Salir al cine Nisman: un enigma expandido

  • En su nueva y apasionante serie documental para Netflix, Justin Webster ('Muerte en León') desentraña las circunstancias que rodearon la muerte en 2015 del fiscal argentino Alberto Nisman y sus muchas ramificaciones. 

Nos hemos vuelto a beber casi de un tirón las seis horas y media de Nisman: el fiscal, la presidenta y el espía como nos bebimos hace un par de años las cuatro horas largas de Muerte en León, prueba subjetiva definitiva de que, a pesar de mostrar todos sus recursos narrativos y trucos retóricos bien a la vista, Justin Webster, responsable también de I will be murderedSix Dreams o El fin de ETA, se ha convertido ya en un consumado maestro del true crime serial televisivo de nuevo cuño.

Ahora para Netflix, aunque emitido en España por Movistar +, Nisman nos traslada a la Argentina populista y escindida entre peronistas y gorilas para tirar (y cuánto) del hilo de la trágica muerte en 2015 del fiscal Alberto Nisman, impulsor de la denuncia contra Cristina Fernández de Kirchner, por entonces Presidenta de la Nación, que la acusaba del encubrimiento de la supuesta relación entre Irán, sus servicios secretos y Hezbolá con el atentado terrorista contra la AMIA (Asociación Mutural Israelita Argentina) el 18 de julio de 1994, el más grave y con mayor número de víctimas (85 muertos y 300 heridos) jamás ocurrido en Latinoamérica.

Nisman aparecía muerto en su apartamento un 18 de enero de 2015, un día antes de comparecer ante el Congreso

El fiscal Nisman aparecía muerto con un tiro en la cabeza en su apartamento del lujoso barrio de Puerto Madero de Buenos Aires un 18 de enero, justo un día antes de que presentara su informe final (con supuestas pruebas inculpatorias) ante el Congreso, circunstancia que, lógicamente, polarizó a la opinión pública y publicada levantando todo tipo de sospechas sobre si se trató de un suicidio o de un asesinato inducido u ordenado por alguna de las partes implicadas en la acusación.

Con esta doble trama imbricada y separada 21 años en el tiempo, Justin Webster tenía a mano los materiales perfectos, y aquí una vez más recopilados de un generoso archivo televisivo y judicial, para desplegar sus habituales artes narrativas e interrogatorias puestas al servicio de la investigación, la especulación y, sobre todo, la creación de un efectivo y dilatado sentido del suspense. Y no sólo para el espectador argentino, que sin duda verá esta miniserie de seis capítulos como el forofo que sigue y apoya apasionada  incondicionalmente a su equipo, que es en realidad como se vive la política en aquel país desde hace décadas con el alimento añadido del sensacionalismo mediático, sino también en cualquier espectador internacional que, astutamente guiado por el montaje, la música dramática, los cronogramas, los saltos y retrocesos temporales y las bifurcación de tramas, estiradas casi a la manera de un chicle al que no se le termina nunca el sabor, ha de caer irresistiblemente atrapado por la red de múltiples conexiones del caso sabiamente desplegada por Webster y sus colaboradores.

Webster maneja y estira proverbialmente los recursos retóricos para insuflar un apasionante suspense a su relato del caso

Nisman prolonga así esta edad de oro del true crime serial televisivo yendo un poco más allá de crimen concreto para enrocar en su estructura un complejo entramado de conspiraciones, corrupciones, estrategias geopolíticas, traiciones y juegos sucios de poder que no sólo revelan los estratos y etapas de la Historia reciente argentina, en la que aún perviven numerosas instituciones, personajes y prácticas del periodo de la dictadura militar, sino también la compleja red de bloques de la política internacional en la que las grandes potencias occidentales, con Estados Unidos e Israel en un frente, e Irán y sus tentáculos en el otro, han jugado en todo el planeta como tablero para su duelo dialéctico, simbólico y, sobre todo, económico.

Nisman nos revela también, como todo buen documental debe hacer, una galería de personajes tan fascinantes y carismáticos como siniestros e inquietantes, desde el propio Fiscal, su determinación casi obsesiva, sus ambigüedades y puntos oscuros, o el supuesto ‘colaborador necesario’ de su muerte, el escurridizo Diego Lagomarsino, a ese ‘Jaime’ Stiuso Jefe de los Servicios de Inteligencia (SIE), que se adivina como maquiavélico maestro de ceremonias y enlace entre el viejo y el nuevo régimen, un tipo de aspecto vulgar capaz de atemorizar a cualquiera con una mínima insinuación sonriente que pueda dar a entender que dispone de información que podría hacer caer a un gobierno entero.

'Jaime' Stiuso, Jefe de los Servicios de Inteligencia Argentinos y siniestro personaje. 'Jaime' Stiuso, Jefe de los Servicios de Inteligencia Argentinos y siniestro personaje.

'Jaime' Stiuso, Jefe de los Servicios de Inteligencia Argentinos y siniestro personaje.

En su habilidoso desarrollo de esta particular teoría del chicle televisivo, Webster consigue una vez más mantenernos pegados a la pantalla lanzando una y otra vez las preguntas, reformulándolas de maneras y desde ángulos distintos, visitando el lugar del crimen tantas veces como haga falta, contrastando hipótesis e informes, contradiciendo a sus propios testimonios o dejando sueltos los cabos que no pueden atarse. Al fin y al cabo, lo mejor de estos nuevos productos, y lo que puede que moleste a aquellos espectadores que quieran verdades simples o respuestas fáciles y contundentes, reside precisamente en la demostración y el despliegue de sus propios esquemas y modos de investigación, en el carácter procedimental de su relato a partir de lo real.       

Trailer 'Nisman: el fiscal, la presidenta y el espía'.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios