Excavación arqueológica

Los últimos secretos de las termas romanas de Carmona

  • Un grupo de jóvenes liderados por el arqueólogo Juan Manuel Román llevan cinco años desvelando los secretos ocultos de esta ciudad sevillana que, desde la Edad del Cobre, ha estado habitada sin interrupción

  • Este verano afrontan la última fase del ambicioso proyecto de excavación

Restos romanos de termas públicas, en Carmona Restos romanos de termas públicas, en Carmona

Restos romanos de termas públicas, en Carmona / Juan Carlos Muñoz (Sevilla)

Cerca del Ayuntamiento de Carmona un grupo de jóvenes se reúnen a diario con una apasionante misión: descubrir los secretos que esconde esta ancestral localidad sevillana que atesora el legado de la civilización romana, islámica y mudéjar. El arqueólogo Juan Manuel Román dirige un ambicioso proyecto de excavación que se puso en marcha hace doce años y que este verano culmina con la última fase de los trabajos de excavación

En pleno casco antiguo de la ciudad se encuentra la Plaza de Julián Besteiro, un político socialista que, tras la guerra civil, 

Restos romanos de termas públicas, en Carmona Restos romanos de termas públicas, en Carmona

Restos romanos de termas públicas, en Carmona / Juan Carlos Muñoz (Sevilla)

fue condenado a cumplir su pena en la cárcel resultante de la expropiación del que fuera el convento de San José, fundado por los carmelitas a finales del siglo XVII. Dos siglos después, como consecuencia de las reformas de desamortización eclesiástica, se convirtió en cárcel, lugar en el que el socialista Besteiro encontraría la muerte dando nombre a esta plaza. La edificación, finalmente, fue derruida, dejando tras de sí una explanada cargada de secretos.

Siglos de historias aguardaban bajo este suelo sevillano hasta que una propuesta de construcción de un aparcamiento subterráneo destapó uno de los mayores hallazgos hasta la fecha. El Ayuntamiento de Carmona cuenta con su propio servicio de arqueología, por lo que, tras el descubrimiento, decidió dar prioridad a la excavación dejando de lado la propuesta del parking inicialmente planteada.

Así lo explica Juan Manuel Román, arqueólogo encargado de la exploración y profesional responsable de esta actividad desde hace 5 años, cuando salió a la luz parte del solar y descubrieron restos romanos. El problema se encontraba en que estas muestras arqueológicas estaban notablemente deterioradas, y exponerlas a la intemperie solo empeoraría su conservación, por lo que se documentó, se cubrió con un geotextil y con una fina capa de albero (para mantener lo hallado) y se volvió a proteger con el mismo material previamente extraído.

Juan Manuel Román, arqueólogo Juan Manuel Román, arqueólogo

Juan Manuel Román, arqueólogo / Juan Carlos Muñoz (Sevilla)

La sorpresa fue que, excavada la otra mitad de la plaza, los restos encontrados estaban en condiciones óptimas de conservación. “Tenemos limitaciones espaciales debido a que la plaza se encuentra rodeada de edificios”, explica a este diario Román. Sin embargo, el solar es extenso, y ya en el segmento investigado han descubierto numerosos hallazgos de gran importancia.

“Nuestro trabajo es ir reconstruyendo”, afirma sobre el terreno el arqueólogo, quien cuenta como anécdota que cuando comenzaron con la excavación, una de las primeras muestras encontradas fueron cadáveres de niños pertenecientes a la época del convento. Román reconoce que se dieron todo tipo de especulaciones al respecto, pero que en este periodo las muertes por enfermedad eran muy comunes, por lo que tampoco le dieron demasiada importancia, ya que el foco de la investigación se centraba en los hallazgos de época anterior, como los restos de casas de estilo mudéjar que sacaron a la luz al continuar con el trabajo.

Éstos fueron seguidos de muestras islámicas, pero especialmente, lo que destaca el investigador como el “nivel más potente” de la zona de intervención son las ruinas romanas pertenecientes a la época de Augusto.

El arqueólogo destaca que este periodo fue el de mayor expansión para la época. La teoría barajada es que se trata de unos baños públicos compuestos, hasta el momento, por tres piscinas de agua fría y dos cálida construída sobre un hypocaustum, es decir, un semisótano sustentado por arcadas en el que se hacía el fuego que daría el efecto deseado a la terma. Además, estos semisótanos estaban conectados entre ellos por pequeños arcos para que el calor pasara de una piscina a otra.

Debajo de ellos circulaba una mina de agua, una especie de pozo del que extraían el agua necesaria para

Carolina, estudiante de Geografía inscrita al curso Carolina, estudiante de Geografía inscrita al curso

Carolina, estudiante de Geografía inscrita al curso / Juan Carlos Muñoz (Sevilla)

el consumo de las termas. Román explica que una de esas minas tiene una profundidad de 15 metros, y que se expande desde el famoso Castillo del Parador. La importancia de esta mina, como señala el arqueólogo, reside en que “es la primera asociada a una excavación arqueológica”.

Estas minas fueron reutilizadas en época islámica para acarrear el agua. A su marcha, rellenaron estos orificios con arena, lo que ha sido un problema para las investigaciones contemporáneas. En paralelo, muchas de las casas actuales de Carmona se siguen abasteciendo de los mismos pozos originariamente romanos.

En un recorrido por las piscinas, se puede comprobar que todas ellas están en relativo estado de conservación, manteniendo las propiedades para las que fueron creadas. Ejemplo de ello es una de agua fría hecha con mortero hidráulico. Conserva los revestimientos que la impermeabilizaban, una técnica que el arqueólogo define como inmejorable, ya que asegura que, cuando llueve, son los propios operadores los que tienen que vaciar el agua de la zona, pues por sí misma no se filtra. “A día de hoy aún no han dado con un método tan efectivo”, bromea.

No ha sido el único problema para el estudio del terreno. Y es que, según afirma entre risas, “el respeto por el patrimonio es algo muy reciente”. Esto se debe a que, cuando, por ejemplo, los romanos abandonaron la zona, con ellos se llevaron las lozas de mármol para poder emplearlas en el próximo asentamiento. Lo mismo ocurría con las demás culturas: tras su paso por la zona, los objetos de valor, así como los materiales más lujosos, iban con ellos. Esto hace que no se pueda saber a ciencia exacta, por las características que presentan los objetos, a qué época se están enfrentando.

Arturo, estudiante de Humanidades inscrito al curso Arturo, estudiante de Humanidades inscrito al curso

Arturo, estudiante de Humanidades inscrito al curso / Juan Carlos Muñoz (Sevilla)

Tal y como se ha apuntado, los resquicios encontrados no pertenecen únicamente a la época romana. Se puede apreciar, junto a las termas, un depósito de trigo de la época islámica. “Se entiende que no pertenece a la misma etapa porque, entre otras cosas, no tendría ningún sentido que se crearan una termas junto a un lugar para conservar el trigo”, explica Juan Manuel. Señala que estos depósitos mantienen la forma de campana originaria, en la medida en que fueron creados para que el oxígeno tuviera la menor posibilidad de pasar y, a su vez, la zona inferior comprendiera la mayor capacidad posible de almacenamiento.

Debido a la buena conservación de la zona, y al atractivo que lleva innato, Román considera que podría convertirse en una parte visitable de interés histórico y turístico. Matiza, sin embargo, que para que este proyecto se pueda desarrollar se precisa de unas condiciones óptimas que garanticen el cuidado de los restos.

Descartado el proyecto del aparcamiento subterráneo, todo el foco se sitúa a partir de ahora en la investigación de la historia enterrada bajo los pies de los carmonenses.

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