• Enfermeros, médicos, celadores y TCAE de la planta de Enfermedad Infecciosas del Virgen del Rocío relatan cómo afrontan esta segunda ola más virulenta y más larga y explican cómo la enfermedad se agrava en la angustia del aislamiento

La lucha del personal sanitario contra el coronavirus

Cercanía en la soledad de la planta Covid

Imagen de grupo de los profesionales de la planta de Enfermedades Infecciosas. Imagen de grupo de los profesionales de la planta de Enfermedades Infecciosas.

Imagen de grupo de los profesionales de la planta de Enfermedades Infecciosas.

H. V. V. R.

Eso de que más vale malo conocido aporta poco consuelo en la era covid. Sin embargo, en esta segunda ola, que se presenta más virulenta y larga que la primera, al menos los sanitarios le ponen cara al enemigo. Se acerca el invierno y los hospitales hacen malabares para poder seguir dando cobertura a la tormenta asistencial que ha generado esta nueva enfermedad, sin descuidar el resto de patologías que cada año con el frío los pone al límite. Una situación intensa, incesante e incluso desesperante intensificada por un patógeno con un poder de contagio asombroso, que circula por el aire y que no da síntomas en la mayoría de los casos, haciéndose indetectable hasta que ha invadido al huésped. Una pesadilla de película hecha realidad. 

El interior del Hospital Virgen del Rocío late con un deje de preocupación. Entre los profesionales, las mascarillas se han convertido en el principal complemento de la clásica bata blanca como antes lo era el fonendo. Las primeras plantas del hospital intentan mantener la tranquilidad. Los gestores del centro hospitalario decidieron allá por el mes de marzo intentar aislar al virus en la sexta planta, la de Enfermedades Infecciosas. Hoy son cuatro plantas más las destinadas a la lucha contra este complicado patógeno y cientos de profesionales los dedicados a una batalla para la que parece no haber fin. Diario de Sevilla ha hablado con algunos de los sanitarios que suman ya ocho meses de intenso trabajo en las plantas Covid del Virgen del Rocío para saber de primera mano en qué momento se encuentra la pandemia en el centro sevillano y, por supuesto, cómo afrontan esta nueva fase de la crisis. 

Los profesionales destacan conocer mejor el virus, pero estar más cansados y angustiados

"El personal está más agotado que al principio tanto física como psicológicamente. La presión asistencial es mayor, y además no le vemos el final a esta situación. Cada día nos preguntamos hasta cuándo podremos resistir", afirma María José Delgado, como enfermera que ocho meses después sigue al pie del cañón en la zona cero del Covid en el centro. Los casos han ido aumentando considerablemente y por ende su trabajo se ha ido intensificando día tras día. "La sensación que nos queda en el día a día es de angustia e impotencia. Vemos como los casos se disparan y los pacientes se ponen muy malitos en cuestión de segundos. Sentimos impotencia porque, además de profesionales de la salud somos humanos, y vemos el sufrimiento de dichos pacientes que afrontan esta situación sin sus familiares y con unos profesionales con un elevado volumen de enfermos por atender; pero también un sufrimiento que nos acabamos llevando a casa porque es imposible desconectar de esta dura situación", reconoce. Una sensación que su compañero de trabajo en esta planta, el celador David Fernández, califica de "agridulce". "Puedo asegurar que es el trabajo más duro que jamás he hecho, he visto compañeros caer al suelo sin sentido por deshidratación, a otros venirse abajo con un llanto inconsolable y no poder abrazarles, todos nuestros rostros deformados por las mascarillas y gafas, y aún peor, he visto a mis padres llorando por su hijo sabedores del sacrificio realizado", añade.

La médico especialista en Enfermedades Infecciosas, Julia Praena. La médico especialista en Enfermedades Infecciosas, Julia Praena.

La médico especialista en Enfermedades Infecciosas, Julia Praena. / H. U. V. R.

Julia Praena, es médico especialista en Enfermedades Infecciosas y reconoce que, pese al cansancio con el que los profesionales han llegado a esta segunda ola, la forma de afrontar la situación y la organización han sido clave para "recargar pilas" y hacer que este momento se viva "con optimismo y fuerza". "Hemos empezado a ver una reducción de los pacientes que son ingresados diariamente y podemos decir que comenzamos a ver luz a este segunda ola. La atención a los pacientes con Covid-19 en este periodo ha requerido una respuesta del hospital de forma organizada y, además, se han unido al equipo Covid médicos y cirujanos voluntarios de prácticamente todos los servicios. Esto ha permitido dar respuesta a los pacientes y a la vez generar unos equipos de trabajo multidisciplinares maravillosos generando una forma de trabajar que creo que antes no se había dado nunca en el centro. Trabajar con profesionales tan distintos unidos por la vocación y generosidad ha sido sin duda uno de los motivos por los que afronto esta segunda ola con energía a pesar de lo vivido desde el mes de febrero", subraya.

