Religión · Los Días en las Diócesis y la preparación para la JMJ

De la clausura a la devoción

  • Un grupo de peregrinos brasileños visitó ayer los conventos del Socorro y de Santa Paula antes de rezar el 'Adoremus' en el Gran Poder · El arzobispo Asenjo inauguró por la mañana el 'Festival de las vocaciones'

Una marea de peregrinos inundó ayer todos los rincones de Sevilla. Era fácil distinguirlos por sus llamativas camisetas de colores y las banderas de sus países, que enarbolaban como si se tratara de pequeños consulados, eso sí, de fe. Tras la llegada a la ciudad durante todo el día del jueves, y la madrugada del viernes (como los canadienses que llegaron cerca de las dos de la mañana), en la jornada de ayer empezaron a empaparse de la historia, la cultura, el arte y la religiosidad sevillana. Era el día dedicado a la parroquia. Por la mañana, los jóvenes recorrieron diferentes rutas culturales que les llevaron a conocer desde la intimidad de algunos claustros a la popularidad y el fervor desbordado que se profesa al Señor del Gran Poder en San Lorenzo.

A las 11:00, un grupo de brasileños del arciprestazgo de San Bernardo estaban citados en la Plaza de San Marcos. Allí los esperaban Consuelo Barrón y Manuel Iglesias, un matrimonio de voluntarios que, además, tienen acogidas en su casa a dos argentinas. Un cartel pegado en la pared de la iglesia llama la atención de los curiosos: ruta 9. Los jóvenes brasileños van a visitar los conventos de Nuestra Señora del Socorro y Santa Paula.

Por la desembocadura de la calle San Luis aparece un grupo de peregrinos. "Esos son". Pero no. No se trataba de los brasileños, sino de un grupo de estadounidenses y canadienses que estaban visitando las iglesias mudéjares de la zona. La ruta 5. El grupo, después de entrar en San Marcos buscó San Juan de la Palma por calle Castellar.

Van a dar las 11:45. "¿Dónde se habrán metido?". "Han llamado para decir que el final vienen menos". De pronto aparece un joven voluntario de la ruta 5 para tranquilizar al matrimonio: "Ya vienen por ahí. Se habían ido a San Juan de la Palma". Los brasileños, al fin, asoman inconfundibles por Castellar: banderas de la canarinha, rostros morenos, muchas chanclas y algún que otro instrumento propio del país suramericano. Con ellos viene María Isabel, una religiosa del Instituto Catequista Dolores Sopeña, como responsable de la expedición.

El tiempo apremia. Hay apenas media hora para la visita a cada cenobio. La primera parada es el del Socorro. Allí les espera Sor Inmaculada para explicarles la historia del edificio y el carisma de sus religiosas de la orden de la Inmaculada Concepción. El grupo escucha la charla en los bancos de la iglesia: "El convento lo funda en 1522 doña Juana de Ayala, una persona muy vinculada a la historia de Sevilla porque su tío era el cardenal Cervantes". La traducción corre a cargo de la hermana Lili, una joven que viene con el grupo. La charla se alarga más de la cuenta. Tras algunas fotografías los jóvenes pasan al coro bajo y al claustro, en el que despiden a la amable religiosa con una canción. Salen encantados.

"Son un grupo magnífico, muy divertido, con muchas ganas de ver cosas y que rebosa religiosidad. En el autobús van siempre cantando", explica María Isabel mientras la comitiva pone rumbo a Santa Paula. "No tenemos mucho tiempo. A la una y cuarto tenemos que estar en los Seises para comer y antes hay que ir al Gran Poder", apremia a los jóvenes.

La visita a Santa Paula es fugaz. No hay tiempo para visitar la preciosa iglesia y los jardines. Sólo el museo, que tampoco está mal. "Muy precioso el monasterio", le dice uno de los jóvenes a una de las religiosas antes de salir. Antes de seguir la ruta, se despiden muy cariñosamente de Manuel y Consuelo, el matrimonio que tan amablemente los ha acompañado. A ellos les esperan hoy otros tres grupos para la misma visita. Siguiente parada: el Señor de Sevilla.

La hora se echa encima. Hay que ir por el camino más corto: San Marcos, Castellar, Saavedra, Morgado, Delgado, Conde de Barajas y San Lorenzo. "Olé, olé, olé, olé, olé..." El grupo entona (o lo intenta) la salve rociera en la calle Castellar ante el asombro de los viandantes. "Se la enseñamos ayer y se han quedado con la copla. Bueno. Más o menos", bromea María Isabel.

Los brasileños de este grupo pertenecen a tres departamentos: Paraná, Santa Catalina y Río Grande del Sur. Se han conocido durante su viaje. "Nos han acogido muy bien en Sevilla. Las rutas culturales, turística y religiosas son muy buenas. Es una ciudad muy distinta a lo que los chicos están acostumbrados. Lo que más les gusta es la religiosidad popular de los sevillanos", explica la hermana Lili. Los brasileños se alojan en el Oscus del Polígono de San Pablo. El calendario que tienen es apretado. Por la tarde, después de pasar un rato de asueto en la piscina de San Pablo, tienen que preparar una misa brasileña (el jueves fue la andaluza). Por la noche van a conocer el barrio de Nervión.

El jueves por la tarde estuvieron viendo a la Esperanza Macarena en su basílica. Después fueron al Gran Poder, pero estaba cerrado. Ayer tuvieron más suerte. Los peregrinos llegan a San Lorenzo. El sol golpea con fuerza. Hay gran agitación en la plaza. Dos voluntarias esperan a las puertas de la basílica. Un cartel anuncia que durante toda la mañana allí se están rezando los Adoremus, una oración que se hace tras cada ruta.

Una señora, devota del Señor, les dedica una improvisada bienvenida: "El Gran Poder es una imagen devotísima...". Por Cardenal Spínola aparece la delegación coreana con sus camisetas rosas. Al frente viene María Alegre, una joven voluntaria de Pastoral Juvenil: "Vengo de estar en el Alcázar con otros grupos".

El ritmo de la mañana es frenético. Los grupos se mezclan para el Adoremus antes de dirigirse al almuerzo de los Seises.

Mientras estos jóvenes visitaban los conventos, el arzobispo Asenjo recibió en el Patio de los Naranjos de la Catedral a muchos de los jóvenes que están viviendo en Sevilla los Días en las Diócesis. El prelado inauguró el Festival de las Vocaciones, en el que distintos movimientos religiosos y congregaciones de vida activa disponen de un puesto informativo en el que explican el carisma de su movimiento y contestan a todas las preguntas que les puedan hacer.

Por la tarde, los peregrinos realizaron un vía crucis desde la Casa de Pilatos hasta la Colegial del Salvador rezando las estaciones en diferentes iglesias durante el recorrido. Tras la eucaristía en el Salvador, los jóvenes disfrutaron de una cena y una agradable velada en el patio de los naranjos del Salvador.

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