Los márgenes entre vida, literatura y cine a la sombra de Mercè Rodoreda

  • Ventura Pons viste de largo 'Una merienda en Ginebra' en 'Málaga Premiere'

De principios apasionantes y de toscos desarrollos, todos los experimentos cinematográficos que viven entre la absorbencia de los monólogos, se complican con el tiempo. No hay más que verlo en Una merienda en Ginebra. Se asienta sobre el regazo de una autora prolífica como es Mercè Redoreda, y la describe como un ente en agonía emocional, que se siente atraída por exteriorizar un pasado que la consume y que abrasa sus relaciones sociales, o al menos, despierta en demasía la curiosidad de todos aquellos que acaban conversando con ella. En esta cinta se presenta al crítico literario Josep Maria Castellet no sólo como un conversador, sino como un turista entre los recuerdos de la escritora, y aunque escuche atentamente sus sosegadas palabras, puede que nunca se llegue a apreciar en él un mínimo de interés, sólo una fría sonrisa que recorre su rostro y que busca cerrar una conversación que, irónicamente, es la que mueve toda la película.

Puede que, al ahondar en detalles sustanciales, pero aun así, reservados y muy personales de la autora, Ventura Pons no haya sido capaz de condensar su pasión por la descriptiva escritura de Rodoreda, ni tampoco por su persona, hacia la que se denota un fervor que se eleva por encima de lo meramente profesional. Las vivencias de la escritora son relatadas con fuerza por una enorme Vicky Peña, pero ello no impide que el material con el que trabaja Pons se hunda a la media hora, cuando su premisa se ve sumida en una pequeña obra teatral en tres actos, hacia la que es complicado fingir interés. No por el tema, sino por cómo se trata: como lo que realmente fue. Por muy apasionante que aquella merienda pudiera ser, su transcripción es, cuanto menos, muy pobre; más que nada, porque no se trata de material de película. No nació para ello.

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