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Los puños siguen apretados

  • El Sevilla se Caparrós se encuentra con la bola extra de un duelo difícil, sí, pero con tres puntos en juego, para avanzar en su pelea

  • El once sufrirá cambios, obligados y voluntarios

Sarabia, Banega, Nolito, Sandro, Escudero y Carlos Fernández durante el entrenamiento de ayer en el estadio. Sarabia, Banega, Nolito, Sandro, Escudero y Carlos Fernández durante el entrenamiento de ayer en el estadio.

Sarabia, Banega, Nolito, Sandro, Escudero y Carlos Fernández durante el entrenamiento de ayer en el estadio. / juan carlos muñoz

No queda más remedio que seguir con la guardia alta. Como en una contrarreloj en la que sale a pista y va por detrás de sus rivales en el crono, el Sevilla trata de salvar -o, mejor dicho, maquillar- la temporada estudiando para el examen el último día. Dispone de una bola extra que es este duelo ante el Real Madrid. Al menos así debe tomárselo el equipo de Caparrós aunque todos sabemos que se trata de la jornada en la que no pudo sumar, precisamente también la que lo adelantó el Getafe en la tabla de clasificación, por el extraño calendario improvisado al que llevó al meter la final de la Copa del Rey en mitad de otra competición.

La buena noticia es que dispone de esa bola extra para poder volver a los puestos europeos; la mala es que es ante el Real Madrid. Nunca se sabe porque el Ramón Sánchez-Pizjuán siempre se transforma en partidos como éste, pero el Real Madrid es el Real Madrid. Hace tiempo que perdió el tren de la Liga, está pendiente de una final (otra) de Champions, no viene Cristiano Ronaldo, tampoco Isco... pero el Real Madrid siempre es el Real Madrid y aún le queda dar caza al Atlético en el subcampeonato.

El volantazo a la desesperada hacia el fútbol de Caparrós tras el grave languidecimiento del efecto Montella salió bien en su estreno ante la Real Sociedad, pero no nos engañemos, no fue el partido perfecto y con el Real Madrid enfrente los ahora discípulos del veterano brujo utrerano tendrán que hacerlo mucho mejor si quieren sumar y encarar la recta final, el derbi y la última cita con el Alavés, con más optimismo y alegría y dependiendo de sí mismos.

FUENTE: Elaboración propia. GRÁFICO: Dpto. de Infografía. FUENTE: Elaboración propia. GRÁFICO: Dpto. de Infografía.

FUENTE: Elaboración propia. GRÁFICO: Dpto. de Infografía.

La fórmula es archiconocida y está desde hace 18 años en los arcanos de este club, aunque nada tenga que ver con la excelencia futbolística. Es digno de estudio la capacidad del sevillismo para entender qué necesita en cada momento su equipo y el efecto camaleónico con respecto a los colores que a lo largo de una misma temporada puede llegar a adoptar su nivel de exigencia.

Lo poco que se pudo ver ante la Real Sociedad es, sencillamente, otra forma de competir. Con la misma calidad de los Banega, N'Zonzi y compañía, pero con otra vuelta de tuerca en lo anímico, en lo que se refiere a intensidad y, cuando sea necesario, en el llamado otro fútbol. Menos miramientos para sacar la pelota en largo y más presión en el campo contrario siempre que se pueda.

Lo que cambiará, y no es nada baladí, es la calidad del rival y ahí el técnico tendrá que hilar fino para presentar un once que compita con garantías. Los tanques de gasolina están escasos y Caparrós, ya sea pensando en el derbi ya sea por pura incapacidad física de sus jugadores o por ambas cosas, tiene previsto hacer varios cambios en su once. Jesús Navas sigue fuera de la dinámica competitiva, Sarabia es baja obligada por sanción y otros, sencillamente, no aguantan el ritmo que pide el técnico.

El sevillismo a principios de temporada hubiese querido que la visita del Real Madrid se desarrollara en otras circunstancias, pero muchas cosas en el fútbol no se pueden elegir y los resultados son una de ellas.

Caparrós, a su manera, tiene la oportunidad de ser útil al Sevilla en un momento de zozobra. Ha pasado la primera prueba y ahora tiene un duro examen frente a uno de los colosos de la Liga que llega sin Cristiano y sin Carvajal, sí, pero con Marcelo, Modric, Benzema y Asensio, ese chico que también se ha acostumbrado a hacer goles contra el Sevilla cada vez que ha podido. El arbitraje de Mateu Lahoz ha dado que hablar en la últimas horas, pero el Sevilla debe centrarse en lo suyo. Si Caparrós manda apretar los puños hasta el final, pues hay que apretarlos y deben hacerlo todos. Jugadores, técnicos y afición. Es la única manera de salir del atolladero. Todavía queda guerra por delante y ya habrá tiempo de echar la vista atrás y relajar las manos.

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