Sevilla FC

Caparrós acudió presto para arreglar un extraño entuerto

  • El Sevilla, mal diseñado y deudo de la lectura bipolar de Montella, se desfondó tras la Champions y la trágica final de Copa, pero el utrerano exprimió sus recursos

Caparrós acudió presto para arreglar un extraño entuerto Caparrós acudió presto para arreglar un extraño entuerto

Caparrós acudió presto para arreglar un extraño entuerto

¿Cómo puede calificarse de mala o decepcionante una temporada en la que el Sevilla jugó una final de la Copa del Rey, alcanzó y disputó los cuartos de final de la Liga de Campeones y se clasificó para jugar en Europa nuevamente? El fútbol depara a veces situaciones extrañas, como la que ha llevado al equipo nervionense a estar a punto de convertir lo que prometía ser una campaña histórica en un desastre total. Afortunadamente, José Castro llamó a tiempo a Joaquín Caparrós para que el utrerano, con su particular visión emotiva del fútbol, arreglase el extraño entuerto. Aplicó un electroshock sobre el corazón de un equipo moribundo y logró el objetivo en semana y media.

Con diez puntos de los doce últimos disputados, Caparrós dejó al equipo lo más alto que pudo, un séptimo puesto que contrasta con la fortísima apuesta de partida de un Sevilla que desde el principio pagó el mal diseño de la planificación. El resultado no hay que recordarlo: la destitución de dos entrenadores y del director deportivo y la promesa de reestructurar todo el departamento de fútbol.

El mal diseño inicial tuvo varias señales evidentes. En primer lugar, el error en querer darle continuidad al estilo de Jorge Sampaoli por el mero hecho de que Eduardo Berizzo era el discípulo más directo de Marcelo Bielsa. También, dotar de poco físico y escasa juventud a una plantilla que debía competir a todo tren en las tres competiciones, con la Champions fijada como objetivo prioritario, para un sistema de juego que requiere mucha energía y frescura física por el esquema mixto de marcajes al hombre. La elección de piezas clave empezó a dar la cara con las lesiones tempranas de Carriço y Pareja, el escaso rendimiento de Krohn-Dehli para ese fútbol de ida y vuelta, y la gestión de las fichas de Liga y Champions. Por ejemplo, para ésta fue inscrito Montoya por delante de Carole, el lateral izquierdo fichado para darle refresco a Escudero, cuando era obvio que el argentino no iba a tener protagonismo ni en la Liga. Y así fueron dilapidándose los recursos.

A todo esto se unió la fallida apuesta en Muriel como delantero centro goleador, cuando en la Sampdoria no había sido ninguna de las dos cosas: ni un delantero único de referencia ni un pichichi. En un sistema de 4-3-3 en el que jamás había dos delanteros, ni Muriel ni Ben Yedder se bastaban para nutrir de pegada y gol a un equipo lastrado por las posesiones larguísimas y romas, el gusto por el toque y un deficiente sistema defensivo, lento en el repliegue y desordenado en las marcas.

Berizzo, con el infortunio de su enfermedad también como condicionante -afortunadamente salió bien parado el argentino-, se empeñó en su idea y esta duró hasta la derrota de San Sebastián, justo antes de Navidad. Montella llegó y sufrió la dura derrota en el derbi en el debut liguero. No fue sino un aviso de lo que aún quedaba por llegar. Su Sevilla fue muy bipolar: despuntó en la Champions alcanzando la cota histórica de los cuartos, tras la gran noche de Old Trafford, después de haberse clasificado brillantemente para la final de la Copa del Rey. Aquí despuntó sobre todo con la victoria en el Wanda Metropolitano, donde el italiano dio con la tecla al elegir a los mejores en un 4-4-2 con Franco Vázquez de enganche y Banega y N'Zonzi en el doble pivote.

Pero el italiano se engolosinó con la Champions y la Copa y no supo gestionar su plantilla para repartir los esfuerzos. Y la colapsó. La mejor prueba fue el desastre de la final de Copa. Caparrós sí tocó otras teclas, tuvo versatilidad táctica, repartió esfuerzos y responsabilidades, tiró de emotividad pero también de inteligencia y salvó los muebles. De paso, puso la primera piedra para la reestructuración.

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