Sevilla

Susto en la calle Cuna

  • Dos explosiones hicieron volarpor los aires cinco arquetas de la luz con la calle llena de gente.

Un grupo de mujeres son conducidas por agentes fuera de la calle Cuna. Un grupo de mujeres son conducidas por agentes fuera de la calle Cuna.

Un grupo de mujeres son conducidas por agentes fuera de la calle Cuna. / Juan Carlos Muñoz

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Sara García y Rosalía Carrasco estaban comprando en Galerías Madrid, en la calle Cuna, cuando oyeron una primera explosión. Las dos iban con niños pequeños. "Creímos que era un atentado, es lo primero que se nos vino a la cabeza". Inmediatamente después se produjo una segunda deflagración. Cinco tapas de arquetas eléctricas volaron por los aires, reventadas y fracturadas. En el interior de la tienda había más de treinta personas, que subieron todas a la parte más alta del edificio a la espera de noticias. Allí permanecieron durante unos tres cuartos de hora. Pronto se dieron cuenta de que lo ocurrido no tenía nada que ver con un ataque terrorista. Era una sobrecarga de la línea de alta tensión que discurre subterránea por la calle Cuna, que había generado una serie de gases que habían provocado dos deflagraciones. El primer aviso que recibieron los Bomberos, poco después de las cinco y media de la tarde, apuntaba a una explosión de gas. El olor -muy similar al de una fuga de este elemento- confundió a las personas que llamaron.

Abajo, en la calle, varios policías locales se afanaban en liberar el paso a los camiones de Bomberos. Una máquina elevadora de una obra dificultaba el acceso desde la calle Laraña. Tuvo que ser retirada. Los Bomberos aseguraron las arquetas y revisaron la instalación eléctrica para impedir que se produjeran nuevos fallos. La Policía cortó la calle Cuna a los peatones entre la plaza del Salvador y Cerrajería y pidió a todos los comerciantes que cerraran sus tiendas y se metieran dentro. Muchos estaban ya fuera porque habían salido corriendo al oír la primera explosión. Algunos de ellos permanecían tras la cinta colocada por la Policía Local en Cerrajería. "Yo he dejado la tienda abierta y me he venido corriendo", decía uno de los tenderos. "Es que ha sido tremendo", decía la empleada de otro comercio, que describía cómo había visto volar las tapas de las arquetas.

Los mensajes comenzaron a correr por las redes sociales y las aplicaciones de mensajería de telefonía móvil. "Estamos bien. Ha habido una explosión en la calle Cuna, a unos veinte metros de dónde nosotros estábamos. No sabemos bien qué ha pasado. Hay un fuerte olor a gas", decía una joven a su familia en un grupo de WhatsApp. Otra chica grababa una nota de audio con su teléfono móvil diciendo que se encontraba bien, "por si mis padres ven esto en la tele, que sepan que estamos bien". En Cuna había una nube de humo, un fuerte olor a quemado y una escena que recordaba al incendio que sufrió precisamente Galerías Madrid, en el otoño del año 2004.

Las personas retenidas en esta tienda fueron saliendo poco después, acompañadas por bomberos y policías locales. Varias mujeres, sobre todo las que iban con niños pequeños, lloraban. Algunas sufrían acúfenos por la fuerza de las explosiones. Casi todas se tapaban la cara con pañuelos o prendas de ropa, o se las tapaban a sus hijos, para no inhalar gases tóxicos. Una mujer tuvo que ser atendida en la ambulancia de los Bomberos al sufrir una crisis de ansiedad. Otra fue calmada por sus amigas en la tienda de Pronovias de la esquina de Cerrajería.

Por esta calle venía mucha gente andando desde Sierpes y se encontraba con un policía local que impedía el acceso y un camión de Bomberos detrás. "No se puede pasar, por favor, den la vuelta", decía el agente. "Es que tenemos que ir a una tienda de la calle Cuna para recoger una ropa del niño". "Ahora mismo no se puede. Vuelvan dentro de un rato que cuando terminen los Bomberos ya se podrá pasar con normalidad".

Casi todos preguntaban qué había ocurrido y el policía llamaba a la calma. "Nada, de verdad, nada, simplemente los Bomberos están haciendo unas comprobaciones. Estén tranquilos". Algunos de los ciudadanos, desconformes con la respuesta, se dirigían a los periodistas, que explicaban un poco más pero siempre llamando a la calma. "No se preocupen, no hay ninguna persona herida, más allá de dos mujeres con ataques de ansiedad y personas con zumbidos en los oídos". "Muy bien, gracias, voy a llamar entonces a la tienda para decir que iré más tarde".

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