Música

Capaz de todo

  • Pablo Alborán se adueña de Sancti Petri con un concierto que conjugó intimidad y gran espectáculo

Pablo Alborán desplegó ayer un gran espectáculo en Sancti Petri. Pablo Alborán desplegó ayer un gran espectáculo en Sancti Petri.

Pablo Alborán desplegó ayer un gran espectáculo en Sancti Petri. / nacho frade

Pablo Alborán parece ser capaz de todo. De susurrarte al oído cual trovador aventajado de la música patria y montar un gran espectáculo visual de atractivo formato y cuidado sonido. De mover las caderas para delirio del respetable y plantarse en una silla con los sentimientos como absolutos dueños del ambiente, de hacer confluir en un solo espacio a madres, padres e hijos al ritmo de las mismas historias, allá cada cual la decodificación de la trama, envasadas en muy diversos estilos, de encaramarse cada dos por tres a las listas de los trabajos sonoros más vendidos en nuestro país -como esta semana logró de nuevo con cinco discos ya de platino conseguidos con su última producción- en un tiempo donde comprar álbumes parece cosa del pasado.

La gira Prometo de Pablo Alborán llegó el jueves a Sancti Petri con las expectativas muy altas y ese objetivo de prometernos un espectáculo de primera calidad que el Concert Music Festival señaló como una de las fechas clave del verano. El malagueño cumplió y llenó el escenario con las bazas que de él han hecho un nombre imprescindible en el panorama de la música popular en español.

Primero, la naturalidad. Pablo Alborán es ese vecino de al lado al que invitarías a tomar una cerveza una tarde cualquiera y él aceptaría sin chistar, pagando incluso la cuenta. Cuando Chiclana hizo lo propio con la música como objeto de trueque, no dudó en agradecerlo: “Estaba nervioso antes de salir aquí. Me he dado cuenta de lo afortunado que soy, de lo que hacéis por mí, por nosotros, porque por vosotros me muero en cada escenario”, afirmó.

Y lo hizo pero que muy bien, con un show en el que fue alternando el repertorio de sus cuatro álbumes de estudio y un par en vivo, siempre al abrigo de una producción potente basada en imágenes siderales de corte geométrico y enorme simbolismo. Se oyeron al calor de una banda de seis músicos (Adrián Schinoff en los teclados, Carlos Martín en la percusión y vientos, José Marín en la guitarra y coros, David López en la batería, Antonio de Haro en el bajo y los coros y Lolo Álvarez en los coros, la guitarra y la dirección musical) Tanto, Recuérdame, Lo nuestro, Dónde está el amor o una muy latina Quimera, que destapó las aptitudes como bailarín del cantante y compositor.

Segundo, la cercanía. Pablo Alborán es más auténtico si cabe cuando desnuda de artificios la idea a compartir. Así, acierta de pleno situando en el ecuador del recital un pasaje romántico para delicia de la audiencia, un encuentro a solas en el que el artista se lo hizo con más de 4.000 almas candentes que coreaban sin parar cada estrofa como si del último aliento se tratase. Ofreció temas como Perdóname, Te he echado de menos y la cuasi bossa nova de camino Al paraíso para aterrizar poco después en Saturno, primer sencillo del disco Prometo, dando por terminado ese viaje astral por parte del universo Alborán, un ecosistema puro en emociones y jamás carente de recursos con los que sorprender y arrebatar.

Tercero, el mensaje. “¿Cómo seguís familia?”, preguntaba el músico al público justo antes de echarles un ojo por el hueco de la cerradura, tanteando los ánimos, abriendo con La llave una última parte del espectáculo repleta de significado, combativa incluso al sonar desde la inspiración reggae la letra de Boca de hule, un tema “que siempre me gusta presentar porque a veces nos dan ganas de apagar la televisión al ver que vivimos como en un mundo paralelo, lleno de corrupción, injusto, repleto de racismo, machista, homófobo… Tengo la necesidad de gritar y al menos cuento con la música para desahogarme”. La gente lo hizo con un gran aplauso que marcó, como una marcha militar, el desarrollo de esta melodía reivindicativa en la misma jornada en que nos dejaba uno de los emblemas de esa lucha por la libertad a través de la voz, Aretha Franklin.

La de Alborán alargó un poco más la senda de la noche con ese quejío tan particular que le otorga el sur compartiendo el contenido de Por fin, Curo tus labios, Idiota, Miedo y Vivir. “Juntos somos el mejor equipo que hay”, se confesaba el artista que no quiso perder la ocasión de compartir ese mensaje, el mensaje, de un chico que se puso en contacto con él a través de Instagram para contarle que su madre, Mari, “pasaba los días pegada a la radio desde hacía ocho años y que mi música se había convertido en su refugio”, un maravilloso lugar en el que descansar el ánimo tras tanta afrenta vital. Tu refugio fue, sin duda, uno de los episodios más emocionantes de la velada.

Ya en los bises, Alborán quizo añadir un factor extra a la ecuación de su éxito, la sorpresa emotiva. Con un piano dominando el escenario regaló la que fue su carta de presentación de su talento, Solamente tú, acompañada de Prometo, una joya que desafía a “los poetas de palabra hueca” para dejarle sitio a los que saben, de Éxtasis y Vívela, el casi último de los mensajes de la noche, cargado de energía positiva, que bien falta hace.

Para concluir la cita, Pablo Alborán terminó de ganarse el amor de Cádiz y demostrar que es capaz de todo subiendo al escenario a Niña Pastori y Chaboli, que ya formaron la revolución hace semanas en el Concert Music Festival en el que fue el recital más multitudinario de este cartel hasta la fecha. Juntos dieron forma a La mudanza, el privilegiado encuentro entre tres artistas que a su manera han creado una manera muy personal y exitosa de comunicar en canciones. El delirio fue máximo y el elogio mutuo: “Ella es responsable de mi amor por el flamenco”, aseguraba el malagueño. “Todo un gusto conocerte, tratarte y estar contigo, ojalá, durante mucho tiempo”, le daba la réplica la de San Fernando.

Acabó la velada y, por si aún quedaba alguna duda del alcance de lo visto y escuchado, el que escribe estas líneas buscó el consenso vía mensajería digital con una compañera de profesión, también asistente al evento:

-¿Lo has disfrutado?

-Mucho. Me ha encantado, me he sorprendido y hasta he llorado.

Pablo Alborán, definitivamente, es capaz de todo.

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