11ª de abono en la Real Maestranza de Sevilla

Festejo con escaso contenido

  • Talavante consigue el único trofeo.

  • David Mora, vuelta al ruedo, y Morante, de vacío.

  • Toros de Núñez del Cuvillo, desiguales en hechuras y de juego dispar.

Alejandro Talavante, en vuelta al ruedo con una oreja del segundo toro. Alejandro Talavante, en vuelta al ruedo con una oreja del segundo toro.

Alejandro Talavante, en vuelta al ruedo con una oreja del segundo toro. / Juan Carlos Muñoz

Máxima expectación y de nuevo todo quedó en las antípodas de la misma, en un festejo con escaso contenido artístico y en el que Alejandro Talavante cortó una oreja al segundo toro; entre tanto David Mora dio una vuelta al ruedo y Morante se marchó de vacío. Por más que empujó el público, que ovacionaba con la misma intensidad lo bueno que lo regular, no hubo ni una sola faena redonda y para premio.

Morante de la Puebla, por unas u otras causas, cerró su feria -cuatro festejos-, en blanco, aunque en su tercera tarde dejó momentos espléndidos con un toreo de gran naturalidad. Talavante, que hizo doblete, consiguió el único trofeo. Y David Mora, en su única tarde, dio una vuelta al ruedo.

Alejandro Talavante, ante el encastado segundo, un toro que tuvo como mayor virtud la movilidad, concretó una faena en los tercios marcada por la ligazón, lo que fue fundamental para que el público respondiera. Pero los muletazos carecieron de enjundia. Fue un trasteo correcto y liviano por ambos pitones. La estocada al primer envite fue decisiva para la petición de oreja, que en este caso concedió el palco. El pacense cobró el único y benévolo trofeo de la tarde.

Ante el manso quinto, que humillaba, pero que se revolvía pronto y cabeceaba, Talavante consiguió hilvanar una tanda diestra, junto a tablas, en el epílogo de un trasteo porfión.

Morante, con el encastadito que abrió plaza, que carecía de clase, realizó un trasteo con muchos enganchones, algunos coreados incomprensiblemente con oles. Hubo un par de naturales bellos y otros dos más magníficos que rezumaron torería. También destacó en una serie diestra, en un personalísimo pase de pecho y en algunos adornos. Faltó armazón a la faena. Tras una estocada, el tiempo pasó sin que empleara el verdugüillo, con el toro resistiéndose a morir. Escuchó en ese intervalo dos avisos hasta que el animal dobló. Hubo petición de oreja minoritaria y todo quedó en una fuerte ovación.

Ante el colorao cuarto, mansísimo, Morante destacó en un quite con unas chicuelinas preciosas, que no pudo redondear al huir el toro. Banderilleó. Aunque no es algo novedoso, la ovación cuando cogió los palos fue atronadora. El torero, en los dos primeros pares, estuvo muy lejos de reunir en la cara del toro. Fue más ovacionado en el tercero, que prendió al quiebro. Intentó hacerse con el toro, refugiado en tablas, y no hubo nada que rascar.

David Mora, que contó con el mejor lote, tampoco redondeó su actaución. Ante el tercero, un ejemplar que cumplió en varas y que tenía buena condición, no pudo redondear la faena, porque el animal se rajó pronto. Mora logró como mejor nota una serie al natural, rematada con un gran pase pecho que caló en el publico e hizo saltar la música. Pero el toro se rajó y ahí acabó todo.

Ante el serio y buen sexto, que se rajó en este caso después de tres tandas, David Mora, que lo había recibido con una larga cambiada de rodillas junto a tablas, descolló en una serie soberbia con la diestra. Fue lo único porque el funo tomó billete en busca de la dehesa y se desvaneció la faena.

La Maestranza lució preciosa en un día soleado, pero lo que sucedió en el ruedo fue otra historia. Un festejo más, sin apenas contenido artístico y muy, muy lejos de la expectación que había despertado.

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