Los profesionales que desarrollan su trabajo en las plantas dedicadas a la atención del coronavirus reconocen abiertamente haber sido sorprendidos por la dimensión que ha cobrado la enfermedad en tan poco tiempo. David Fernández asegura haber entrado en "shock" cuando, tras incorporarse en septiembre de las vacaciones, en las que reconoce consiguió hacer una vida "casi normal", comprobó que en el hospital todo volvía a ser como antes, "incluso peor". "Me encontré una planta completamente llena y la de en frente a punto de llenarse. Fue cuando me vine abajo, entre en shock al saber que todo volvía a ser como antes, incluso peor, porque sabíamos que no iba a ser cosa de tres meses", afirma. Por su parte, María Dolores Gutiérrez, que es técnico de cuidados auxiliares de Enfermería (TCAE), destaca la "preocupación" que le invade al ver cómo "la ciudadanía no es consciente de que hay que acatar al máximo las medidas de seguridad". "A veces deseo que la gente pudiera visualizar lo que ocurre en cualquier planta de Covid y así entendieran la gravedad de la enfermedad y que estamos desbordados de trabajo", manifiesta.

Y es que, en principio, parecía que esta segunda ola iba a ser más benigna, pero fue sólo una ilusión e incluso, en el caso de la unidad de Enfermedades Infecciosas del Virgen del Rocío, un espejismo. "Aunque en verano hubo un descenso y casi desaparición de casos de Covid, en el hospital tuvimos que hacer frente a un brote de meningoencefalitis por virus de la Fiebre del Nilo en la provincia. Realmente cogimos aire en cuando al Covid, pero seguimos con mucha presión en urgencias, y el hospital en general, por esta otra enfermedad infecciosa", señala la especialista Julia Praena. "Fue muy duro ver cómo se iban llenando cada vez más plantas y cómo se habilitaban aquellas que en marzo sólo se habían quedado preparadas por si fuesen necesarias", añade la enfermera Delgado.

El celador David Fernández en el interior de una de las habitaciones. El celador David Fernández en el interior de una de las habitaciones.

El celador David Fernández en el interior de una de las habitaciones. / H. U. V. R.

En cuanto a la lucha contra el virus, los profesionales reconocen las ventajas de conocer mejor la enfermedad e incluso aquellas medidas más eficaces para evitar su contagio. "En esta segunda ola hay evidencia científica de calidad sobre qué tratamientos funcionan y cuales no", afirma la doctora Praena. "Eso también nos ha ayudado a evitar contagios entre el personal del hospital", apunta la técnico auxiliar María Dolores Gutiérrez.

Los sanitarios, reconocen igualmente que hay muchos pacientes que llegan bastante graves. En la mayoría de los casos los enfermos ingresan por neumonía grave que es la principal complicación de este virus. "Por lo general son pacientes que requieren de mucha atención y vigilancia por parte de todo el personal sanitario. Hay que tener mucho cuidado de que el oxígeno les llegue bien pues pueden precisar de cuidados más específicos", describe la enfermera y destaca las diferencias entre los enfermos de más edad, "que suelen llegar desorientados o se desorientan por el hecho de estar hospitalizados y que se quitan constantemente el oxígeno por lo que requieren una mayor atención", y los pacientes más jóvenes para los que, asegura, "el simple hecho de levantarse al baño les supone un gran sobresfuerzo". "Hay quien se queda extrañado por tener que quedarse ingresado, unos se muestran muy asustados e incluso otros, enfadados", advierte el celador David Fernández que señala que "hay mucha variedad dependiendo de sus edades y del grado de complicación en la enfermedad".

El coronavirus trae contagios, complicaciones, muerte, pero también, mucha soledad, sobre todo, en las personas mayores, que son el colectivo más frágil a esta enfermedad y a la separación de sus seres queridos. Una situación que supone un plus de sensibilidad al personal sanitario que cada día se enfrenta en primera línea de lucha contra el virus y, quizás, una de las parte más dura de esta batalla diaria. "Es una cuestión que personalmente llevo muy mal. Es un tema que me parte el corazón. Son personas enfermas, que se encuentran muy mal en algunos casos y encima tienen que estar solos. Es muy doloroso para mí", señala la TCAE.

