Una fase preliminar con demasiados altibajos y mucha savia nueva

  • Los primeros once días de concurso dejan sesiones largas y muy irregulares, con un aparente estancamiento de los grupos más esperados y un inusual empuje de quienes más han arriesgado

El concurso de agrupaciones carnavalescas más comprimido de los últimos años ha concluido ya su primera fase, las preliminares, condicionado por las largas, y algunas veces tediosas, sesiones a las que se han visto obligados a recurrir los organizadores por la cercanía de las fiestas navideñas con las carnavalescas. Cosas de la cuaresma y del calendario lunar. La primera impresión, a falta de las dos fases más novedosas del certamen, es que el concurso se ha desarrollado con muchos altibajos, quizás demasiados, con un nivel de calidad medio y con un aparente estancamiento, ya se sabe que las semifinales son otra cosa, de las agrupaciones más esperadas y consideradas punteras por el aficionado, lo que contrasta, y esto ya es un hecho, con grupos que, en casi todas las modalidades, han decidido arriesgar con apuestas que caminan entre la renovación y el rescate de tradiciones más olvidadas. El coro a pie es, quizás, uno de los mejores ejemplos de ello.

Las preliminares han sido cuanto menos extrañas, raras. Empezando por los vacíos que se han vivido en el teatro en muchas sesiones, sobre todo las que no han coincidido con el fin de semana, y por las condiciones en que han tenido que cantar los grupos a los que han tocado cerrar la noche. Hasta algunos punteros han sufrido las consecuencias de ofrecer su repertorio a un teatro cansado y, en ocasiones, poco poblado.

No es ningún secreto que el aforo de las preliminares se nutre fundamentalmente  de quienes acompañan a los grupos foráneos. Los fallos de los primeros días del sistema de venta de entradas condicionaron en este sentido el arranque del concurso.

La calidad de las coplas, termómetro principal del concurso, no es de momento para tirar cohetes. Ni para arriba ni para abajo, se puede situar en un nivel medio sabiendo que muchos grupos guardan su mejor arsenal para las próximas sesiones. Es lo que le ha podido pasar a muchas de las agrupaciones más esperadas. Saben que su calidad les asegura el pase a semifinales y pueden permitirse el lujo de retrasar la interpretación de sus mejores coplas. Pese a todo hay un dato que, cuanto menos, se podría considerar preocupante: se han cantado en el Falla la friolera de 266 cuplés y pocos, muy pocos, han dejado huella en forma de carcajada, que para eso están.

En el otro lado hay que destacar a los grupos con ganas de innovar, de ofrecer un producto fresco y trabajado o de rescatar tradiciones. Todos están en semifinales y algunos han pegado tan fuerte que llevan mucho ganado para el 1 de febrero. Si son capaces de confirmar su calidad, la final de este año no será la de siempre.

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