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Supermujeres, superinventoras, mujeres fuertes, mujeres valientes

  • Mujeres inventoras de todos los tiempos que permanecen en el anonimato, pero que inventaron el wifi, el e-book, la programación informática o un tratamiento para la leucemia

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Supermujeres, superinventoras, mujeres fuertes, mujeres valientes

Determinación y coraje es lo que ha hecho que mujeres invisibles, pero inteligentes, silenciosas, pero guerreras consiguieran con una lucha soterrada, pero constante que el mundo cambiara a pesar de sus circunstancias y del intento de una sociedad oscura que no dejaba respirar ni destacar a mujeres valiosas.

Mujeres inventoras

Casi 100 de estas mujeres, sus historias y sus inventos están presentes en el libro “Supermujeres, superinventoras”, de Sandra Uve (Lunwerg Ed.), un homenaje a mujeres que lograron sus metas a pesar de los condicionamientos de una época y de una sociedad que les impedía crecer en el que invita a las niñas a desafiar al mundo en el que viven.

Son casi 100, pero podrían ser 3.000, el número de mujeres que Sandra Uve recopiló en un principio. “Desgranando una madeja aparecieron cientos de historias de mujeres desconocidas que habían cambiado la historia con una idea”, que consiguieron patentar, un camino que les llevó a su libertad “intelectual y física”.

El libro desgrana inventos relevantes de mujeres y niñas y algunos que no lo han sido tanto, pero que la lucha para sacar el proyecto adelante les convierte en “excepcionales”.

Mujeres vinculadas a la ciencia, a la física o a la química, determinantes en el mundo de las comunicaciones tal y como las entendemos hoy, como Ada Lovelance, la mujer que inventó la programación informática a mediados del siglo XIX.

Más allá de la belleza

La actriz Hedy Lamarr, con un coeficiente intelectual muy superior a la media, solo conseguía que prestaran atención a su físico arrastrada por los convencionalismo, pero inventora del primer sistema de comunicaciones inalámbricas, lo que hoy es el wifi; mientras que la española Ángela Ruiz Robles inventó el primer e-book de la historia.

Un listado amplio en que el que tampoco faltan nombres vinculados al mundo de la moda como Mary Phelps que inventó el sujetador o Elsa Shiaparelli, que inventó la primera falda pantalón para que la tenista Lili Álvarez, pudiera jugar con más libertad de movimientos, un escándalo en 1931, pero además suyo es también el invento de un teléfono con auriculares de langosta.

En el mundo de la belleza, Elizabeth Arden fue una pionera en lanzar varias patentes sobre belleza, su coetánea y rival Helena Rubinstein, la seguía de cerca a ella se debe la clasificación del cabello en seco, graso y mixto, además de ser la primera en desarrollar productos de protección solar y la primera en demostrar la relación entre alimentación y la calidad de la piel.

Inventos que liberan a la mujer

Inventoras también de elementos domésticos con una intención clara, “ayudar a otras mujeres a que sus tareas fueran más leves”, explica Uve, que algunos quedaron solo en eso, en invento, porque el patriarcado reinante impidió su comercialización como el sistema integrado de lavado de Elia Garcí-Lara, que hubiera liberado a la mujer de algunas tareas domésticas.

“El nexo de unión de todas estas mujeres, algunas de ellas del siglo XVII, del XVIII, XIX hasta contemporáneas es que carecían de derechos civiles, políticos y sociales”, comenta la autora de libro.

En su “lucha” por desarrollar una idea, comenzaron a desarrollar su “defensa,” porque vivían en un tiempo en el que una mujer no podía ni vender y comprar cosas, ni registrar una patente de su propio invento, algo se consiguió hace muy poco, en el primer cuarto de siglo XX. “Cuando lo consiguieron empezaron a lograr derechos civiles”.

Inventos que han “transformado” nuestras vidas y confía que se convierta en un textoo que “reivindique el papel de las mujeres

Sandra Uve reivindica con este libro inventos que han “transformado” nuestras vidas y confía que se convierta en un texto que “reivindique el papel de las mujeres, de las hijas. Que resulte divertido y tan positivo que te den ganas de crear. Porque si ellas pudieron, en momentos tan difíciles, tú también puedes”.

Científicos que no practican el juego limpio

Uve cita el caso de Rosalind Franklin, doctora en física y química y cristalógrafa, que en 1952 obtuvo una fotografía del ADN mediante difracción de rayos X, que daba paso a la comprensión de la biología genética, a la que sus compañeros le “robaron los apuntes del laboratorio” y se presentaron al Nobel, premio que la Academia sueca les otorgó, a pesar de sus denuncias de Franklin “a las que nadie hizo caso”.

Fue otra mujer, la norteamericana Martha Coston la inventora de las bengalas marítimas, un proyecto que comenzó junto a su marido, que falleció muy joven. Sola y con cuatro hijos, se fue a vivir con su madre, que también falleció, al igual que dos de sus hijos. Su capacidad de lucha la necesidad la hicieron retomar su estudio que consiguió patentar, “un invento que salvó su vida y la de mucha gente”.

Reconoce que realizar las ilustraciones del libro fue complicado porque tuvo que explorar en archivos para descubrir los rostros de estas mujeres. Acuarelas con tinta china, que intentan captar la mirada que tenían esas mujeres, “una mirada de lucha y esperanza con la que querían transmitir: digáis lo que digáis, lo voy a conseguir”.

Sin oportunismos

“Tenemos que reeducarnos y aprender, porque la educación es lo único que puede salvar al ser humano”, comenta Sandra Uve, “hay mujeres que tienen que inventar, niñas y niños…”, y lo primero que hay que luchar es por “conseguir el respeto y derechos humanos. Nosotras somos afortunadas de vivir en el mundo y país en que vivimos, pero las mujeres de Pakistan u otros lugares del mundo no pueden decir lo mismo”.

Uve añade que hay hombres que antes no escuchaban ahora sí, “escuchan y sienten”, en un planeta que biológicamente va a ser femenino.

La escritora e ilustradora, de las páginas de este libro de historia y de visualización de lo logros de mujeres, considera que los “oportunismos no valen”, comenta en relación a la oleada de información y manifestaciones en favor de eliminar la brecha salarial y la igualdad de oportunidades.

“Si jugamos con ello estamos jugando con algo pasajero, de moda”, argumenta.

Es un libro que “he hecho por mi, por nuestras hijas. Ellas son el futuro y a veces las estadísticas son armas de desmoralización, y hace que la mujer tenga miedo. Pero no hay que perder la perspectiva, es información, y a parir de ahí, cada una debe seguir la lucha”.

Un libro sobre mujeres valientes que buscaban la libertad y la igualdad.

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