Las semifinales arrancan con nivel

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Este grupo de frailes copleros, consagrados como corresponde a un autor con un cuarto de siglo de Carnaval a sus espaldas, abren la fase semifinal del concurso con un precioso tango, casi cantado por entero a capella, para recorrer los santos lugares carnavalescos de la capital gaditana. Así visitan a San Cañamaque, el altar de San Paco Alba o la capilla del santo Fletilla. Y cuentan su particular subida al monte Calvario del coro, la carroza, a la que suben con la cruz más hermosa a cuestas: el tango. Final esperado en la catedral de las coplas, el Falla, con su particular paraíso y en el que se escuchan salmos del Tío de la Tiza.

Absoluto cambio de tercio en la segunda letra, un tango sin propósito de enmienda para atacar a quien un día fue compañero de coro de Julio Pardo: Quico Zamora. A ambos debemos aquellas maravillas como 'Taberneros de puerto', 'La Tía Norica', Guacamayos y lechuguinos' o las gloriosas, pese al cajonazo, 'Cuevas de María Moco'. Estos tiempos no volverán, advierte un Pardo que primero tiene el detalle de interesarse por la salud de su alter ego corista. Pero poco más. Recuerda este coro como el del Cañón nació chiquito y ha ido creciendo hasta que, este año, ha metido una orquesta "buscando un premio". También acusa a Zamora de querer destrozar este coro. Y remata: "No tendrás cada febrero enemigo más sincero". Sin homilías entre coplas, el hermano Camacho se limita a introducir las santas lecturas de los cuplés, que rinden culto al sexto mandamiento. Uno es para un misionero que se convierte, gracia a las habilidades de un aborigen, en monja. Y el otro para los secretos de confesión, con una feligresa que probó las bolas chinas. El confesor le propone jugar a la lotería. Muchos aplausos tras el popurrí.

La chirigota disfruta de su presencia en la penúltima fase del concurso. Este grupo de futuro envidiable en el carnaval ofrece un primer pasodoble para defender a su madre, pero defenderla de su propia mujer para que ésta no le falte nunca el respeto de su suegra y sepa valorar su esfuerzo. Segunda letra para un hombre que se queda en el paro tras 20 años en la misma empresa, pero no es Delphi ni Astilleros y a nadie parece importarle su lucha ni su incierto futuro. Uno de los cuplés va para un amigo con mala suerte, y el otro para una mujer con ganas de guerra pero cuyo marido está tan entretenido viendo el Falla por la tele que no va a la cama ni cuando le dice que tiene el Momo echando fuego. Final en las pitorisas. Quedarán altos.

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