Vacaciones

Formentera, la transición ecológica

  • La minúscula y paradisíaca isla balear redobla sus esfuerzos por mantenerse como paradigma de turismo sostenible ante la desmesura que la amenaza

Un surfero aprovecha el viento idóneo para adentrarse en las aguas de Les Illetes y practicar 'kitesurf'. Un surfero aprovecha el viento idóneo para adentrarse en las aguas de Les Illetes y practicar 'kitesurf'.

Un surfero aprovecha el viento idóneo para adentrarse en las aguas de Les Illetes y practicar 'kitesurf'. / Consell de Formentera / J. A. Solís

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Ahora que España acaba de estrenar un Ministerio de Transición Ecológica, con más fuerza gira la hélice de tres aspas (Ses Salines al norte, Barbaria al suroeste, La Mola al sureste) que flota en el Mediterráneo, a los pies de Ibiza. Porque Formentera es una hélice que impulsa con la fuerza del viento un turismo alternativo, el que enarbola la bandera de lo sostenible. Esta minúscula isla, entre cuyos rincones más alejados median apenas 22 kilómetros, aún destila paz. Aún. A algo menos de una hora en ferry (25 minutos en barco-jet) se encuentra la dionisíaca Ibiza. El risco ibicenco de Es Vedrá se divisa desde el puerto de La Savina como un monte Parnaso de adoración para los poetas y musas de la noche ibicenca. Pero los formenterenses no quieren caer en el pecado. Porque sería un pecado mortal.

Carlos Bernús, gerente del Consell de Turismo de Formentera, tiene muy claro que la gestión política debe girar en torno a la conservación e incluso potenciación de ese turismo sostenible. Poner barreras al flujo de turismo descontrolado como la posidonia sirve de barrera protectora a los 70 kilómetros de costas de la isla. "El desarrollo sostenible es la piedra angular. Y lo reflejamos en muchos puntos. Sólo dos grandes cadenas hoteleras han podido construir aquí. Las grandes cadenas de restaurantes que todos tenemos en la mente no han podido abrir. Tampoco hay campings, a finales de los 80 hubo una gran movilización de los residentes (apenas moran 10.000 habitantes fijos) para que no los hubiera".

Bernús va más allá. "La posibilidad de construir una carretera de doble carril en cada dirección queda descartada. Sería empezar a desnaturalizar la isla". Sería atentar contra su factor diferencial. Que es su tesoro. Una de las iniciativas que pretende dar un giro de tuerca en la preservación de los valores naturales de esta minúscula isla es la limitación del acceso de las embarcaciones a esas bellísimas aguamarinas que dibujan sus calas.

De surferos a bañistas

Les Illetes es acaso la niña bonita de la isla. Allí la posidonia pinta postales de una belleza apabullante. En el último fin de semana de abril, los surferos apuraban sus últimos días para rebozarse en las arenas blanquísimas, preparar sus cometas y arneses y aguardar a que el viento los invitara a zambullirse con sus tablas. Y los invitó con generosidad. El kitesurf pega fuerte. Y las cometas pronto se entregaron a un frenético baile de amerizajes, saltos y acrobacias. En mayo todo es distinto ya. La playa volvió a ser para los bañistas. Y entre ellos, italianos por cientos. La política de los paquetes turísticos en el país de la bota se fue de las manos en su día y hay momentos en que Formentera parece más cercana a Cagliari que a Denia.

El compromiso con el medio ambiente se refleja en la transparencia a lo largo de los 70 kilómetros de costa. El compromiso con el medio ambiente se refleja en la transparencia a lo largo de los 70 kilómetros de costa.

El compromiso con el medio ambiente se refleja en la transparencia a lo largo de los 70 kilómetros de costa. / Consell de Formentera / J. A. Solís

Esa amistosa, incluso festiva invasión italiana tiene su reflejo en la restauración. Y como suele ocurrir, hay versiones de la 'cucina' más dignas que otras. En Es Pujols, Chezz Gerdi es una terraza de lo más 'cool' donde puedes tomar una más que aceptable pizza, pero también un sabroso pulpo a la brasa. Italia ha desembarcado, pero también integra. Y se integra.

El embrión del turismo

No obstante, el embrión turístico de Formentera fueron esos modestos y austeros establecimientos que arraigaron allá por los cincuenta. Hoy, el Hotel y Spa Cala Saona proyecta su aire vanguardista sobre la playa homónima, una pequeña joya que mira a Poniente. Pero el origen de todo se remonta a 1954. Juan Ferrer Castelló, Platé (1905-1965), encarna a uno de tantos lugareños que hizo las maletas cuantas veces hizo falta para labrarse un futuro, hacerse a sí mismo y volver con posibles a la tierra de sus sueños. Emigró a Argentina antes de regresar y fundar la Fonda Platé, en la localidad de Sa Francesc. Luego marchó con su familia a Barcelona y entró a trabajar en el Hotel Ritz, donde siguió aprendiendo las particularidades del negocio de la hostelería. Así volvió de nuevo a la isla y vio que cala Saona era perfecta para levantar una residencia sin más pretensiones. El Cala Saona, hoy de 4 estrellas, presume de "respetar las esencias de nuestra isla, algo vital para seguir diferenciándonos, aunque adaptándonos siempre a los nuevos tiempos", resalta Lina, miembro de una familia que en su tercera generación permanece ligada al mismo negocio que levantó su visionario abuelo.

