Sevilla

La utopía de la movilidad libre de las personas con discapacidad física

  • El Ayuntamiento de Sevilla carece de ordenanza municipal para la accesibilidad · La ausencia de control y de planes especiales provoca el incumplimiento constante de la ley

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Vacíos legales e incumplimientos variados que todos repiten al no tener una solución aparente o ser ésta muy complicada. Las minorías siempre cuentan con dificultades en esta sociedad y más cuando son personas con movilidad reducida, donde se incluyen tanto ancianos como minusválidos como invidentes, entre otras personas con discapacidad. Los lugares son cada vez más accesibles para estas personas, pero no están adaptados totalmente para moverse de manera independiente, por lo que cualquier viaje para algo urgente se convierte en una odisea por detalles como bordillos sin rebaje, coches mal aparcados, obras, alcantarillas, rampas demasiado inclinadas o barandillas mal puestas.

Para darse cuenta de estos obstáculos en la ciudad no hace falta mucha imaginación. Sólo hay que darse cuenta de cómo podríamos movernos sentados en una silla de ruedas, una visión que nadie quiere tener pero una realidad que no podemos negar. La ley ampara a estos colectivos, pero su cumplimiento se encuentra demasiado abierto a la interpretación, lo que convierte en una "utopía" un simple viaje por la ciudad.

Así lo define Juan García, presidente de la Federación Provincial de Asociaciones de Personas con Discapacidad Física y Orgánica de Sevilla (FAMS-Cocemfe), quien destacaba que "una clave básica es que cuanto más salimos, más evidenciamos la falta de accesos y por tanto de integración", aunque sí destacaba la "sensibilidad" que ahora existe porque "cuando la pides te ponen la rampa donde sea".

"Lo malo es que te acabas acostumbrando a las barreras en la ciudad, aunque éstas poco a poco se van quitando, al igual que las barreras sociales, pero hay que protestar y no siempre te sientes con fuerzas de quejarte de todo ni con ganas de reivindicarte, por lo que la mayoría opta por quedarse en su casa sin salir", sentencia Juan García, quien resaltaba el peligro que suponen, entre otras cosas, las obras: "En estas cosas eventuales nadie mira que se cumplan las normas, nada más que cuando alguno se cae en una zanja al arrastrar la plancha que las cubre con la silla, algo que pasó en España".

Bien sea por obras eventuales, por construcciones antiguas o por falta de visión y de solidaridad con los problemas de los minusválidos, lo cierto es que uno de los problemas apunta a los vacíos legales a la hora del cumplimiento de la ley. "Los encargados de velar por su cumplimiento no son estrictos, prima la opinión y el criterio del técnico de Urbanismo que proceda", señalaba el presidente de FAMS-Cocemfe.

Miguel Ramón, arquitecto que asesora en dicha entidad, recuerda que es el decreto 72/1992 en el que se basan todos los planes de movilidad y accesibilidad. "Esa ley es poco exhaustivo, ya que a partir de él se deben generar las ordenanzas municipales sobre accesibilidad. Sevilla no la tiene, pero Jerez y Córdoba sí", comentaba el trabajador de la Federación, quien destacaba que "la Administración funciona a partir de nuestras reclamaciones: cuando pides una rampa en algún lugar la ponen".

transportes

Lo mismo ocurre con las plazas de aparcamiento, que deben ser un 2% de las totales, lo que supone la única forma de moverse por la ciudad. "Para moverse dependemos de otra persona o del coche, y donde pedimos la plaza la ponen, normalmente al lado de casa y del trabajo, pero en zonas de confluencia no las hay, salvo en los hospitales", declaraba el presidente de FAMS-Cocemfe.

En la misma línea hablaba Esperanza Castro, vocal de la Asociación de Lesionados Medulares (Aspaym), quien además cuenta con problemas para entrar en la sede, situada en la calle Manuel Villalobos. "La plaza de parking no tiene rampa, por lo que tengo que ir por la carretera y buscar una en el paso de cebra", denunciaba la perjudicada, quien añadía que "no es consciente la gente cuando aparca en nuestra plaza".

Con el tema de los autobuses, la cosa empeora, ya que Tussam recibe el mayor número de quejas en la FAMS. "Los que tienen rampa, que ya son la mayoría, no suelen funcionar, no hay espacio para sacarlas en la calle o el conductor no sabe ponerla", resumía Miguel Ramón, quien apuntaba que esto ocurre con los autobuses urbanos, pero que los interurbanos funcionan en este aspecto mucho peor.

También los taxis, trenes y aviones reciben numerosas quejas de las personas con movilidad reducida. En Sevilla existen más de una docena de eurotaxis adaptados, pero no siempre están operativos, mientras que con Renfe cada año se sorprenden de los nuevos problemas que plantean, al igual que las compañías aéreas, las cuales guardan las sillas de ruedas junto al equipaje, con el consiguiente peligro de extravío.

Pero no hace falta irse lejos para comprobar cómo las barreras arquitectónicas impiden la movilidad autónoma de las personas con discapacidad, incluso sin salir de casa, y eso que Sevilla es llana y apenas existen rampas con las que bregar los usuarios de las sillas de ruedas. "En la comisaría de la Policía Nacional de mi barrio -en la imagen de la página anterior-, hay un escalón en la puerta y otro en la acera, pero hay una obra a un lado y una farola al otro, donde está el rebaje por el paso de cebra, por lo que tienen que sacarme la rampa", algo que no tendría que suceder porque el acceso para estas personas debería poder producirse siempre, o al menos eso dice la ley, cuya máxima pretensión supone no discriminar.

Pero la ley se puede cumplir a medias, como señala Miguel Ramón: "Como la licencia se da en plano, nadie comprueba luego lo que se ejecuta, y como no hay control por parte del Ayuntamiento, no es extraño ver un bar nuevo donde el servicio destinado para minusválidos se use como almacén". La lista de lugares con poca accesibilidad o ninguna, o accesibles pero no adaptados, es larga: bancos, cajeros automáticos, cines, teatros, bares, restaurantes e incluso edificios oficiales. "Cabe recordar que hace diez años la Consejería de Igualdad y Bienestar Social -antes Asuntos Sociales- estaba en un tercer piso de un edificio antiguo, con la consiguiente contradicción en cuanto a su acceso, aunque ahora el edificio es moderno y adaptado".

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