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Sevilla FC

El orgullo, 7 finales y una bala de plata

  • Cerrado el sueño de la Champions, el Sevilla obtendrá la calificación final a la temporada con la obligación de enmendar una nefasta Liga y la opción de ganar un título

Imagen de Steven N'Zonzi desolado al acabar el encuentro celebrado en el imponente Allianz Arena de Múnich. Imagen de Steven N'Zonzi desolado al acabar el encuentro celebrado en el imponente Allianz Arena de Múnich.

Imagen de Steven N'Zonzi desolado al acabar el encuentro celebrado en el imponente Allianz Arena de Múnich. / LUKAS BARTH / efe

El gran sueño, alimentado por machadas como la de la Roma ante el Barcelona, la del Liverpool frente el Manchester City y la que rozó la Juventus en el Bernabéu, llegó a su fin para el Sevilla, pero por el camino ha quedado la imagen de un equipo que siempre supo competir y que no se arrugó ante lo más granado de Europa.

Los futbolistas que defendieron el escudo del club nervionense pueden decir que estuvieron entre los ocho mejores del mundo, que salieron invictos de escenarios de enjundia como Anfield, Old Trafford y el Allianz Arena y que protagonizaron dos espectaculares remontadas ante el Liverpool, especialmente la llevada a cabo en el Sánchez-Pizjuán, donde los entonces dirigidos por Eduardo Berizzo perdían por un contundende 0-3 al descanso. Ninguno de los dos partidos ante los reds perdió el Sevilla a pesar de verse superado claramente en cada uno de los primeros tiempos. Pero ahí salió la raza, el orgullo y el sentimiento de honor con que el miércoles dijo adiós a la Champions, la más prestigiosa competición del mundo a nivel de clubes, dejando un halo de respeto y de una capacidad innata para no verse acomplejado ante nada ni nadie.

Porque el Sevilla cerró un importante capítulo de la campaña habiendo pasado por encima, en determinadas fases de sus partidos, de rivales como el United de Mourinho, al que sólo De Gea impidió no salir goleado de Nervión. Incluso el Bayern, el verdugo de sus sueños, se vio contra las cuerdas durante algo más de veinte minutos en su primera visita oficial a Nervión en la ida de cuartos. Los cerca de tres mil sevillistas que acompañaron al equipo en Múnich despidieron a los suyos haciendo oír el himno de El Arrebato ante 72.000 alemanes y agradeciendo la aventura hecha posible por el equipo de Montella.

Ahora, cuando los ecos de otro himno, el de Tony Britten, se amortiguan en los oídos de los sevillistas, queda por delante un final de campaña con tanta incertidumbre como carga sentimental con lo que conlleva una final de Copa. Ese momento, más siete finales en las que el Sevilla debe enmendar lo mucho que ha hecho mal en la Liga, ha de centrar a partir de ahora ese sentimiento de orgullo que llevó al equipo hasta donde se pararon sus sueños europeos.

El Sevilla se despide de la Champions sin perder en Anfield, Old Trafford ni en el Allianz Arena

Con dos citas fundamentales antes del duelo ante el Barcelona en el Wanda, frente al Villarrael en casa y ante el Deportivo en Riazor, la tropa de Montella debe recuperar su sitio en la zona europea después de haber perdido hace tiempo todas sus opciones de poder repetir en la próxima edición de la máxima competición continental.

Repartir bien los esfuerzos y gestionar los recursos del plantel está en el debe del napolitano, pero ahora está obligado a hilar fino y ajustarse los machos. Levante, Real Sociedad, Real Madrid, Betis y Alavés pararán la temporada en uno de los habituales cinco puntos valorables en las escuestas: muy buena, buena, regular, mala, muy mala. Los extremos ya están descartados. La última palabra la tienen 7 finales y una bala de plata.

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