Cádiz

Aquel verano de 2007

  • Cuando empezó a creerse que la vida inteligente nació con el smartphone

Steve Jobs, presentando el primer iPhone. Steve Jobs, presentando el primer iPhone.

Steve Jobs, presentando el primer iPhone.

Muchos jóvenes pensarán, seguro, que el llamado existe desde toda la vida. Es más, ¿cómo puede haber vida sin ese aparato en la mano o enchufado a las orejas? ¿cómo pudo haberla antes? Igual de increíble que es para algunos futbolistas que el hombre llegase a la Luna, los milennials deben creer, (y desde su perspectiva seguro que no les falta razón) que es imposible el ser humano sin móvil. Sin ser experto, se diría que todo eso comenzó a ser rigurosamente cierto el 29 de junio de 2007, cuando Apple empezó a vender en Estados Unidos el iPhone.

Y de pronto, los teléfonos tenían pantalla táctil, multitud de aplicaciones para cosas impensables y sorprendentes, podían hacer fotos de calidad cuasi profesional, y las imágenes se podían ampliar con un inusual gesto de apoyar el índice y el pulgar, unir las yemas y separarlas. Magia visual de repente al alcance de millones de personas que consideraron que esa capacidad de admirar ya valía el elevado precio del aparato. Eso no fue óbice para que en cada una de las posteriores versiones del invento haya colas en las tiendas para adquirirlo antes que nadie. Que ya hay que ser milennial. Afortunadamente, a los pocos meses, el sistema Android vino en auxilio de los menos pudientes... y ya la historia no ha parado.

Por ese verano, el país de Zapatero aún andaba a lomos de una ola favorable, justo antes de la llegada de esa crisis que nadie vio y que los desmemoriados bautizaron como la más grave de la historia. ETA dio el disgusto como solía, sin embargo, al romper formalmente el alto el fuego unilateral que había declarado el año anterior y que de hecho incumplió al poner una bomba en el aeropuerto de Barajas en invierno, matando a dos personas. Aún le quedaba a España una década por delante hasta verse libre completamente de ese azote sin sentido. Su testigo sangriento lo había recogido tres años antes el terrorismo yihadista, y aún el año pasado hubo que lamentar su golpe en Barcelona. En julio de 2007, siete españoles y dos yemeníes murieron en un ataque de Al Qaeda en Yemen.

El verano en el que casi todas las mujeres españolas se lanzaron con entusiasmo a aprender la danza del vientre por culpa del éxito del grupo Banghra fue el mismo que vivió la explosión mundial de una explosiva cantante de Barbados que se despreocupaba de todo porque su paraguas la salvaba de todo: Rihanna sonaba por todos lados con su .

Mientras tanto, nos dejó la adorable Emma Penella, pero nos legó su papel memorabl en de Berlanga. También lo hicieron Ingmar Bergman y Francisco Umbral, toda una vida hablando de su libro.

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