Sevilla

Una realidad a la que enfrentarse las 24 horas

  • Cecilia Almagro tiene una hija de tres años con parálisis cerebral, ceguera y epilepsia

Cecilia Almagro se encuentra de nuevo en el hospital. Está acostumbrada desde que su hija nació con cinco meses y medio fruto de un parto prematuro. Ahora tiene tres años y sufre de parálisis cerebral, ceguera y epilepsia. La dependencia es total y las esperanzas de recuperación son mínimas.

Pocas madres como Cecilia saben lo que es enfrentarse todos los días a una realidad "muy dura, pero asumida". La situación la aceptó desde que se le adelantó el parto. Los médicos le dijeron las consecuencias que acarreaba. "Tuve tiempo suficiente, mientras estaba en la incubadora, de concieciarme de la realidad a la que me tenía que acostumbrar y aquí estoy, después de tres años, intentando vencer al desánimo".

Lo primero que hizo fue dejar el trabajo. Su hija la requiere las 24 horas del día. "No se vale por sí sola. Al tener afectado el aparato locomotor necesita de mi atención constante, no puede comer, ni moverse, hasta para conciliar el sueño tengo que estar a su lado". El cambio tan profundo que experimentó su vida la llevó a solicitar la ayuda por dependencia. Tras un año de papeles y burocracia al fin logró que la Junta le subvencionara con 500 euros. "Este dinero me viene muy bien, porque estaba en una situación económica muy mala, teniendo que hacer frente a unos gastos por la enfermedad de mi hija que a punto estuvieron de acabar con mis ahorros. Además, así cotizo en la Seguridad Social, porque de otra forma, cuando llegase la jubilación, habría perdido muchos años".

Toda la dedicación diaria no se ven recompensada ni con un ápice de esperanza. Los médicos cada vez le dan a su hija menos probabilidades de mejora. Las expectativas de vida se recortan con las visitas al hospital. "He hablado con varios especialistas y me han dicho que no hay nada que hacer, que las crisis de epilepsia seguramente se repitan con más frecuencia y que en una de ellas puede que ocurra lo peor".

Este presagio es el que acompaña a Cecilia, que vive en San José de la Rinconada, cuando cada mañana se despierta y no escucha a su hija en la habitación. "Siempre temo que no la vuelva a ver con vida", dice.

No ha precisado nunca de ayuda psicológica, aunque no descarta que más tarde, cuando un día "se desahogue", solicite esta atención a los servicios de Bienestar Social. Por ahora, no puede permitírselo. "Tengo otro hijo mayor y ahora espero uno más, no puedo venirme abajo por ellos", asegura Cecilia, que ha encontrado un gran apoyo en la madre de su actual pareja, quien también cuida de un hijo de 32 años que sufre parálisis cerebral. "Desde el primer momento ella me asesoró y me da los mejores consejos para afrontar una realidad a la que las dos, como muchas otras familias, pertenecemos y padecemos". Sin embargo, a la madre de su pareja se le retiró la ayuda de la Junta porque, al parecer, no reunía ciertos requisitos.

Mientras Cecilia cuenta su historia, los médicos le dan el último informe de la niña. Todo tranquilo. Un susto más. En pocas horas volverá a casa, a depender del amor de una madre.

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