Celos y envidias

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Cuando una novela es llevada al cine y la hemos leído, siempre parece imperar un reconocimiento más cercano a la lectura original que a su trasunto cinematográfico, salvo muy raras excepciones. Otras veces pensamos en si eso que vemos en la pantalla son las imágenes que pensó el escritor. En el caso de 'Expiación', Ian McEwan, el autor, parece estar de acuerdo con el espíritu intimista que ha sido asimilado por el guión de Christopher Hampton, elogiando el camino escogido por el guionista en la adaptación.

Esta es una historia de hondo calado literario que trasciende a su puesta en escena. Una narración de celos, envidias, intrigas familiares contadas en una novela de éxito editorial y adaptada después al cine en lo que ha sido un fenómeno de la taquilla en Gran Bretaña, tras su paso por el Festival de Venecia, aunque no es un asunto especialmente apreciado por los jurados de estos certámenes más proclives a supuestas originalidades exóticas. Joe Wright, debutante con éxito por 'Orgullo y prejuicio' (2005), vuelve a la adaptación de un libro de éxito con el mismo sentido y respeto a una obra de unos de los mejores novelistas de nuestro tiempo.

El comienzo del relato nos lleva a una mansión de estilo gótico-victoriano de la campiña de Surrey en 1935, donde bajo la amenaza de una gran conflagración mundial, los Tallis, en su privilegiada existencia, celebran una reunión familiar un fin de semana. El calor parece auspiciar las sensaciones reprimidas y los instintos ocultos. Brio-ny, una escritora incipiente con demasiada imaginación y en función de graves malentendidos, acusa a Robbie Turner, el hijo del ama de llaves y amante de su hermana Cecilia, de una violación de la que es inocente. Pero la acusación cercena cruelmente el creciente amor y cambia radicalmente el destino de sus vidas.

Hay un rasgo evidente de valentía en la forma que Joe Wright ha concebido la expresión plástica de tan tenso relato, sobre todo en ese rodaje en Dunkerque con "steadicam", donde decidió filmar en una sola toma una secuencia que cuenta con dos mil figurantes y unos grandiosos decorados. Del atrevimiento ha salido airoso, así como de otros pasajes muy emotivos y dramáticos de la película. Es el resultado de una fiel y acertada adaptación de una gran novela, una ponderada manera de trasladar a las imágenes la exquisita prosa de Ian McEwan, a la que realzan una muy feliz interpretación, con estupendos actores secundarios, una espléndida fotografía y una muy atractiva banda sonora. Toda una primera parte de apasionante narrativa cinematográfica que nos lleva a un desenlace donde se sustancian las mejores virtudes de una película de fuerte y perturbadora intensidad dramática. Sólo dos 'Globos de Oro', pueden parecer, después de tanta nominación, algo decepcionante. Merece más pero no siempre ganan los mejores.

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