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Las cobayas del calendario juliano

  • Vivencias. Emotivo reencuentro del centenar largo de alumnos y algunos profesores de la primera promoción de las Filologías, licenciados en la Universidad hace cuarenta años

De Carrero a la Constitución. El curso 1973-74 desaparecieron los estudios de Geografía e Historia, pero las primeras promociones de Filología se dieron un buen baño de Historia. Se licenciaron en 1978 y el sábado se juntaron para apagar las cuarenta velas de su llegada a puerto. Se dieron cita 120 antiguos alumnos y una docena de profesores, dos por cada una de las cuatro especialidades: Clásicas, Románicas, Hispánicas y Anglogermánicas. La cita fue en el Aula 103 de Filología, ahora llamada Agustín García Calvo, como el profesor que había pasado por Sevilla antes de ser expulsado con Tierno y Aranguren de su cátedra.

Una jornada festiva en la que reconocieron a los profesores fallecidos, a los 13 compañeros que ya no están. Una promoción que encontró trabajo muy pronto, muy bien formada, y eso que tuvo que superar el hándicap de vivir en sus comienzos dos de los cursos más breves de la historia universitaria española. Es la promoción del calendario juliano, la chusca inmortalidad de un ministro de Educación llamado Julio Rodríguez al que hoy sacarían bajo palio por su afición a las ocurrencias: decidió que el calendario académico debía coincidir con el natural porque eso redundaba en la calidad de la enseñanza y no penalizaba el disfrute veraniego de los peores alumnos.

"La verdadera razón era económica", dice Juan Manuel Infante, "ese curso entramos en las Universidades cien mil estudiantes nuevos". El boom demográfico y la crisis del petróleo dejaron al Gobierno sin presupuesto para ese incremento. El curso empezó en enero, pero el ministro fue relevado por Carlos Arias Navarro, que sustituyó a Carrero Blanco en la presidencia del Gobierno cuando éste fue asesinado el 20 de diciembre de 1973.

El primer curso duró seis meses. En febrero de 1975, la Facultad cerró tres meses "por las protestas estudiantiles y las revueltas sociales", recuerda Infante, compañero de promoción de Carmelo Guillén Acosta, Miguel Cruz Giráldez, José María Barrera o Rosalía Gómez, crítica de teatro de este periódico.

El atentado de Carrero, la muerte de Franco, las primeras elecciones democráticas. Todo lo vivieron en las aulas. En la mesa, un traductor del Ulises, Francisco García Tortosa; un premio Goncourt, Jean Paul Goujon; un agitador de vocaciones, Rogelio Reyes, y Rodríguez Pantoja, que les dio Latín Vulgar. También estuvieron Pedro Carbonero, Pilar Marín o Enrique Ramos. El vicedecano Víctor Borrero estuvo entre bastidores. Hubo recuerdo de otros maestros: Vidal Lamíquiz, Antonio Garnica, Juan Collantes de Terán, que los llevaba a cenar con Sabato o Vargas Llosa...

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