Sevilla FC

El Sevilla es el rey de la otra Liga (2-0)

  • La tropa de Lopetegui se impuso con solvencia al Villarreal de Emery en el duelo directo por la Champions

  • Un penalti de nuevo cuño abrió el camino y después los blancos se mostraron sólidos en todo momento hasta que sentenció En-Nesyri

El Sevilla es el rey de la otra Liga y lo volvió a demostrar en la tarde de este martes navideño en el Ramón Sánchez-Pizjuán. En un duelo directo que todos apuntaban en la lucha por la cuarta plaza liguera, por esa posición que en la teoría ya no corresponde a los tres colosos del balompié hispano, la tropa de Julen Lopetegui fue tremendamente superior a un Villarreal mucho mejor trabajado con Unai Emery, pero que evidenció estar aún bastante lejos de ese grupo de futbolistas que defiende de manera brillante el escudo de la entidad radicada en el sevillanísimo barrio de Nervión.

Los sevillistas fueron mejores de campana a campana, se mataron a correr, le cerraron todas las vías a los amarillos y encima dispusieron de las individualidades necesarias para decantar la balanza a su favor. Desde el primero hasta el último, desde Bono hasta Ocampos, si se sigue el patrón habitual a la hora de recital las alineaciones con su correspondiente disposición táctica. Porque el cancerbero marroquí, además de su maravilloso juego con los pies y de su serenidad, apareció en el momento justo para realizar dos verdaderos paradones a Pedraza y Chukweze para que los suyos siguieran viviendo con toda la tranquilidad hasta el pitido final; y el argentino fue un incordio constante en las contras hasta protagonizar un robo a Peña y un espectacular pase a En-Nesyri para el dos a cero.

Pero son los dos futbolistas que aparecerían en los extremos de esa alineación, aunque hubo nueve más que estuvieron todos a un nivel notable para lograr empequeñecer finalmente a ese pujante Villarreal. Porque Jesús Navas siempre intentó percutir y encima defendió como un excelente zaguero cuando Emery trató de hallar esa vía con Yéremi y Pedraza; porque Koundé, qué se puede decir de Koundé tanto en la protección como en la salida; porque Diego Carlos le metió la cadera a los rivales para convertirlo casi en juveniles cuando éstos trataban de encarar a Bono; porque Acuña es una máquina constante de generarle problemas a los rivales cuando tiene el balón en el lateral izquierdo y lo protege incluso con maestría cerca del banderín de córner rival.

El Sevilla fue una suma de individualidades magníficas en la máquina que engarza Julen Lopetegui

Permítame el lector un punto y aparte para seguir con la disección de todos los elementos. Y se llega al centro del campo, donde corren y corren y vuelven a correr y encima le dan el balón al que viste igual que ellos. Joan Jordán, a pesar de querer jugar siempre al primer toque y que eso le pueda perjudicar en ocasiones, es el futbolista que todo entrenador quiere tener en sus filas por lo que suma y lo que resta teniendo la clase que tiene; Rakitic sabe también amoldarse al rol de estrella trabajadora, algo que ya ha hecho infinidad de veces en sus últimos años en el Barcelona; y Fernando es un sabio entre los centrales, un futbolista que puede tener cuarenta años y seguir leyendo el juego a la perfección para darle a los suyos lo que necesitan.

Última línea, la delantera, una vez ya incrustado al principio el apunte para Ocampos. Suso, aunque no estuviera esta vez tan brillante, también aporta a la hora de retener la pelota y aportar con su visión periscópica tanto para las llegadas de Jesús Navas como para otras situaciones interiores. ¿Y En-Nesyri? Pues lo dicho en otras ocasiones recientemente, que cada vez define mejor ante el arco rival y eso, en un delantero con su volumen de trabajo, es acercarse a que el pavo real llegue a cantar.

Es una exposición de once piezas individuales, pero que encima estuvieron excelentemente engarzadas dentro del conjunto que dispuso Julen Lopetegui para derrotar a su paisano Unai Emery, un maravilloso entrenador también se pongan como se pongan sus críticos, que los hay. Y esa conjunción de todos los astros esta vez también se alió con un elemento del fútbol de los tiempos que corren, el balón que le da en la mano a un rival dentro del área y que supone un penalti inopinado. Sí, tiene razón quien se lamente de esa circunstancia, pero es que al que le toca, pues le toca, sin más.

Sería muy injusto limitar el análisis a esa mano, restaban más de ochenta minutos y el Sevilla supo protegerse

El tiro de Acuña no parecía llevar peligro, es verdad, pero la mano de Foyth estaba completamente abierta y, por tanto, con el reglamento amanerado con el que se dispone actualmente el fútbol, eso es penalti y así lo entendieron los dos jueces encargados de conducir las cosas bajo las leyes balompédicas. Eso es así, como también lo es que sin VAR casi nadie se hubiera dado cuenta de que la pelota le da en la mano con esa claridad al joven argentino.

Fue una ventaja para el Sevilla y nadie puede negar esa circunstancia, pero sería muy injusto limitar el análisis a esa jugada puntual. Restaban más de ochenta minutos, con sus correspondientes prolongaciones cuando se producía la transformación de Ocampos y el Villarreal, como hiciera el Valladolid, tenía tiempo más que de sobra para reaccionar.

Ocurrió, sin embargo, que el Sevilla no lo dejó, que supo protegerse tanto con balón como sin él y que también tuvo claro cuando le tenía que robar el esférico a la escuadra de Emery, principalmente a los medios centro o a algún lateral en la fase ofensiva. Y en una de ésas Ocampos lo logró, se la puso por delante a En-Nesyri para que éste definiera de una forma perfecta y dejara muy claro que este Sevilla es, a día de hoy, que nadie puede saber dentro de tres o cuatro meses, el rey de la otra Liga, la que no juegan los tres más grandes del fútbol español.

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