Sevilla

"No se puede prohibir que expresemos los sentimientos religiosos"

  • El cardenal hace una defensa de la libertad de credo en la misa de autoridades previa a la procesión del Corpus

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El cardenal arzobispo de Sevilla, Carlos Amigo Vallejo, defendió ayer la libertad de credo durante la homilía que pronunció en la misa de autoridades con la que se iniciaba la jornada festiva.

Ante las representaciones civiles y militares que acudieron a la procesión eucarística, Amigo Vallejo hizo uso de unas palabras pronunciadas por el Papa Benedicto XVI con las que reclamaba que el derecho a manifestar la libertad religiosa debe ser uno de los principales derechos del ser humano. Al hilo de esta afirmación, el prelado hispalense insistió en que "no se puede imponer una fe religiosa ni una ideología, pero tampoco se puede prohibir que expresemos nuestros sentimientos religiosos".

Además, incidió en que los católicos deben tener una "verdadera dimensión pública de la libertad religiosa" que conlleve a "la construcción social". En este sentido, ejemplificó que "si la Iglesia se encierra dentro del templo, los ciudadanos harán bien en reprocharle ese ocultamiento, porque no se les ofrece lo que merecen".

Tampoco dejó pasar la festividad del día para subrayar la importancia de la eucaristía dentro de la Iglesia. Amigo Vallejo señaló que sin este sacramento "la Iglesia no sería más que un grupo o una institución social, una agencia de celebraciones. Con la eucaristía la Iglesia es un misterio de fe, el pan de vida para el espíritu".

Prosiguió en su defensa eucarística para definir el Corpus como "la fiesta de la caridad fraterna, en la que ofrecemos lo que se nos ha dado".

La misa de autoridades contó este año con la presencia del obispo de Tanzania, monseñor Damiano. Durante la eucaristía se habló en tres idiomas: español, francés y latín. Un ejemplo más del ecumenismo que impera hoy día en la Iglesia.

El maestro Ayarra volvió a interpretar al órgano los cánticos propios de este día. La colecta del día fue para Cáritas Diocesana.

Una vez que concluyó la comunión, el Santísimo fue colocado en la custodia -no sin ciertos problemas de anclaje del ostensorio en el pie del viril- y comenzó el tradicional baile de los seises, uno de los momentos de la jornada que más expectación origina cada año. Posteriormente, se formó el cortejo con las autoridades religiosas, civiles y militares tras la custodia de Arfe.

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