Calle Rioja

Con quince se juega mejor que con once

  • El equipo de fútbol de la Policía Local de Sevilla hizo de ‘sparring’ de Brasil en el Mundial de España 82 en un partido de entrenamiento que disputaron en Mairena del Alcor

Antonio Álvarez y Manuel Aldana se señalan en la foto con la selección de Brasil. Antonio Álvarez y Manuel Aldana se señalan en la foto con la selección de Brasil.

Antonio Álvarez y Manuel Aldana se señalan en la foto con la selección de Brasil. / Víctor Rodríguez

EN Qatar 2022 Brasil llevará veinte años sin ganar un Mundial de Fútbol y habrán pasado cuarenta años de esta historia. Sevilla era la sede de Brasil en el Mundial de España 82. El equipo se alojaba en el parador de Carmona, ciudad con pasado cartaginés y romano, con una necrópolis muy importante pero con campo de albero. A oídos de José Lepe Martín (Sevilla, 1939), entonces cabo de la Policía Local de Sevilla, llegó el rumor de que el seleccionador brasileño estaba buscando rival para un entrenamiento. Ni corto ni perezoso, Lepe, que entró en el cuerpo en 1965, se dirigió al parador de Carmona. Habló primero con el jefe de prensa, después con el segundo de Tele Santana, Vavá, único con Pelé, Breitner y Zidane que ha marcado en dos finales de un Mundial. Y finalmente, este policía criado en el barrio de San Bernardo habló directamente con el técnico brasileño, que sólo le pidió que los rivales de su equipo no jugaran con botas de taco.

El partido se disputó el 21 de junio de 1982 en el campo de fútbol de Mairena del Alcor. “Fuimos en los 131 Supermirafiori que acabábamos de estrenar, y un autobús para los familiares”, recuerda Antonio Álvarez (Sevilla, 1950) , capitán del equipo de la Policía Local, donde ingresó en 1974, ya jubilado, pero cultivando el gusanillo del fútbol con el fútbol base de Carmona.

El equipo de la Policía contaba con dos oriundos: Antoñito, “que era taxista”, y Manolito Aldana (Sevilla, 1963), hoy al frente del bar que abrió su padre y que fue peña oficiosa donde se reunían los componentes del equipo de fútbol de la Policía. El bar está en la calle Alfonso XI, en Ciudad Jardín, y tiene una foto que recuerda aquella tarde de fútbol.

Por detrás, están escritos los nombres del equipo que habría ganado ese Mundial de no haberse encontrado en el camino con un italiano llamado Paolo Rossi, que les marcó tres goles y fue desivivo en la final contra Alemania. En el corcho al dorso de la foto están escritos los nombres de esos ídolos: Waldir Peres; Leandro, Óscar, Luisinho; Junior, Falcao, Toninho Cerezo; Zico, Sócrates, Serginho, Eder... Palabras mayores. Tele Santana, seleccionador brasileño, les hizo dos concesiones: el cambio de portero, de tal forma que Waldir Peres jugó con la Policía Local de Sevilla y el agente Morillo tenía de escoltas a Leandro y Toninho Cerezo; y, contraviniendo el axioma de Helenio Herrera, les dejó que jugaran con más de once. “Llegamos a jugar quince contra once”.

Como Antonio Álvarez ha seguido dedicándose al fútbol, entrenó a varios equipos, incluida una selección sevillana de alevines en la que estaba Sergio Ramos, muchas veces estuvo tentado de incluir aquel partido en su currículum. El encuentro terminó 22-0. “Yo soy un fatiga jugando, pero le dije al Lepe, al entrenador, que me cambiara, estaba harto de sacar el balón de la red”.

De la Policía Local de Sevilla disputaron ese partido Bejarano, Maroto, López, Jesús Delgado, Julio Urraca, Antonio Camacho, Plácido, Pavón, Enrique Lozano, Joaquín Sánchez, Fernando Corral, Ortega y Javi, amén de los dos oriundos. Rafael Álamo hacía las veces de presidente y el masajista era Antonio Luque, hermano de José Luis Luque, policía local que cuatro años antes había muerto en acto de servicio en la calle Cuna, como recuerda la placa correspondiente.

Álvarez y Aldana, remedos de Mauri y Maguregui, recuerdan la jugada-piloto de la selección brasileña: “Eder sacaba de córner, Zico se ponía en el primer palo, se agachaba y entraba Serginho como una exhalación”. En los archivos de estos policías, muchos de ellos ya jubilados, tienen recuerdos imborrables en forma de fotos con Zico, Sócrates o Junior. “Yo compré un balón del Mundial en la tienda de Deportes de Juan Arza”, dice Álvarez, “y lo firmaron todos los brasileños para una sobrinilla, que todavía lo conserva 36 años después”. El partido lo dieron las televisiones brasileñas y estos agentes tuvieron su minuto de gloria en O Globo.

Ese año Felipe González ganó las elecciones y Juan Pablo II visitó Sevilla, pero el Mundial de Fútbol fue el primer gran acontecimiento de la ciudad. Brasil jugó aquí contra la Unión Soviética (Sánchez Pizjuán), Escocia y Nueva Zelanda (ambos en el Benito Villamarín) y en Mairena del Alcor contra la Policía Local.El pabellón de Brasil de la Exposición del 29 era entonces cuartel de la Policía Local –hoy pertenece a la Universidad Hispalense– y al frente de ese cuerpo, como delegado municipal, estaba Guillermo Gutiérrez, concejal socialista en el Ayuntamiento que presidía el andalucista Luis Uruñuela. De aquel equipo salieron más hijos policías que futbolistas: dos hijos de Morillo, el portero de Brasil por exigencia del guión, y uno de Lepe, Joaquín Sánchez, Julio Urraca y Enrique Lozano siguieron los pasos de sus padres. En la foto hay un niño, sobrino del policía asesinado, que eligió el oficio de su tío.

El equipo de rojo de aquella tarde en Mairena, rojo tirando al morado del Pontevedra, se reúne de vez en cuando en el bar de Aldana, apellido de futbolista y de poeta, cuyo titular perteneció a los escalafones inferiores del Sevilla. “En mi equipo estaban Francisco, Ramón, Choya y Serna. Con tantos buenos, difícil salir”. Jugó un año en el Logroñés porque hizo la mili en la capital de la Rioja. Esta vez tampoco ha ganado Brasil. Nadie es pefecto, como dijo Sócrates. O Platón.

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