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Los deportes más sorprendentes que se han celebrado en Cádiz

No solo de fútbol ha vivido el deporte en Cádiz. Es cierto que por la innata falta de suelo, en la ciudad ha sido siempre complicado poner en marcha equipamientos deportivos más allá de los pabellones o las actividades náuticas. Incluso en su día costó levantar un estadio hasta que mediados los años 50 del pasado siglo se inauguró en estadio Ramón de Carranza. Antes, en la década de los 20, se proyectó un "stadium", que el millonario gaditano Elías Ahujá propuso construir y financiar en los suelos hoy ocupados por viviendas militares junto al parque Genovés. Cuando el suelo aún estaba sin edificar en una parte de Puerta Tierra, pues la vida de la ciudad se concentraba en el casco histórico, se aprovechaba esta posibilidad para levantar diversos equipamientos deportivos. Algunos claramente elitistas. Es el caso del Tiro de Pichón, que en 1925 puso en marcha unas lujosas y coquetas instalaciones en la zona de Puntales. Juan Talavera fue el autor del proyecto de la sede social, utilizada por la burguesía gaditana. En la zona de los Depósitos de Tabaco funcionó también un hipódromo, con la creación del Jockey Club. Las carreras de caballo también eran habituales en la playa de Cádiz. Ramón de Carranza llegó a encargar un proyecto para habilitar gradas para los espectadores en la playa de Cortadura. Estas carreras se extendieron en el tiempo, hasta la mitad del pasado siglo XX. La playa también era utilizada, en la temporada de verano, para las carreras de motos, una práctica habityal desde la década de los 20, cuando el Ayuntamiento quiso potenciar el carácter turístico de la ciudad. Las motos también llegaron a utilizar, a modo de circuito urbano, las calles de Bahía Blanca en torneos que se desarrollaron ya en los años 60. Cerca de la playa y en la antigua Glorieta Ingeniero la Cierva, el Ayuntamiento levantó una piscina municipal al aire libre, diseñada por Antonio Estevez, sede de partidos de waterpolo. Y junto al recién construido Carranza se llegó a diseñar un campo para jugar al mini-golf, que nunca se puso en marcha, aunque sí la bolera, derriba hace unas décadas.