feria de san isidro | vigésima octava en la plaza de las ventas

Octavio Chacón, soberbio lidiador

  • El gaditano, por encima de su lote, da una vuelta al ruedo en el primer toro, premiado injustamente con vuelta al anillo en el arrastre

  • Esaú Fernández y Sebastián Ritter, de vacío ante una mansada peligrosa de Saltillo

Octavio Chacón, en unos doblones con los que comenzó su faena al toro que abrió plaza. Octavio Chacón, en unos doblones con los que comenzó su faena al toro que abrió plaza.

Octavio Chacón, en unos doblones con los que comenzó su faena al toro que abrió plaza. / kiko huesca / efe

La vigésima octava de San Isidro estuvo marcada por la gran actuación de Octavio Chacón y por una corrida de Saltillo en la que predominó la mansedumbre y el peligro.

El presidente, Gonzalo de Villa, que si no me equivoco es el mismo que ya armó una gorda cuando denegó un merecido trofeo a Fortes, volvió ayer a hacer de las suyas, evitando el premio a Octavio Chacón y concediendo una inmerecida vuelta al ruedo al toro al que había lidiado espléndidamente y con temple superior. Este hombre no tiene ni idea y no debería presidir más festejos taurinos.

La tarde fue una sucesión de sustos y la terna, poco placeada, pecó de generosidad, colocando de lejos a toros mansos que huían o cabeceaban en varas y desarrollaban sentido en la muleta. Por si fuera poco, Octavio Chacón, Esaú Fernández y Sebastián Ritter tuvieron, además, que lidiar con rachas de viento, por lo que tampoco podían sacar a los medios a los astados, que se hacían más fuertes en los terrenos de los adentros.

Octavio Chacón estuvo a una gran altura ante su lote, con dominio y temple. Con el que abrió plaza dejó patente su solvencia ante un toro bajo, que hizo una buena pelea en varas, derribando en el primer encuentro y acudiendo otras dos veces de largo, en la última con amago de huir y en las tres sin meter la cara abajo. Tuvo un pitón derecho potable, colándose reiteradamente por el izquierdo. El gaditano lo sacó muy bien de tablas a la verónica para abrochar con una media honda. Con la franela comenzó con unos doblones firmes y a la vez suaves, aunque el toro no humillaba. Y con la diestra trazó tres buenas series, la tercera ya con el astado a su aire, desentendiéndose. Al natural no pudo lucirse porque el astado se colaba. Mató de estocada al encuentro. Y aquí vino lo grande: el usía, Gonzalo de Villa, al ver que el público ondeaba pañuelos blancos para solicitar la oreja, debió interpretar otra cosa porque sacó el pañuelo verde para que le dieran la vuelta al ruedo al astado en el arrastre. ¡Increíble! La cara de Chacón era un poema. Debió pensar que en lugar de encontrarse en Las Ventas estaba en Marte. Menos mal que el público le ovacionó y animó a dar una vuelta al ruedo, que es lo mínimo que merecía, y abroncó al inepto presidente.

El alto, manso y peligroso cuarto, que sabía latín, le rajó el capote a Octavio Chacón como si fuera de papel. No quiso nada en varas y puso en apuros a los banderilleros. El diestro se jugó el pellejo en una labor honrada, salvando tarascadas, para matar de estocada y ser ovacionado.

Esaú Fernández, con el serio, manso y peligroso segundo, un auténtico regalito, no tuvo opción alguna. En el tercio de banderillas, Pascual Mellinas, muy bien colocado, hizo un quite al riesgo a Candelas, librándole de una cornada cantada. Esaú, que tuvo que luchar también contra el viento, mató al peligroso toro de estocada para ser silenciado.

El quinto, bien presentado, muy manso -barbeaba las tablas-, y que se partió el pitón izquierdo, manseó en varas, esperó en banderillas y midió al diestro en la muleta. Esaú Fernández no se encontró a gusto ante un toro complicado, dando un mitin en la suerte suprema; siendo pitado.

Sebastián Ritter, con el tercero, cuesta arriba, mansísimo y muy peligroso, la lidia transcurrió entre susto y susto, con algún desarme. El colombiano hizo frente a la situación con valor y consiguió meter un espadazo para ser ovacionado.

El sexto, muy serio, también esperó en banderillas. Ritter pasó muchos apuros con un toro que únicamente buscaba el bulto. Tras uno de los desarmes hizo hilo con el torero, al que cogió por la espalda, propinándole algunos varetazos. El diestro acabó como pudo con con la pesadilla y fue ovacionado. Pero lo más importante es que salió vivo, como sus compañeros.

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