Para la doctora Julia Praena se trata de "una de las partes más duras de esta pandemia". La facultativa destaca que los paciente autónomos contactan con sus seres queridos por videollamadas y teléfono, pero que son las personas mayores y dependientes las que más sufren la soledad y los efectos del aislamiento. "El personal sanitario ha aprendido a compensar la ausencia de familiares e intentamos garantizar el acompañamiento en momentos especiales como es el final de la vida y en situaciones excepcionales primando siempre la seguridad de las visitas".

"Es muy difícil saber que somos el único contacto real que tienen con otras personas, pero somos conscientes de que ni siquiera saben cómo son nuestras caras y eso es duro. Hay pacientes que no tienen cómo distraerse, porque no pueden ver la televisión, o llegaron sin el cargador del móvil, o no conocen su pin, o simplemente les cogió sin nada cuando ingresaron. Hay otros que, incluso teniendo algo para distraerse, no pueden por la situación tan ansiosa por la que pasan", señala el celador David Fernández.

"Cuando tenemos que entrar en las habitaciones les damos conversación de las cosas que les gustan, de las zonas donde viven o de los eventos de la prensa. Tratamos que se sientan arropados. Recuerdo una señora que llegó muy enfadada y que no pude congeniar con ella. Cuando volví a entrar en posteriores ocasiones, me presenté ante ella como otra persona, aprovechando que somos casi irreconocibles, y se puso a ponerme verde a mí mismo. Cada vez que entraba la señora se alegraba de ver a mi alter ego y criticaba a ese supuesto celador que la atendió por primera vez, sin saber que en realidad era de mí de quien hablaba. Es muchos mejor atender y curar a un paciente sonriente que a uno enfadado", recuerda emocionado.

Sobre el final de esta larga batalla, los profesionales difieren en sus opiniones. Mientras la doctora Praena, aunque "lejos de una situación ideal", empieza a ver "un halo de esperanza" por la reducción de ingresos y la auxiliar Gutiérrez asegura salir cada día del hospital con la "esperanza de seguir avanzando" en la lucha contra el covid, para la enfermera Delgado, la presión asistencial actual, hace que, a día de hoy, siga "sin ver el final a esta situación".

Por contra, todos coinciden en elogiar la capacidad de adaptación del hospital a las nuevas necesidades asistenciales, con casi el doble de enfermos ingresados respecto a la pasada primavera, y, todo ello, en un tiempo récord. No obstante, destacan como esta situación mantenida en el tiempo puede llevar a que, en palabras de la doctora Praena, "claudique el sistema sanitario con un perjuicio importante para los pacientes con Covid y sin Covid". "Todos vamos a trabajar con ganas de ayudar, tanto yo como la mayor parte de mis compañeros elegimos esta profesión por vocación y haremos todo lo que esté en nuestra mano para solventar los problemas que puedan surgir", agrega otra de las profesionales.

La enfermera María José Delgado. La enfermera María José Delgado.

La enfermera María José Delgado. / H. V. V. R.

En este punto, los sanitarios advierten de la importancia de cumplir las medidas de seguridad para no llevar al sistema sanitario a situaciones extremas en los próximos meses. "Nadie se esperaba tener una segunda oleada tan grande y nadie se esperaba que esta hubiera una segunda etapa que superase a la de primavera, pero la realidad es que hemos llegado a tener casi el doble de pacientes Covid. Si la población no hace lo lógico en estos casos, salir sólo lo indispensable, usar mascarilla y mantener el distanciamiento, seguirá creciendo el número de enfermos y se tendrán que suspender especialidades para dedicarlas a pacientes infectados", advierte el celador. 

Más dura se muestra la enfermera Delgado que tiene la sensación de que "la ciudadanía ha perdido el miedo al virus desde el momento que se levantó el estado de alarma". "Todos hemos visto como gran parte de la población no ha respetado las medidas de seguridad y han visto los efectos del virus como algo ajeno porque no les ha tocado vivirlo en sus propias carnes. El virus tenemos que pararlo entre todos. Hay que ser consciente de que las personas que se contagian lo pasan realmente mal, que deja bastantes secuelas y que el personal sanitario sólo hace su trabajo, pero ¿en qué condiciones?", apostilla.

Para la especialista en Enfermedades Infecciosas, Julia Praena, es frustrante ver personas que cuando se les llama para darles el resultado de la PCR "no están haciendo cuarentena o a pesar de tener síntomas siguen haciendo vida normal. Esto hay que cambiarlo", concluye.

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