Todos los regueros de opinión desembocan en el mismo caudal: la necesidad de preservar Formentera como reducto medioambiental, sin que ello equivalga a enrocarse ante ese turista que descubre las excelencias naturales que alberga la isla.

El pulpo a la brasa del Restaurante Casbah, en Mitjorn, un lugar ya referencial dentro de la gastronomía de formentera. El pulpo a la brasa del Restaurante Casbah, en Mitjorn, un lugar ya referencial dentro de la gastronomía de formentera.

El pulpo a la brasa del Restaurante Casbah, en Mitjorn, un lugar ya referencial dentro de la gastronomía de formentera. / Consell de Formentera / J. A. Solís

También en la mesa se refleja esa inquietud por el respeto a los valores de la tierra y proliferan los establecimientos con una carta sustentada en productos autóctonos, en muchos casos cultivados a escasos metros de donde el comensal los paladeará luego. Es el caso de Hotel Casbah Formentera, en Mitjorn, la amplia playa abierta al sur. El establecimiento mantiene un proceso de renovación de aproximadamente 5 años en el que los materiales empleados, la estética, los procesos, han sido cuidados para no dañar el entorno natural e integrarlo. De noche, el juego de tenues luces recorta el jardín mediterráneo, con plantas autóctonas. De esa tierra sale el orégano fresco que adereza alguno de sus platos. Igual que de las aguas cercanas pescaron la sirvia (así denominan allí al pez limón, excelente, de la zona) con crema de garbanzos, espinacas y un toque de aceite de pimentón que preparó la chef Martina Cacheiro, una coruñesa de sólo 27 años cuya maestría ya va de boca en boca por los mentideros de la isla. Producto local, cercanía. Identidad y esencia.

Temporada dilatada

Daniel Carretero, desde Casbah, da una clave para preservar el código genético de este privilegiado enclave: “El turismo es cíclico, y si bien ahora la saturación puede ser una amenaza, ya se están poniendo medios para regular convenientemente la oferta y la demanda. La isla no puede crecer, tiene el tamaño que tiene, y la propia naturaleza del destino ajustará la demanda. Si bien es cierto que en los últimos años se han vivido picos de muchos visitantes, se viene trabajando desde hace tiempo para no crecer más en esos picos y sí alargar y repartir la temporada turística. Nosotros somos un claro ejemplo al estar abiertos entre 8 y 9 meses al año”.

La isla se adentra poco a poco en su temporada alta. El peligro de la saturación late, pero por ahora está bajo control. Antonio Ribas, que salta desde su Ibiza natal para oficiar de experto guía turístico, resalta también que las autoridades se cuidan mucho de que haya pulso social el mayor tiempo posible al año: "El buen clima es cada vez más prolongado en el calendario. En febrero hacen días de 20 grados, en marzo los 22-25 ya son habituales. Y hay una penalización para los locales que no abren un mínimo de seis meses al año. También las cuatro compañías de ferrys que operan en la isla, si no mantienen la línea todo el año, tienen penalización”.

Ribas recuerda que los habitantes de Formentera gozan de doble insularidad a efectos fiscales, al no disponer de aeropuerto. “Hubo intención de abrir una conexión aérea mediante hidroaviones, pero atentaba contra el espíritu de la isla, los inconvenientes como el ruido lo descartaron rápidamente”.

En bici o a pie

Esa inquietud por preservar el medio ambiente se refleja también en las decenas de kilómetros de carril bici que ya se extienden, así como los caminos rurales para dar pedales entre la arboleda. También los grupos de senderistas hormiguean por toda la isla con su ropa deportiva de tonos ácidos y sus bastones.

Las cortas distancias y la orografía hacen de Formentera un enclave ideal para hacer rutas a pie o en bici. Las cortas distancias y la orografía hacen de Formentera un enclave ideal para hacer rutas a pie o en bici.

Las cortas distancias y la orografía hacen de Formentera un enclave ideal para hacer rutas a pie o en bici. / Consell de Formentera / J. A. Solís

Daniel Aguilera, ingeniero electrónico de Terrassa (Barcelona), lo vio claro y hoy organiza durante los seis meses más turísticos del año rutas guiadas (walkingformentera.com): "Formentera es un destino turístico muy conocido para disfrutar de increíbles playas de arena fina y aguas azul turquesa. Sin embargo, también se compone de 70 kilómetros de perímetro de costa para caminar, correr, darle a la bicicleta de montaña y explorar sus numerosas cuevas y cavernas", resalta. Pueden ser rutas para expertos y otras menos exigentes. "Por ejemplo una ruta circular de tres horas, sencilla y sin desnivel, apta para toda la familia, en la que caminamos por pista forestal para ver los árboles centenarios (la sabina, el árbol emblemático de la isla, o majestuosos pinos), la zona en reforestación y las ruinas arqueológicas de un poblado de hace 4.000 años. Los acantilados de las caras este y oeste nos muestran un paisaje increíble, y más en la puesta de sol".

Cuando el sol cae, riadas de gente atraviesan la angosta calzada que desemboca en el faro de Cap de Barbaria, el que tanto promocionó la actriz Paz Vega a lomos de su moto en 'Lucía y el sexo'. El cielo se va tiñendo de tonos anaranjados y violáceos. De Julio Medem a Claude Monet. Todo en calma. Apenas el susurro del oleaje rompe un silencio aún sostenible.

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