Sevilla

Vuelven las colas a la Cartuja para vacunarse del Covid en Sevilla

La cola en el estadio de la Cartuja le da dos vueltas al coliseo.

La cola en el estadio de la Cartuja le da dos vueltas al coliseo. / M. G.

Para los sevillanos que tienen ya una edad (es decir, los que ahora se están vacunando contra el covid-19) la Cartuja siempre será un lugar de colas. Muchos pasaron buena parte de la primavera y el verano de 1992 esperando para entrar en algunos de los pabellones más concurridos de la Expo 92. Dicen que el de Canadá tenía el récord con más de siete horas de espera. Tenía un enorme cine y una sala de juegos. El de Mónaco, con su impresionante acuario, no le iba a la zaga. También había que esperar bastante para ver el iceberg que mostraba la sede de Chile. Y, si uno quería conseguir entradas para las películas del pabellón de España o del de Fujitsu, con aquellas enormes gafas 3D, había que ir a primera hora y salir corriendo para conseguir alguno de los pases de la jornada.

Cuando un sevillano cuarentón pisa la Cartuja, le vienen a la cabeza aquellas colas de su infancia o ya preadolescencia, conociendo el mundo entero en su ciudad en una época en la que internet era una quimera. Hoy, esos sevillanos que nacieron a finales de los setenta y principios de los ochenta vuelven a ponerse en una cola en la isla de la Cartuja.

Esta vez lo hacen para vacunarse. Y da igual que tengan cita a una hora que cuando lleguen al mal llamado estadio olímpico, se encontrarán con una cola que le da la vuelta al coliseo. Hay quien se dirige a algún voluntario y pregunta que tiene la cita justo en unos minutos, que si tiene que esperar toda la cola. “La hora de la cita importa poco o nada”, le responderá el voluntario. Y el ya no joven sevillano tendrá que ponerse en una cola como las de su infancia.

Los usuarios no respetan las citas

Las filas de personas para vacunarse le han dado dos vueltas al estadio en los últimos días. Se están poniendo unas diez mil vacunas cada día en este recinto. Y dentro la organización es impecable. Pero fuera, quizás se debería respetar la hora de la cita. Porque no es normal que una persona que tenga cita a las 9:30 termine poniéndose la vacuna pasadas las 11:00. Al menos la cola avanza a buen ritmo y en dos horas está uno fuera. Este lunes la cosa se complica por un problema informático, se ha caído el sistema Diraya y ha habido lentitud para registrar vacunas.

Mientras, un señor con megáfono informa de que no podrán entrar por la mañana los que tengan cita por la tarde. Pero en la cola se mezclan los de la primera dosis con la segunda. Se crea un pequeño mercado. La cafetería del estadio está a rebosar, un cuponero de la ONCE no para de vender y los gorrillas campan a sus anchas por las explanadas cercanas. 

Ese frenético ritmo de vacunación es quizás la clave de que los contagios hayan bajado en los últimos días, aunque hay que tener en cuenta que los últimos datos corresponden a un domingo, día en que se hacen menos pruebas. La Junta notificó ayer 275 nuevos positivos, la cifra más baja desde el lunes de la semana pasada. Sólo hubo una persona que precisó hospitalización, no hubo ninguna muerte y 592 sevillanos superaron la enfermedad.

Los datos permiten un cierto optimismo. La incidencia acumulada del covid en la provincia de Sevilla baja ya de los 200 casos por cien mil habitantes. A pesar de ello, sigue habiendo municipios con la tasa disparada. Es el caso de Herrera y Cantillana, que siguen superando el millar de casos de covid por cada cien mil habitantes. Con esos índices, la Junta ha decretado el cierre perimetral de ambas localidades, una medida que ha contado con el aval judicial. Son las únicas poblaciones andaluzas de más de 5.000 habitantes que rebasan esta cifra a día de hoy.

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