Vivir

Una sabrosa vuelta al origen de la cocina

Restaurante de la o

La nostalgia, ese sentimiento que consigue que todo lo anterior parezca mejor a lo actual. Aunque a veces evocar al pasado edulcore en exceso los recuerdos y magnifique las sensaciones, en cuestiones gastronómicas la vuelta al pasado hace salivar a los paladares más exigentes. La comida de la abuela, sencilla por definición, estaba mucho más buena y sus ingredientes tenían más sabor. Algo que a Manuel Llerena llamó profundamente la atención. "¿Por qué las patatas fritas de la abuela estaban tan buenas?", se preguntó. Para él se habían perdido muchas cosas en lo relacionado a la gastronomía, las prisas habían ganado a la dedicación pausada y el origen de los productos se había vuelto difuso. Como una reivindicación a ese tipo de cocina, Llerena acaba de abrir el Restaurante De la O, un espacio gastronómico en el Paseo de la O (Triana) donde el único requisito es que el comensal tenga la predisposición de pararse a disfrutar tranquilamente.

Arquitecto de profesión, Manuel Llerena tenía clara cuál era su vocación: la cocina. Tras años dedicado a la arquitectura decidió formarse en restauración, hizo prácticas en el restaurante Aponiente, de Ángel León y se animó a montar su propio proyecto. El resultado es este restaurante en el que nada es fruto del azar. Concebido como un proyecto en el que el edificio tuviese su propia impronta, Llerena empleó sus conocimientos arquitectónicos para darle forma a la estancia. Así, el Restaurante De la O se presenta como un espacio diáfano que combina la madera, los elementos metálicos, la vegetación y el agua. Completamente insonorizado (utilizando superposiciones de madera que, además, aportan originalidad a la decoración), este restaurante tiene como elemento protagonista un enorme jardín vertical, obra de Ricardo Librero, en el que no se desperdicia ni un solo litro de agua y que, además, es ecológico. Éste, en combinación con las vistas al río Guadalquivir y el maravilloso enclave en el que el restaurante se encuentra, invitan a los comensales a detenerse a disfrutar de la cocina.

En cuanto a la gastronomía, el concepto que abordan en el Restaurante De la O se resume en productos de cercanía y de temporada, una cocina reposada y la apuesta por platos sencillos con alguna pequeña innovación. Como en los restaurantes de toda la vida, los productos que allí se cocinan provienen de comercios locales. El Mercado de Triana o la frutería del barrio son los establecimientos a los que el propio Manuel Llerena acude a comprar la materia prima con la que se elaborarán los platos del día. "Hay que apostar por el producto de calidad y de cercanía, por eso la carta del restaurante se basa mucho en el producto de temporada y varía en función de la época del año", señala. Así, entre los platos de su carta destacan el crujiente de langostinos, con un sutil toque de albahaca que aporta frescura a un plato típico; el pescado de roca a la brasa, que se acompaña de verduritas; las salchichas caseras, que elaboran en el propio restaurante; las berenjenas al carbón, que se combinan con jamón; las albóndigas de choco; las alcachofas a la brasa, o cualquier carne cocinada a la brasa. A destacar entre los postres, la poleá con chocolate y curry, un plato que recuerda a la infancia en casa de la abuela pero con un toque innovador que lo convierte en el rey de la sobremesa.

Con el objetivo de devolver a la comida el sabor, tanto Manuel Llerena como Rubén Blas Vizarreta (director de sala), Óscar Avilés Santana y Manuel Lorena Maestre (jefes de cocina) tenían claro que lo importante era la elaboración de los platos. De ahí que practiquen la cocina reposada y tengan en cuenta con qué aceite de oliva elaboran cada plato. Un maridaje especial para cada comida da lugar que se potencien mucho más los sabores, algo que los paladares más exquisitos agradecen. De ahí que tengan pensado realizar catas de aceite -siempre andaluces- en el propio restaurante.

Como la gastronomía cada vez más se disfruta con los cinco sentidos, en el Restaurante De la O también albergan exposiciones en el gran muro de cerámica vista de la entrada (un homenaje a los alfareros de Triana). La música que relaja el ambiente, las artes plásticas que decoran la estancia, la buena gastronomía y el tiempo dedicado a ella hacen del Restaurante De la O un sitio de parada obligatoria en el arrabal. Un espacio novedoso en el barrio donde la apuesta por el producto de la zona es uno de los principales sellos de identidad.

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