“Decía que su madre era un guardia civil vestido de paisano”

Athenaica reedita cincuenta años después el libro que José Luis Ortiz Nuevo escribió sobre Pepe el de la Matrona (1887-1980), un cantaor libre e inclasificable

El bosque no dejaba ver los árboles

Francis Mármol, Manuel Romero, Pedro Barragán, Ortiz Nuevo y Pisco Lira.
Francis Mármol, Manuel Romero, Pedro Barragán, Ortiz Nuevo y Pisco Lira. / Redacción Sevilla

Pepe es la Matrona, puro cordón umbilical. “Todo está en su madre, en doña Manolita, de la que decía que era un guardia civil vestido de paisano”. José Luis Ortiz Nuevo (Archidona, 1948) ha vuelto a encontrarse medio siglo después con la figura de José Núñez Meléndez, credenciales burocráticas de Pepe el de la Matrona (Sevilla, 1887-Madrid, 1980). “Ahora yo tengo su edad, el viejo soy yo”. Athenaica, que ya reeditó Pepe el de la Matrona. Recuerdos de un cantaor sevillano en 2016, ha aprovechado estas bodas de oro de esta joya bibliográfica para presentar una versión revisada y ampliada.

La primera data de 1975, el gozne entre la muerte de Franco y los albores de la democracia. La editó Demófilo, con un editor, Andrés Raya, de la población cordobesa de Fernán Núñez, y una distribución que nació en Puente Genil. Este membrillo de cantes forma parte de la trilogía que Ortiz Nuevo realizó también con sus acercamientos a Pericón de Cádiz y Tía Anica la Piriñaca. “A mí, como a Pepe el de la Matrona, siempre me gustó aprender de los mayores, ahora resulta que el viejo soy yo”.

Lo presentó un sábado de muchas bodas en La Carbonería. Con Francis Mármol de introductor literario, Pedro Barragán a la guitarra y Manuel Romero al cante, con el propio poeta soltándose la coleta con bailecitos y algunas cantiñas de sus romances de ciego. Una historia en la que eligió la primera persona, como en la mística o la picaresca, “poniendo a la persona por delante del personaje”, en palabras de Francis Mármol.

Morente, Menese y Lunar

Es mucho más que una biografía al uso. A Pepe el de la Matrona lo conoce “poco después de conocer a Enrique Morente” y los ve a los dos cantando, además de a José Menese y la guitarra de Perico el del Lunar, en la Porra de Archidona a finales de los sesenta. No quiso hacer un libro técnico de flamencólogo. Su personaje o su persona hubiera roto esas riendas. “Ese planteamiento me resultaba sumamente aburrido, quería huir de lo doctrinario, de los clasificatorio”.

Pepe el de la Matrona nace el 4 de julio de 1887 en Sevilla. El mismo año que el Tuerto de Cádiz y Bernardo de los Lobitos. También el año que nace en Palencia el sevillano adoptivo Ramón Carande, que no cantaba pero que como el hijo de doña Manolita llegó a nonagenario y era una fuerza de la naturaleza. Este cantaor singular gana su primer dinero con doce años en la Feria de Burguillos, la patria chica de Marifé de Triana. “Su madre le pegó una paliza pero con las doce mil pesetas que le dieron se compró sus primeras botas”.

Ortiz Nuevo entró en ese microcosmos. El político andalucista que fue delegado de Cultura en el primer Ayuntamiento de la democracia, el creador de la Bienal de Flamenco, atravesaba un periodo vital muy complejo en el que se mezclaban la muerte de su padre, su paso por la cárcel y el empeño de Franco en no terminar de morirse. “Quise librarme de la mili porque tenía neurosis obsesiva. No me libré pero me dieron permisos”.

El biógrafo estudió Ciencias Políticas y en vez de acudir al psiquiatra, quedaba con Pepe el de la Matrona en una taberna de Madrid, cerca de la Puerta del Sol, donde servían vino tinto y huevo duro, como en el camarote de los hermanos Marx. El hijo de la matrona llevaba muchos años fuera de Sevilla “pero parecía que había llegado a Madrid hacía dos días. Hablaba un andaluz, un sevillano reposado, con un vocabulario muy rico. Estrella Morente, que tiene muy poca vergüenza, me imita hablando como Pepe el de la Matrona”.

En Cuba y Nueva York

Es un libro de aventuras. Del cantaor que en tiempos de malas comunicaciones, se recorrió toda Almería para conocer a Juan Breva. Que hizo el petate para acompañar a Vicente Escudero en una gira por Holanda. Que viajó a Cuba y a Nueva York, las embajadas de Federico. Visitó el Callejón de los Negros de La Habana antes de que lo cantara Carlos Cano con letra de Antonio Burgos. “Un día le dijo a su mujer: vete al Jueves y véndelo todo. Al día siguiente, cogían en Cádiz un barco para Cuba”.

Medio siglo ha cimentado esta aproximación a un ser excepcional. “Me decía que él sabía la manera de acabar con el capitalismo”. Eso no estaba en Marx ni en Engels. “Para acabar con el capitalismo, es necesario que los obreros no tengan hijos, ningún hijo, cero hijos, que los tengan los capitalistas”. Ortiz Nuevo le conoció una hija que limpiaba escaleras en Madrid y dos nietos, una niña y un niño “al que le decía Romanones”.

Realismo y picaresca

Dice Francis Mármol que este libro recoge una tradición muy española “del realismo y la picaresca”. Con historias que se pierden en la noche de los tiempos y de cuya autenticidad tenía sus dudas el propio protagonista, como la de una “borrachera coral” en la que participaban gitanos y guardias civiles. O un Macondo en el que un ingeniero alemán, Mr. Cooper, visitaba la mancebía que regentaba María la Sillera.

Pepe el de la Matrona cantó en Madrid para la grandeza y la pequeñez que la rodeaba. Contratado por Carlos Arias Navarro o el conde de Montarco, que creían que el flamenco era eso, una suerte de gleba artística. Su inmersión en figuras como Pericón, Tía Anica o Pepe el de la Matrona le lleva a Ortiz Nuevo a calificar de “abuso de poder y barbaridad intelectual” la consideración del flamenco dentro del Estatuto Andaluz como “competencia exclusiva de la Junta de Andalucía”, como si se pudiera hacer lo mismo “con la poesía, la música de las marchas procesionales, la arquitectura regionalista o los viñedos del sur”. Una grandilocuencia que contrasta con dejaciones como “el abandono del Llorens, la gran joya de la arquitectura escénica a cuyo balcón se asomó la soprano filipina Paquita Escribano para cantar una saeta en plena Semana Santa”.

Cincuenta años después, Ortiz Nuevo ha enriquecido la figura de Pepe el de la Matrona con visitas a la Hemeroteca Municipal, de la que es uno de sus consumados usuarios.

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