Sevilla FC

Un futuro a flor de piel

  • Las incógnitas se amontonan en el sevillismo ante el rumbo que espera al club y los nervios desatados por el próximo adiós de Monchi.

  • Castro invita al de San Fernando a aclarar su plan.

José Castro atiende a los medios. José Castro atiende a los medios.

José Castro atiende a los medios. / S.F.C.

Mientras más preguntas se hace el sevillismo de a pie sobre el futuro más inmediato de su club -paradójicamente, en uno de los mejores momentos de su historia en lo deportivo- menos pueden responder sus dirigentes. Puede decirse que las tres patas del banco, los tres pilares sobre los que esta entidad edificó una construcción fuerte, ofrecen algunas señales de inestabilidad. Evidentemente, alguna más que las otras dos, puesto que sobre la marcha de la figura que cambió la historia del Sevilla desde su cargo en la dirección deportiva ya no duda nadie. Pero no es la única pata que puede empezar a cojear. Con desestabilizaciones desde fuera, el aficionado que ha vivido éxitos en una década en la que reinó la estabilidad, se queja de que nadie puede asegurarle nada. Ni la continuidad del entrenador a partir de la próxima temporada, un Sampaoli sobre el que se asentó un nuevo proyecto y que de nuevo empieza a escuchar rumores sobre la posibilidad de dirigir a la selección argentina. Por último, los movimientos accionariales que se están produciendo, con una supuesta oferta multimillonaria de capital extranjero, tampoco sirven para asegurar la estabilidad social a medio plazo.

Todo esto era algo que se estaba amasando, que estaba latente en las entrañas del Sánchez-Pizjuán y que la eliminación en los octavos de final de la Champions cuando todo hacía indicar lo contrario ante el Leicester y una mala racha de resultados también en la Liga, se ha desencadenado peligrosamente hasta el punto de que la entidad ha podido dar muestras hacia el exterior de que se están perdiendo los nervios. Si Monchi tenía una respuesta un tanto destemplada ante la prensa a su llegada el martes tras un viaje a Londres que muchos medios aseguraron que era con objeto de reunirse con la Roma, ayer fue el presidente, José Castro, quien tampoco pudo mantener del todo la calma en Madrid a la salida de una reunión en la asamblea de la Liga. El máximo mandatario, más allá de que trató de estar en su sitio en un asunto en el que no puede o no debe dar más información, contestó con crispación a los periodistas que insistentemente le preguntaban por la salida de Monchi, la forma y el momento en el que lo hará. Castro repitió hasta la saciedad no saber nada y conminó a sus interlocutores a hacerle las mismas preguntas al interesado.

"Yo no sé absolutamente nada, pregúntenle a Monchi", espetaba una y otra vez. Incluso cuando le preguntaban si el sevillismo merece una explicación sobre este asunto insistía con la misma respuesta: "Pregúntenle a él, yo no sé nada". ¿Seguirá Monchi la próxima temporada en el Sevilla? "No lo sé". ¿Y cualquier club que venga a por Monchi tendrá que pagar la cláusula? "No lo sé. Es que no sé de qué me habláis. Yo sé que Monchi está en el Sevilla a día de hoy". ¿Y va a seguir al final de temporada? "Esperemos que así sea", repetía.

Hasta que estalló: "Que se lo pregunten a Monchi. A día de hoy es el director general deportivo del Sevilla", reiteró subiendo considerablemente el tono de voz.

-¿Y el presidente no sabe si su director deportivo va a seguir?

-"¿Otra vez? ¿Lo repito otra vez? Por favor, pregúntenle a Monchi".

-Pero usted algo se olerá...

-"Pero vamos a ver, ¿usted cree que yo no soy serio? A día de hoy Monchi es director general deportuvo del Sevilla. Es que no le puedo decir más...".

La pregunta para un sevillismo que anda a ciegas es qué esconde todo esto. Por lo pronto, lo primero que puede extraerse es que las declaraciones del presidente son un claro mensaje a Monchi para que aclare definitivamente de forma pública (y puede que también privada) cuál es su estrategia y su plan para salir del Sevilla.

Con el consejo dividido entre los partidarios de facilitar su marcha y los que exigirían el pago de su cláusula, las incógnitas se amontonan en la bandeja de entrada y el futuro, como los nervios, andan a flor de piel.

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