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turismo · un hotel en un lugar singular

Un tesoro escondido

  • El hotel El Palomar de la Breña cuenta con un palomar del siglo XVIII con más de 7.700 nidos

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En un rincón escondido del Parque Natural de la Breña se encuentra el hotel El Palomar de la Breña, un alojamiento que abrió sus puertas hace 16 años. Este lugar, remanso de paz y tranquilidad, guarda un tesoro que no muchos conocen: un inmenso palomar perfectamente conservado y que puede ser visitado gratuitamente.

Eric Kempf, francés de Normandía, es uno de los propietarios del establecimiento junto a otros dos socios aragoneses y un navarro. Explica que este columbario, a pesar de su importancia (llegó a ser considerado el más grande del mundo hasta que aparecieron dos con más nichos en Isla Cristina y San José del Valle), no cuenta con ninguna catalogación cultural o histórica para su protección.

La edificación data del siglo XVIII, cuando fue adquirida por Ventura de Osio y Salazar, administrador de la Real Aduana de Cádiz y más tarde ministro de la Real Hacienda, quien en 1727 recibió una cédula real que le permitió reconstruir el colmenar y mantener abierto el palomar de la hacienda La Porquera, nombre de la finca.

El palomar mantiene sus 7.770 nidos y en su época de mayor esplendor contó con 15.000 ejemplares. “Grosso modo se sabe que se ocupan dos tercios de los nidos y que cada paloma vuelve a su nido y es fiel a la pareja, por lo que habría 5.000 nidos ocupados con una población de 10.000 adultos y como siempre estaban empollando, habría unas 15.000 palomas en aquel momento”.

Para vivir en este hábitat debían disponer de 2.500 hectáreas alrededor “para que pudieran comer. Se calcula una media hectárea por pareja para la crianza extensiva”. Al ser el parque natural de La Breña una zona alejada de poblaciones asentadas y estar deshabitada, se antojaba el lugar indicado para levantar este columbario.

Las funciones de estas edificaciones y de estas especies eran diversas. “Con un palomar lo primero que se busca es tener abono. En la agricultura de siembra siempre ha funcionado el abono orgánico, menos en los últimos 100 años, por eso era tan importante contar con una población tan grande de palomas. Un palomar era una fuente de riqueza importante ya que este abono se usaba también para cultivos especiales como el tabaco o en oriente para el opio, eran cultivos de mucho rendimiento económico”, explica Eric.Otro de sus fines era “producir carne con los pichones. Los palomares estaban cerca de la costa y solían ser propiedad de armadores o gente con negocios ultramarinos. Los barcos no tenían frigorífico y la única forma de tener carne fresca era llevar pichones, que ocupaban poco espacio y se les podía dar de comer en largas travesías que no se sabía cuando iban a terminar”.

El tercer producto que se recupera de un columbario es el salitre “por la combinación de la cal de las paredes, la humedad del suelo y los excrementos de los animales. Esta producción de salitre es muy importante y era un ingrediente esencial y muy difícil de encontrar para hacer pólvora negra, que se elaboraba con azufre de unas vetas del suelo, carbón vegetal que se extrae de la madera de los acebuches y el salitre”, detalla Eric.

La situación geográfica de la finca también era interesante para pensar otros usos de estos casi 15.000 ejemplares. “Seguramente participaban del sistema de comunicación para dar avisos a Madrid, ya que una paloma mensajera bien entrenada podía estar en la capital en un día volando en línea recta”.Uno se puede imaginar cómo sería el palomar en su mayor esplendor, aunque ahora solo acoja a una población de unas 300 palomas. “A pesar de no facilitarles la vida, son insistentes y siempre vuelven”, apunta el copropietario del hotel.

Los palomares que aún se mantienen en pie dejan ver la importancia que tuvieron, sobre todo, en la Europa occidental. En nuestra provincia se conocen tres más aparte del palomar de la Breña: el que se localiza en el Castillo y los Baños de Gigonza, a seis kilometros de San José del Valle; el palomar de Zurita y el palomar de La Greduela, ambos en el término municipal de Jerez de la Frontera. El considerado más grande de toda Europa es el palomar de la Huerta Noble, en La Redondela, Isla Cristina, que conserva sus más de 30.000 nidos.

Para Eric, estas edificaciones “son una cosa muy especial. En Europa hay cientos de palomares en Grecia, Francia, Reino Unido, Bélgica o Turquía, también en países como Afganistán.... Esto que tenemos aquí no lo hay en muchos sitios de España, pero no se conoce tanto a pesar de ser algo tan singular y especial”.Aún así, el copropietario del alojamiento reconoce que cada año visitan este lugar miles de personas, aunque da un toque de atención a las autoridades. “Nosotros lo abrimos gratuitamente al público y lo mantenemos, pero no es suficiente”.

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