Puntadas con hilo

Un mandato entre papeles

  • Espadas confía en que las inversiones en los barrios en los próximos meses dejen la huella que necesita para repetir. No parece dispuesto a pedir ni un minuto al árbitro, ¿queda aún partido?

Juan Espadas. Juan Espadas.

Juan Espadas. / Belén Vargas

Inicio del nuevo curso. Las vacaciones, por pequeño paréntesis que para algunos sean, siempre vienen bien para, siguiendo los cánones del toreo, parar, templar y mandar, que diría Juan Ignacio Zoido. Su sucesor, siempre vitalista, vuelve con las pilas cargadas y el convencimiento de que el mandato dura cuatro años y que hay que exprimirlos al máximo. En definitiva, que queda partido y que, por muy complicado que se ponga el escenario, no va pedir tiempo al árbitro aunque en su planificación vea con claridad que hay cometidos a los que no se va a poder llegar.

Juan Espadas es optimista. Mantiene que su modelo es el de transformar socialmente Sevilla y, para ese cometido, son muy importantes los más de 93 millones de euros de inversión pública que están en estos momentos en marcha en la capital, con 150 proyectos concretos distribuidos por todos los distritos que bien acaban de finalizar, están en ejecución o licitados para su inicio en este último cuatrimestre de un año que se puede cerrar con 100 millones en inversiones. Un dinero que supone el mayor esfuerzo del Ayuntamiento en los últimos seis años y que le permite al alcalde poder presumir de generar empleo indirectamente. Pero, sobre todo, lo que le da es autoridad en los barrios, tanto en los más castigados, como puede ser Torreblanca, como en los que hasta ahora son feudos de la derecha, como Los Remedios. Sólo con realidades, con dinero invertido en los barrios, un alcalde resulta creíble.

Y Espadas hoy necesita generar esa confianza, en Palmete o en Triana, para garantizarse su continuidad en la Alcaldía. Su gobierno se resiste todavía, al menos públicamente, a hablar en clave electoral. Pero a algunos de sus miembros no se les escapa que ha llegado el momento de pararse a ver el dibujo de esa huella que el gobierno en minoría de Espadas va a dejar en la ciudad. Y hacer una apuesta para poder culminar, al menos, algunos proyectos.

El balance tiene que ser tangibles. El gobierno de Espadas asegura que, cuando acabe el mandato, algo se habrá hecho en cada uno de los proyectos de envergadura varados en la ciudad. Que la herencia será mucho más positiva que la recibida. Es probable que ninguno esté culminado, pero si no están en obras estarán con los papeles avanzados para poder dar el siguiente paso. A nadie se le escapa que cualquier proyecto requiere de una burocracia y una gestión previa importante y eso consume mucho tiempo. ¿Y cómo se explica eso en una campaña electoral? Por muy productivo que haya sido un gobierno en esa clave de papeleo, eso no es suficiente.

Zoido, que ya en el ecuador del mandato veía venir esa situación, no tardó en disculparse “por no poder hacer más”. E incluso pidió perdón antes de concluir sus cuatro años y tiempo, otros cuatro años más, para poder culminar su proyecto. Y pocos lo escucharon.

La inversión empieza a fluir en la ciudad y eso beneficia a Espadas, emperrado en liderar una gran alianza de alcaldes no sólo andaluces (lo que se está traduciendo en una buena estrategia turística en un momento de gran auge del sector), sino también del área metropolitana. Ahí está el potencial de crecimiento de la capital. Por cierto que esta semana volverá a reunirse la comisión del PGOU. Es la segunda vez en dos años y hay otras citas previstas. Se está trabajando en temas sectoriales.

Más papeles. Y también más gestos. Pocas cintas que cortar. Y una oposición que, después de dos años de ausencia, afila sus colmillos. Que el posible rival de Espadas sea alguien ya estuvo con Zoido, una de las caras del anterior gobierno, le sirve de argumento para defenderse de los ataques. Pero también es un recurso facilón y poco creíble. Quien gobierna ahora es quien tiene la responsabilidad, aunque los problemas vengan heredados. La gente no entiende de legados envenenados y un mandato de papeles difícilmente sirve para ganarse su confianza. Queda partido, quizás menos de lo que algunos creen, pero también muchos goles por encajar y parar.

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