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Visto y Oído

'Sánchezes'

Con José Antonio Sánchez Telemadrid alcanzó el sótano de seguidores, con una cadena autonómica desacreditada, escorada, torcida e indiferente, cuyo contenido de mayor relevancia entre el público eran por la tarde las vetustas películas del Oeste (el mismo modelo que le maquilla la existencia a la Trece episcopal). El redactor onubense, comisionista documentado del PP, con ese empaque de solemne desprecio a los demás, triunfó entre sus fieles de la calle Génova cuando no le tembló el pulso para despedir a más de 800 empleados, muchos de ellos rojos judeomasones, justificaría él, para sanear las cuentas de una cadena que se fueron cargando durante años los propios dirigentes populares. Sánchez no sabe hacer televisión. Y aún menos sin tirar al monte de sus partidismos. Cree que el espectador es un un súbdito bostezante sin carácter crítico. En ésas también estamos en esta Andalucía de Susana Díaz, donde la RTVA ha perdido casi todo atisbo de vocación pública y la ambición para que los andaluces vuelvan a ser lo que fuimos y no esta tierra de desesperanza y autocomplacencia panderetera. El PP y el PSOE son aquí aliados de ese modelo por un puñado de euros en el consejo.

Aunque haya sido a contrapelo, forzando las correcciones, el gobierno de Pedro Sánchez ha diseñado un decreto ley 155 Style en Prado del Rey para dejar en fuera de juego a un PP nacional que pretendía por el método de la empalizada mantener a RTVE en el limbo del desencanto. Porque era urgente acabar con un período como el de José Antonio Sánchez en el que La 1 ha perdido del todo su sentido del deber del servicio público y La 2 y los canales temáticos (en especial el 24 Horas) cada vez más perdidos en el mando y en el interés.

Pese a la interinidad en que se instalará el nuevo equipo, con sólo un poco de buena intención RTVE debe mejorar de cara a sus jefes: los contribuyentes. Sin embargo, interinidades perpetuas como la de la coplera cadena susanista sólo viene a fatigar un modelo sin ideas.

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