Sevilla

El epílogo de las gallinas

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EL libro Historia de una taberna tiene apuntado a lápiz el número 1961 y las palabras Chucena y Madrid. Posiblemente, la fecha de lectura y el viaje que hizo el primer lector antes de que el ejemplar se convirtiera en libro de viejo en el puesto del Jueves que Luis Andújar tiene bajo el cartel donde se lee que esta plaza de Monte-Sión se levantó en 1560.

Los clientes de Andújar podían pasar por parroquianos de la muy literaria taberna del banderillero Antonio Sánchez inmortalizada en el libro de Díaz-Cañabate. Aquí están un orfebre, una pareja de psiquiatras, un director de hotel, un matemático, un catedrático de Historia o un guardacoches.

Es difícil que en cualquier pasillo de la Universidad se escuchen conversaciones de más enjundia que las que se mantienen en esta tertulia incesante, permeable. El orfebre José Zabala, 81 años, sevillano de San Bernardo, autor de escenas de los Servitas, la Macarena o la Buena Muerte, se lleva El libro de las sombras, de la portorriqueña Migene González-Wippler. "El que tiene sombra, vive", le dice el librero.

Es un zoco libresco donde se viven estampas de otro tiempo. La señora que le cuenta a Luis que está de obras en su casa y no sabe qué hacer con una colección del Jabato. La lectora que quiere devolver una novela rosa por otra del mismo autor. "Será Carlos de Santander", imagina el librero. "A muchas mujeres no les gusta Corín Tellado y no les gusta porque se han leído todos sus libros". Un profesor de Matemáticas se va con las manos vacías. Luis le cuenta que hace muchos años "le compré una biblioteca entera a los americanos de la base de San Pablo y había más de doscientos libros de Ciencias Exactas". Lo humano y lo divino en el mismo pedido: un hombre se lleva unas Meditaciones sobre el Evangelio del canónigo Beaudenom y un especial de Zipi y Zape.

De los libros a la vida. De las vida a los libros. Con Andújar ese tránsito es cotidiano. "¿Cuánto cuesta?", pregunta un cliente por el tocho ETA nació en un Seminario. "Tres euros", responde el librero, que añade a modo de epílogo que allí mismo, rebuscando entre libros de Azorín, Baroja y Unamuno, hay un héroe anónimo. "Este muchacho luchó contra ETA", y señala al guardacoches de San Lorenzo que el 16 de octubre del año 2000 intentó seguir a los etarras que mataron al doctor Muñoz Cariñanos en su consulta de la calle Jesús del Gran Poder.

Hay momentos para la sonrisa. La librería a la intemperie de Luis es como lo que Díaz Cañabate decía de su laico santuario: "Las desgracias no entran en la taberna, los desgraciados sí". El librero habla con los más allegados de los productos que cultiva en su finca de Benacazón. En la misma furgoneta donde meterá los libros, hay pan duro para las gallinas. También tiene huevos de codorniz. Un consuelo para quien fue ávido lector de La Codorniz. "Hace un rato he vendido un libro de Álvaro de Laiglesia, Todos los ombligos son redondos. Era brillantísimo y nadie se acuerda de él. A los de nuestra generación nos alegró la existencia". El título es profético: ¡Todos al paro! En la portada, una caricatura de Felipe, Guerra y Ciprià Ciscar. El autor: Fernando Vizcaíno Casas. "Hoy no lo lee nadie, pero antes cada libro suyo era un best-seller".

"¡Qué elegante, señora! Va usted de Ascott y viene donde da asco". El librero, uno de los históricos del mercadillo que le dio su nombre a la calle Feria, es muy crítico con el abandono que se vive en sus puestos, con la degradación y la dudosa procedencia de algunos de sus productos. La señora del sombrero y el hombre que la acompaña son psiquiatras los dos. Ella tiene la consulta en La Palma del Condado; él se lleva un libro titulado El Diablo. "Tenga cuidado, que a los psiquiatras se les pegan estas cosas". El vendedor acompaña la operación con bibliografía. "El diablo surge con el principio del bien y del mal de los sumerios y los acadios".

No sólo vende. En otro puesto del Jueves vio tirado, carne de pisada o de barrendero, una Antología poética de Alberto García Ulecia. "El mejor poeta de Morón con Villalón". El libro lo guarda como una reliquia. Está subrayado y marcado con cruces. "Lo debió leer un poeta, porque ha contado los hemistiquios".

Stephen King es el único autor objeto de un espacio específico. "Siempre se vende bien". El librero le tiene miedo, casi terror, al analfabetismo funcional de personas con carrera y con pedigrí. "¿Larsson? Lo venderé dentro de dos o tres años, todavía no es viejo". El sueco que hace furor en playas y piscinas, en trenes y consultas, ni está ni se le espera.

El librero sólo faltó a la cita con el Jueves la semana que estuvo de crucero. Un trayecto muy literario que partió de Lisboa, donde compró una edición portuguesa de Os Luisiadas, de Camoens; repostaron en Gibraltar, "allí el gasóleo es más barato". Vio la decadencia en Casablanca, la recuperación en Agadir. En Lanzarote pasaron cerca del único Nobel portugués. "El Jueves pasado no vendí ningún Saramago. Hoy he vendido dos. Se nota que los adictos han vuelto de vacaciones". La última etapa, antes del regreso al punto de partida en Lisboa, fue Funchal, la capital de Madeira. "Lo más bonito del viaje. ¡Cuánto verde, cuánta exuberancia!", dice el librero de la ciudad insular donde nació Cristiano Ronaldo en 1985, el año que Gordillo fichó por el Madrid. Échenle un galgo a aquel galáctico de la puerta Osario y el Polígono San Pablo.

Último Jueves de agosto en la calle Feria. Un hombre echa un vistazo al libro De la prehistoria al futuro. Comedias de Pilar Millán Astray; un texto de José Antonio Primo de Rivera "propiedad de la camarada Julia Bustos". Uno pide el precio del libro Conozca Italia. "Un euro, caballero. Ya que no podemos ir, que la conozca".

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