Toros

‘La Guerrilla’: cincuenta años después

  • El Cordobés y Palomo Linares organizaron una temporada paralela en 1969

Imagen de Manuel Benítez El Cordobés. Imagen de Manuel Benítez El Cordobés.

Imagen de Manuel Benítez El Cordobés. / El Día

El 1 de febrero de 1967 se produjo un breve cataclismo en el llamado planeta de los toros. Manuel Benítez El Cordobés convocó a la prensa para anunciar su decisión de retirarse del toreo. El llamado Ciclón de Palma del Río era en esos momentos la base indiscutible de las ferias y su nombre se bastaba para llenar las plazas.

El trasfondo del asunto no era otro que los altísimos honorarios del matador. La patronal se habían conjurado para poner un tope a esas aspiraciones dinerarias pero el anuncio de la retirada frustró sus planes.

Finalmente el asunto concluyó con la firma del torero y los empresarios. El Cordobés había reconsiderado su postura, pero las grandes empresas, a cambio, tuvieron que atenerse a su altísimo caché; el empresariado había tragado con las exigencias de El Cordobés en 1967, pero volvieron a conjurarse en 1969 para poner freno a las crecientes aspiraciones económicas de las figuras de la época.

El objetivo, en realidad, volvía a pasar por poner coto al altísimo caché de Benítez y los empresarios Manuel Martínez Chopera, Balañá, Canorea, los Dominguín, Emilio Miranda y Stuyck pretendían igualar los honorarios del califa cordobés, además de contratar el bloque al torero.

La respuesta de éste no se hizo esperar. Aliado con Palomo Linares, que gravitaba en la órbita de la poderosa casa empresarial de los Lozano, El Cordobés decretó su propio “alzamiento” en plazas ajenas al circuito oficial; ese “pronunciamiento” pasaría a la historia con el nombre de La Guerrilla y contaría además con el altavoz que prestaba el periodista Emilio Romero desde su tribuna del diario Pueblo.

La estrategia proyectada era sencilla: llenar hasta los topes cosos de segunda y tercera y hasta montar un coso portátil dónde hiciera falta, evitando las plazas de los empresarios conjurados.

El conflicto estaba servido y el Cordobés y Palomo Linares firmaron un comunicado que, en su trasfondo, sólo era una declaración de guerra al empresario Chopera; se acusaba al empresario vasco de haberse enriquecido a costa de El Cordobés.

Benítez y Palomo Linares insistieron en ese comunicado en que estaban dispuestos a cobrar menos en plazas de menor aforo, “lo que prueba que su firme postura ante el monopolio no tiene por objeto más que la independencia para contratarse”, rezaba el comunicado.

Benítez y Linares estoquearon reses abusadamente disminuidas en esa Guerrilla que les llevó por toda la geografía nacional, organizando las corridas por su cuenta y saliendo a hombros de las multitudes enardecidas. Emilio Romero usó las páginas de Pueblo como un auténtico parte bélico y otros medios se sumaron a esa guerra dialéctica como el semanario especializado Ruedo que aseguraba que “no habrá paz en 1969”.

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