho caliente que sabe a esa Navidad que está a la vuelta de la esquina.
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