Opinión

Una lección maestra para no olvidar

El campo no paró y no escasearon los alimentos El campo no paró y no escasearon los alimentos

El campo no paró y no escasearon los alimentos / Diario de Almería

Carmen Fenoy, periodista en Diario de Almería, Grupo Joly Carmen Fenoy, periodista en Diario de Almería, Grupo Joly

Carmen Fenoy, periodista en Diario de Almería, Grupo Joly / (Almería)

Ansiamos tanto lo que teníamos, que igual que en pocas horas valoramos lo verdaderamente necesario, llegado el momento borramos de nuestra mente aquello de lo que nos dimos cuenta en esos meses del estado de alarma. La memoria es frágil o, quizás, el ser humano es demasiado inteligente a la hora de eliminar los duros recuerdos para disfrutar o llevar mejor lo que le queda de camino. Esto va en nuestra naturaleza, pero debemos saber extraer lecciones de todo lo pasado y si bien, ojalá sea pronto, recuperemos la proximidad entre seres humanos y el afecto cálido, sigamos manteniendo en nuestra consciencia la importancia del trabajo de todos los que hacen posible algo tan esencial como poder vivir. Durante esta primavera vimos cómo podíamos sobrevivir confinados en casa con aquellos chándals de los 90 anclados durante años en un cajón y fuimos conscientes de que los alimentos no caen del cielo. Dejamos de oír y escuchamos entonces los ecos de aquellas reivindicaciones de horas antes a que Pedro Sánchez anunciara que no podríamos salir de casa para frenar la expansión de la COVID-19 por parte de los agricultores que pedían un precio justo para sus producciones. Tenemos que saber y disfrutar los que tenemos, pero también saber de dónde viene y valorar lo que cuesta tenerlo. Mientras en otros países hacen bandera de lo suyo, nosotros en ocasiones renegamos de ello. En estos meses hemos visto la importancia de trabajar en equipo, por lo que la inteligencia humana debe ahora demostrar que no hay que borrar sino transformar en aprendizaje todas las experiencias acumuladas desde marzo.

Estamos en deuda con el sector, no por la ‘obligación’ de realizar su actividad sino porque ello le ha costado dejar atrás, por el bien común, sus reivindicaciones.

Ahora bien, la crisis sanitaria también está contribuyendo a que el sector agroalimentario evolucione a marchas forzadas y está cambiando aspectos de nuestra rutina como consumidores. La proximidad digital se ha convertido en una pieza clave como descubría el IV Observatorio para la Evolución del Comercio Electrónico en Alimentación 2020 de Asedas, realizado junto a las universidades Complutense y Autónoma de Madrid, que ponía de manifiesto que los consumidores que más habían aumentado en comparación con el año 2019 eran los “mixtos” (los que utilizan canales de venta físicos y digitales), quienes habían experimentado un incremento de un 4,8 por ciento. El evitar ponernos en riesgo ha hecho que muchas personas se aproximen al comercio electrónico por primera vez y otras se vuelvan habituales, pero esto no ha afectado sólo a los supermercados, sino también, directamente a las comercializadoras agrícolas. Hace ya algunos años que las firmas hortofrutícolas apostaron por contar con un canal de venta en internet para dispensar sus productos directamente al cliente final. Si bien esta herramienta era más un servicio añadido para el consumidor que un gran aporte a su cuenta de resultados, durante el confinamiento se convirtió en una herramienta fundamental para quienes optaron por comprar sin salir de casa y en un incremento importante de las ventas en soporte digital para las empresas, cuyo porcentaje varía según el punto de partida. A finales de abril, desde la cooperativa CASI, por ejemplo, hablaban de una subida del 400% y un incremento del 700% trasladaban desde Del Barco a la Mesa, la iniciativa de la organización de productores pesqueros de Almería que comercializa directamente los productos del mar desde la lonja de la caplital. También el confinamiento ha variado el hábito de consumo que hizo replantearse diversas estrategias a distintas empresas, puesto que durante el estado de alarma, las personas tenían más tiempo para cocinar y prescindían de productos de cuarta y quinta gama, algo que se está prolongando también en el tiempo a causa del teletrabajo.

Además de la demanda por parte del consumidor a todo esto contribuye el capital humano. En este sentido, los departamentos de Marketing y Comunicación de las distintas empresas también se han puesto en valor, tanto para hacer llegar a los clientes las facilidades para adquirir los productos como para vender las ‘bondades’ de los mismos con el fin de no romper la cadena. Y es que a pesar de que los alimentos sean un bien esencial, no todos han tenido una gran salida durante la crisis. En un inicio, los consumidores pensaban en hacer acopio por la incertidumbre o el miedo al desabastecimiento, por lo que eran los productos con larga vida los que más se compraban frente a los más perecederos o premium, estos últimos aparejados a un precio mayor. A ello se suma el cierre del canal Horeca. Con las persianas bajadas en la hostelería muchos productos no encontraron nicho de mercado, al menos no el suficiente, esto sucedía, sobre todo, con el marisco y ciertas carnes como el cabrito. Por otro lado, las empresas han tenido que afrontar una importante inversión para implantar medidas de seguridad y protección tanto físicas como organizativas para que el personal, como es el caso del manipulado, no coincidiera a la vez y prevenir que en caso de que hubiera alguna persona contagiada no tuviera que guardar cuarentena todo el equipo. Otros costes añadidos tienen que ver con la logística en la exportación. Estos se incrementaron al no haber retorno pues este debía limitarse a aquellas actividades que no cesaron su actividad.

Durante esta primavera el agro ha mostrado su lado más solidario, no sólo con la donación de material y alimentos a sanitarios y personas en situaciones de vulnerabilidad, sino que ha sabido aparcar su estado ‘al límite’ para no poner límites a su trabajo. Ahora a la sociedad le toca devolver ese favor, estamos en deuda con el sector primario, no por la ‘obligación’ de realizar su actividad sino porque ello le ha costado dinero y, sobre todo, dejar atrás, aunque sea por un tiempo y por el bien común, sus reivindicaciones.

Ahora se utiliza mucho el término resiliencia y es que, sin duda, el sector ha demostrado una vez más su capacidad para sobreponerse a cualquier obstáculo.

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