La ciudad que cierra puertas y abre ventanas

Los almorávides construyeron las murallas que derribó la Revolución de 1868

La ciudad que cierra puertas y abre ventanas
La ciudad que cierra puertas y abre ventanas

Desde el cielo a Sevilla. Así se titula este libro con textos de Joaquín Cortés José y fotografías de José M. Salgado y así empezaba el texto introductorio del editor, Francisco Rodríguez Iglesias: “Desde el cielo. Es la única puerta desde la que se merece entrar en Sevilla”. Joaquín Cortés, que baila con las palabras desde su oficio de geógrafo, dedicaba este libro a unos familiares el 7 de abril de 2001. Cinco meses antes de que desde el cielo más infernal que se pueda imaginar derribaran dos de los símbolos de la ciudad de Nueva York, que tuvo su propia Giralda y da nombre a un muelle de Sevilla donde con un claro guiño neoyorquino dirige el tráfico de los galeones que fueron la Diana de Ricardo Suárez.

Los almorávides construyeron las murallas que derribó la Revolución de 1868

Se trataba del primer volumen de la colección Andalucía para Soñar editado por Publicaciones Comunitarias, del Grupo Hércules. Unas imágenes que, en palabras de Nicolás Salas, “conforman la perspectiva urbana más completa hasta ahora publicada, pues recupera la memoria gráfica de la ciudad heredada del siglo XIX, y las metamorfosis urbanas y arquitectónicas operadas en las tres épocas claves de la ciudad”. Se refería el ilustre periodista a las dos exposiciones capicúas de 1929 y 1992 y al tiempo de desarrollismo intermedio de la riada del Tamarguillo de noviembre de 1961. Como una medianera de tiempo, una catástrofe que sucedió 32 años después de la Exposición de Aníbal González y 31 años antes de la de Jacinto Pellón y Manuel Olivencia. La inundación no produjo ninguna víctima mortal. La tragedia vino después con la Operación Clavel al estrellarse la avioneta que cubría la campaña de solidaridad con las personas que lo habían perdido todo.

Este viaje a vista de pájaro empieza en la Ciudad Histórica con dos perspectivas del Casco Antiguo: desde las campanas de la Giralda y desde las almenas de la Torre de Don Fadrique. Sigue con los arrabales de Sevilla, que incluye paradas en Triana, Macarena, San Roque, la Calzada, San Bernardo y los Humeros. La modernidad está en el concepto Barriadas en alza y el punto de inflexión en el PGOU de 1987, paso del ecuador de los dos mandatos municipales de Manuel del Valle como alcalde de Sevilla, que abrió la ciudad en canal para preparar la Exposición Universal de 1992 y una década antes puso en marcha Cita en Sevilla, una oferta de espectáculos que no ha vuelto a verse superada.

Los dos brazos del río, el manso que surcan los cruceros turísticos y el bravo que fue castrado para evitar la rutina histórica de las inundaciones. El Archivo de Indias es la secuela documental de la ciudad que fue Puerto de Indias. Se ven los dos estadios antes de que contara con un tercero que nació con afanes olímpicos y acogió un Mundial de Atletismo. Sevilla es romana pero no es italiana. El sueño de Rojas-Marcos de un estadio donde jugaran los dos equipos no pasó de quimera. Ahora irán los béticos por el imperativo categórico de las obras. Los textos de Joaquín Cortés José acompañan el vértigo de las fotos aéreas de Salgado. Una historia que se detiene en los almorávides que trazan la muralla de la ciudad o en el sexenio revolucionario de 1868 que al margen de sus consecuencias políticas (entre otras el derrocamiento de la reina titular del puente de Triana) trajo la autonomía municipal y la abolición de la ley de Plazas Fortificadas con el consiguiente derribo de puertas y murallas que empezó en 1858 con la de la Barqueta.

El mirador de la Torre de Don Fadrique permite otra perspectiva, una torre medieval que se levanta en el jardín interior del Real Monasterio de Santa Clara. Es como un faro en torno de un mar simbólico, la laguna de la Alameda. Junto al Prado de San Sebastián, las dos incógnitas que no acaba de despejar el urbanismo de la ciudad con sus vaivenes demográficos y culturales.

Dos décadas después, la afirmación del geógrafo sigue igual de vigente: “La Alameda de Hércules es el espacio público más extenso del Casco Antiguo y funcionalmente el menos aprovechado”. Como ocurre con el río Guadalquivir. La calle Feria acoge semanalmente el Jueves, el mercadillo más antiguo de Europa, una calle por la que pasan las líneas 13 y 14 de Tussam anunciando la vinculación de las dos Sevillas con los rótulos respectivos de sus destinos: Pino Montano y Polígono Norte.

La Sevilla de la Exposición Iberoamericana, cuya inauguración sufrió retrasos por motivos diversos: el asesinato de Canalejas en 1912, la Primera Guerra Mundial 1914-1918, el asesinato de Eduardo Dato en 1921..., ofreció dos nuevos sectores: uno delimitado por el trazado del ferrocarril a Cádiz, al oeste por el canal de Alfonso XIII, y al sur por el antiguo muro de defensa; y un segundo sector que se extendía por el Distrito Este (Marqués de Nervión, Ciudad Jardín, Amate y Cerro del Águila), que no tuvo una relación directa con el certamen, pero propició una nueva expansión de la ciudad. Simbólicamente, Sevilla cerraba puertas y abría ventanas.

Hay retos del siglo XXI que ya se apuntaban a comienzos del siglo XX: el moderado crecimiento demográfico iba acompañado de “la ocupación de los espacios periurbanos al otro lado de la ronda protagonizada por los establecimientos industriales que buscaban la proximidad del ferrocarril”. El tiempo de los barcos había dado paso al tiempo de los trenes.

Joaquín Cortés José coordinó al equipo multidisciplinar que hizo el Diccionario Histórico de las Calles de Sevilla que en sus diversas áreas dirigieron Antonio Collantes de Terán, Josefina Cruz Villalón, Rogelio Reyes Cano y Salvador Rodríguez Becerra y que fue editado en 1993 por la Consejería de Obras Públicas y Transportes y el Ayuntamiento de Sevilla.

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