Metrópolis | Calle Santiago

Donde conviven el Corral del Conde y el Palacio del Marqués

  • Travesía. Este camino de Santiago va de Santa Catalina al Muro de los Navarros. Un rey moro y un almirante de Indias están unidos a sendos hoteles de cinco estrellas. La calle tiene el que fue el corral más grande de Sevilla, el del Conde.

Un grupo de turistas pasean junto al antiguo Corral del Conde. Un grupo de turistas pasean junto al antiguo Corral del Conde.

Un grupo de turistas pasean junto al antiguo Corral del Conde. / Juan Carlos Vázquez

CORUÑA tiene su torre de Hércules y Santiago, la calle Santiago, la de Santa Catalina, como la iglesia que permaneció durante quince años cerrada al culto. Un mirador privilegiado para contemplar, de la mano de Fernando Gabardón de la Banda, nacido el 7 de noviembre de 1967 en el número 4 de la calle Santiago, fenómenos dignos de mirar y de admirar. Es la zona donde se unen una Sevilla moderna y otra antigua; los yacimientos de Leonardo de Figueroa mientras hacía la Capilla Sacramental dieron con la muralla que acreditó que hasta este punto llegaba la ciudad romana y califal que la Sevilla almohade extiende hasta la Puerta Osario. Se ven diálogos entre edificios antiguos, como la linterna de la Anunciación, obra de Van der Borcht, el constructor de la Fábrica de Tabacos, con la torre de Pelli o las Setas de Maier.

Las casas 2 y 4 de Juan de Mesa, perpendicular a Santiago, son obras de Espiau. El arquitecto que con Juan Talavera hijo –su padre vivía en los Escolapios– van a salvar este entorno monumental. “La idea de la Revolución de 1868 era derribar o vender Santa Catalina, como con San Esteban, aunque al final se evitó”.Este camino de Santiago va de Santa Catalina al muro de los Navarros. Una vía interior y riquísima en patrimonio que coincide en el tramo de Puerta Osario a Puerta Carmona. El tráfico cambió con los tiempos. Cuando funcionaba la Alhóndiga, que da nombre a la calle donde estuvo el cine Santa Catalina de verano, había un continuo trasiego de carruajes. Hoy el tráfico rodado es permanente, pero moderado, debido a la alta capacidad hotelera de los nuevos usos de la calle.

Hoteles con historia. El número 15 de la calle conserva el patio y las fuentes. La iglesia de Santiago es el edificio nuclear de la plaza Jesús de la Redención. Un templo del que sale el Lunes Santo una cofradía con tres nombres: Redención, Beso de Judas, el preferido por el vulgo, y Rocío, nombre que le llevó en 1963 a hacer a la hermandad matriz de Almonte hermana mayor honoraria. La iglesia la remata la espadaña y una veleta con Santiago Apóstol a caballo y un moro a sus pies.

En esta plazuela, además de la casa de la duquesa de Osuna, hay dos hoteles unidos a dos personas con enjundia. Los dos están a tope por el MTV. La música como nueva religión, como acredita la señal de tráfico de prohibido aparcar junto a la iglesia. Debajo del Excepto Servicios Religiosos, una salvedad temporal: Excepto vehículos acreditados MTV.

El hotel Casas del Rey de Baeza fue un corral de vecinos y debe su nombre a Al-Bayyasí, rey unido a esa localidad de Jaén donde Machado fue profesor de Francés y al que recompensó Fernando III con algunas propiedades por su ayuda en la Reconquista. Patricia Carrero cuenta que el hotel combina los elementos rústicos con los minimalistas, los materiales autóctonos –cal, teja, albero– con pies de cama de madera de Indonesia. Los patios y galerías están inspirados en los del Corral del Conde. En tiempos perteneció a Rafael Medina, duque de Feria.

En 1868 la calle Santiago se llamó durante un corto periodo de tiempo López Pintado, en homenaje al que fuera cargador de Indias, almirante de la Flota con América, caballero de la orden de Santiago y marqués de Villapanés. Título que da nombre al palacio convertido en hotel de cinco estrellas. La biografía de este singular personaje, que trabajó para el último de los Austrias (Carlos II) y el primero de los Borbones (Felipe V) la escribió uno de sus descendientes, Hugo O’Donnell. El patio palaciego del hotel muestra una exposición de fotos de Antonio Bellido.

El establecimiento turístico más antiguo de la calle es el Corral del Conde. Declarado monumento nacional, en la actualidad es un Resort urbano con un total de 77 apartamentos en torno a la estructura tradicional. Según el vecino de una de las pocas casas que mantienen su condición tradicional, “sólo quedan un par de vecinos que no están en régimen de pisos turísticos”. Sólo se puede visitar los miércoles de diez a dos. En el Corral del Conde –dicen que el dueño era el Conde-Duque de Olivares– vivían “sobre cuatro mil personas”, dice González de León en su Noticia Histórica del origen de los nombres de las calles. “Quizá ningún patio haya gozado del fasto y esplendor del Corral del Conde, convertido a veces en coso taurino y embellecido con flores, ramas y colgaduras o mantones de Manila en las Cruces de Mayo...”, dice Francisco Morales Padrón en su ensayo sobre los corrales de vecinos. Este corral sale en el Manual para viajeros de Richard Ford.

Dice Gabardón que esta calle está llena de rincones para una guía secreta de la ciudad. Uno de ellos sería el claustro del antiguo convento Nuestra Señora de los Reyes, que antes fue cárcel de la Inquisición y desde 1992 sede de la Consejería de Obras Públicas. Conserva el árbol, la acequia y el gato que se despereza.Una calle que cada Semana Santa homenajea a Castillo Lastrucci, que pasa poderoso con el Pilatos de San Benito cada Martes Santo y nace en esta calle en el Beso de Judas de los Lunes Santo. Donde Santiago muere en el Muro de los Navarros y resucita en Guadalupe y Juan de la Encina hay una esquina, un cuadrilátero de calles que Gabardón siempre recuerda lleno de gente “esperando a Pilatos”. Por esa espera mágica, un nuevo espacio hotelero habrá elegido como nombre Posada Pilatos.

Es el Guermantes sevillano de este historiador de las cosas de la ciudad. En esa misma esquina unos pasos le llevan al comienzo de la calle Santiago, donde vivieron su abuela Amparo, profesora de Música, y su abuelo José de la Banda, el padre del académico. Si fueran por Juan de la Encina le llevarían a sus abuelos paternos, al almacén de carbón que regentaban y la casa de su padre junto a una vivienda que hoy es casa-hermandad de San Esteban.

En una casa de Santiago estaba la juguetería Barreiro. En otra se han sucedido con amor al arte y disciplina del trabajo cuatro generaciones de joyeros. Alberto Gala Espino trabaja en la mesa que fue de su bisabuelo. Alberto Gala Castro en la que fue de su suegro. Concha Espino, esposa y madre de Albertos, cataliza a esta familia, esta casa donde funcionan el bombo de pulir y la máquina de sacar cera. Del taller salieron los cascos de los carráncanos de la catedral, medallas y el llamador para el Beso de Judas, la bocina del Cristo de Burgos, amén de encargos civiles. Está la caja fuerte que el padre de Concha compró por 500 pesetas. “Todo lo que hay aquí está porque funciona”, dice su hijo Alberto, “lo antiguo nunca se avería”.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios