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sevilla - atlético | el otro partido

Y de repente, otra vez una final a la vista

  • El mismo sevillismo que le daba a su equipo "un 0,1%" de posibilidades de apear al Atlético se ilusiona con su decimotercera semifinal en 14 años

Nada menos que 23 años se había llevado el Sevilla sin jugar una semifinales de Copa del Rey. Desde 1981, que cayó ante el Sporting de Gijón, hasta 2004. Un desierto de mediocridad, toda una prueba de fidelidad y esperanza. En esa eliminatoria de hace 14 años, Germán Burgos, el Mono, tuvo buena parte de culpa en que el Sevilla se fuera al Vicente Calderón con un 4-0 a favor, goles de Darío Silva, Pablo Alfaro, Reyes y Julio Baptista. Ya en la vuelta, los de blanco volvieron a ganar 1-2. Torres adelantó a los colchoneros nada más comenzar el partido pero en la segunda parte replicaron Julio Baptista y Darío Silva.

En aquella plantilla sevillista ya estaba haciendo méritos de becario un tal Jesús Navas. Cinco partidos jugó en la que fue su temporada inicial en el primer equipo.

Cuando colisionaron ese año, Atlético y Sevilla eran dos históricos melancólicos, que necesitaban mirar el álbum de fotos -en sepia, en el caso sevillista- para solazarse y sentirse orgulloso. Pero mucha gloria pasó bajo los puentes del Guadalquivir y el Manzanares desde entonces hasta el reencuentro del Mono Burgos, Fernando Torres y Jesús Navas, los supervivientes de aquella ardorosa batalla. Siete títulos fueron a las vitrinas de los colchoneros y nueve a las del Ramón Sánchez-Pizjuán.

Y el partido de ayer desprendió la grandeza de los equipos que se han habituado a las más nobles batallas. El ritmo frenético del balón, la electricidad que desprendía cada acción al límite, esos golazos de Escudero en acción colectiva y de Griezmann en una genialidad que aprovechó la posición algo adelantada de Sergio Rico. Un partido mayúsculo que sirve para llevar al Sevilla de la depresión al júbilo en apenas diez días, los que median de la derrota en Mendizorroza al brillantísimo triunfo de ayer.

Uno de los ingredientes que hacen que este deporte sepan tan bien es precisamente su imprevisibilidad. Muchos de los aficionados sevillistas que daban un "0,1%" de posibilidades a su equipo de apear a los pretorianos de Simeone de esta Copa, mañana atenderán al sorteo de las semifinales con la misma ilusión que ya lo hicieron en 2004 (ante el Real Madrid, eliminado); 2007 (Deportivo, clasificado para la final); 2009 (Athletic, eliminado); 2010 (Getafe, clasificado); 2011 (Real Madrid, eliminado); 2013 (Atlético, eliminado); y 2016 (Celta, clasificado).

De una semifinal en 23 años, a 13 semifinales en los últimos 14 al añadir a las ocho coperas las cinco de la actual Liga Europa. De la nostalgia en sepia al hábito de situarse en puertas de las finales... para cruzarla a menudo.

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