Cádiz - Sevilla: Contracrónica

La resiliencia grabada a fuego

Munir, Joan Jordán, Gudelj, Rakitic y Óscar Rodríguez celebran el definitivo 1-3. Munir, Joan Jordán, Gudelj, Rakitic y Óscar Rodríguez celebran el definitivo 1-3.

Munir, Joan Jordán, Gudelj, Rakitic y Óscar Rodríguez celebran el definitivo 1-3. / Lourdes de Vicente

La resiliencia es un concepto de la psicología moderna a la que Julen Lopetegui le ha dado relevancia en el mundo del fútbol. Su propia historia es un ejemplo de cómo supo sortear los obstáculos para volver a convertirse en un entrenador de élite pese a aquel episodio en el Mundial de Rusia en el que fue blanco del fuego cruzado de varias felonías.

Sólo basta recordar cuántas reticencias y cuántas críticas levantó la elección de Monchi, que tuvo que abrir su paraguas más grande para cubrirlo. Luego ya se encargó de capear él mismo el temporal, de sacar lo mejor de su sapiencia para hacer campeón al Sevilla. Y para seguir impregnando de esa resiliencia a su equipo, que ya tiene esa seña de identidad grabada a fuego.

Volvió a mostrarlo en Cádiz. Lopetegui se quejó ya en Budapest, y con razón, de que no tenía sentido presumir del Sevilla como represtante del fútbol español al más alto nivel para que luego ese fútbol español que le daba tantas palmadas en la espalda lo dejara al pairo de las vicisitudes de la competición, al adelantarse el partido al domingo.

Vídeo: El resumen y los goles del Cádiz CF-Sevilla (1-3) / LaLiga

Ni 72 horas transcurrieron entre el formidable partido ante el Bayern Múnich y el peleadísimo triunfo en el feudo del Cádiz. Pero, a diferencia del supercampeón de Europa, que no sólo encajó ayer la primera derrota en casi diez meses, sino que fue goleado (4-1 en Hoffenheim), el Sevilla de Lopetegui sacó su resiliencia para "adaptarse a un agente perturbador o un estado o situación adversos", que es la frase con la que el DRAE define el concepto de resiliencia.

Los agentes perturbadores eran varios: el cansancio tras una prórroga de 120 minutos; el golpe anímico de haber tenido el triunfo al alcance de la mano ante el gigante bávaro; y la resistencia de un rival que lo esperaba fresco en un partido que incluso encauzó con el 1-0. Pero el equipo de Lopetegui ha optimizado los lemas de la casta y el coraje y el dicen que nunca se rinde para llevarlos al cualquier césped, incluso si está levantisco como el del todavía Ramón de Carranza. Y supo levantar así un partido complicadísimo, con sus aristas.

De las muchas aristas del encuentro, la primera era la elección del delantero. Tras el sonoro fallo de En-Nesyri ante el Bayern, Lopetegui apostó de salida por él. Y el marroquí mostró aceleración y ansiedad en más de una jugada en la que se puso de gol. Sin embargo, lo mantuvo en el campo, le siguió dando confianza hasta que el Cádiz se adelantó en el marcador.

Ahí ya el guipuzcoano realizó los cambios que tenía preparados desde el descanso. La charla a Joan Jordán, Munir y De Jong en el intermedio tenía su función. Salieron los tres en el minuto 61 y en el 65 marcó el holandés de un gran testarazo tras una soberbia jugada de Jesús Navas: gran control al cambio de orientación de Rakitic, recorte hacia dentro, otro hacia fuera y centro a la luz que emitía De Jong en el área: 1-1 y a empezar otro partido.

Pero la resiliencia necesita continuidad. Hay que seguir, hay que seguir... Y el Sevilla siguió ante un Cádiz bien agarrado al partido, hasta que los otros futbolistas que salieron al césped se asociaron. Presión y robo de Bryan, con protestas cadistas por una presunta falta, y la excelencia: al pase profundo y extraordinario de Joan Jordán respondió Munir con un vertiginoso desmarque y un zurdazo de determinación. Minuto 90 y triunfo.

El 1-3 ya fue el pase de la firma. Óscar Rodríguez, el cuarto cambio que hizo Lopetegui, le dio otro gran pase a Munir, quien facilitó el tercer tanto a Rakitic. Ni VAR ni pitos ni flautas. Cuando este Sevilla se toma en serio la resiliencia...

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