Historia del 'Brasil Chico' (II)

  • A partir de los años 50, el 'Brasil Chico' iniciaba un estadio de degradación física y pérdida de sus moradores l En 1975 el propietario del inmueble solicita la declaración de ruina al Ayuntamiento

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Siguiendo con la descripción de este Brasil, alrededor del enorme edificio y en su planta baja, existían varios comercios y artesanos, como la barbería de Dolores, después regentada por Félix; la churrería de Rufo, Josefa la panadera, la zapatería de José y su hijo Antonio Álamo, el bonareño Diego, y muy cerca, Benito, ambos con tienda de calzados, la abacería de Benjamín el de la taberna, la carpintería del tallista Hierro, la sastre Luisa Sierra, la tienda de Adelina, el despacho de aceite al por menor de la señora Pilarý Como vecinos conocidos, además de los citados, no podemos olvidarnos de las hermanas María, Dolores y Trinidad, las dos primeras trabajaban de limpiadoras en el Cinema 'Rábida', la tercera, era corredora.

La primera referencia del que sería popular edificio, nos viene dada en el Legajo número 82, fechado en junio de 1893 que, textualmente, nos dice:

"Don Miguel Blázquez, solicita licencia de construcción en los solares, entre calles Pinta, Niña y Plaza Isabel la Católica, de una vivienda de dos plantas".

En el Legajo número 701, podemos observar como el "administrador del Brasil Chico, en el año 1919, en representación del propietario del referido edificio, sito entre las calles Niña, Pinta, Isabel la Católica y Carretera Odiel, llamado José Carles, solicita el permiso correspondiente para limpieza de los caños interiores, por estar obstruidos".

A partir de los años cincuenta, el 'Brasil Chico' iniciaba un estadio de fuerte regresión numérica, degradación física y pérdida de sus moradores. Éstos, personas envejecidas, de condición modesta, con escasos recursos económicos y formación, sufrían las consecuencias de los procesos de especulación de los que eran objetos los inmuebles y, como no habían medidas establecidas para su conservación, terminó desapareciendo.

En octubre de 1975, el propietario del inmueble solicita del Ayuntamiento que se declare en ruinas al edificio. La respuesta de los arquitectos municipales, tras la revisión de rigor, queda citada en la sesión municipal del 22 de octubre de ese mismo año: "ýse desestimaron recursos contra declaración en ruina del 'Brasil Chicoý', Ya en esas fechas, no quedaba ningún inquilino y comenzó su degradación de tal manera, que, el miércoles 23 de enero de 1980, se produce un incendio en el interior del edificio y 'Odiel' denunciaba la situación: 'El Brasil Chico, un peligro latente. El abandono, la suciedad, las ratas y otras circunstancias exigen una urgente solución".

No todos coincidían en el derribo del 'Brasil Chico'. Así, Francisco Carrión Díaz proclamaba, en el diario 'Odiel', su sensibilidad respecto a su conservación con las palabras siguientes:

"ý Pero si sucumbió el Brasil Grande, nos quedó el Brasil Chico, ¡qué conformidad la nuestra! que en parte recogió la herencia de su hermano mayor. El Brasil Chico es como telón de fondo de la Plaza Niña, viejo lugar de historias y leyendas, que nos fueron contadas por nuestros padres y que ellos la escucharon de los suyos, como patrimonio de un pasado.

Ahora la amenaza se cierne sobre nuestro singular Brasil Chico, deshabitado, antigua casa de vecinos de finales del siglo pasado en cuyo solar hay proyectado construir una moderna edificación. Pero es que también vamos a dejarnos arrasar por la máquina, el único patio de vecinos de la ciudad.

No debemos consentirlo los onubenses. La idea de crear en su edificación, respetando su viejo urbanismo interior, cuanto hemos leído en nuestro diario Odiel nos parece a todas luces la más acertada. Patio de Comedias, talleres de artesanía, estudio para pintores, sala para literatos, biblioteca pública, etc., etc.

Pero no nos durmamos en los laureles. Que nuestras instituciones oficiales se adelanten y soliciten de Madrid, sea declarado el edificio del Brasil Chico de interés localý".

El 5 de febrero de 1981, se declara otro incendio en el Brasil Chico.

Esto fue como la declaración de su demolición. Así, el martes 10 de marzo de 1981, fue aprobada la demolición del Brasil Chico en la Permanente Municipal

El viernes, 13 de abril de 1981, Jesús L. Fernández Jurado se lamentaba de la inminente demolición del Brasil Chico en un artículo titulado 'Adiós al Brasil Chico' y terminaba drásticamente:

"ýDecía antes que, desgraciadamente, nuestra ciudad nunca ha sido monumental, pero a veces pienso si no ha sido una suerte que los onubenses no hayamos poseído monumentos, pues a la vista de lo que estamos haciendo con Huelva, es probable que también hubiésemos permitido que los demoliesen".

Otra personalidad de la ciudad que quiso que se mantuviese fue Juan José Oña, que soñaba con sus talleres de artesanos, estudio de artistas, mercadillos, lugar para tablas y tablaos y con ese ambiente de bohemia que rodea el arte- Alfonso Aramburu mantenía su postura de mantenerlo, pero no en aquellas condiciones en que, por sus reiterados incendios, podía constituirse en un peligro para la zona, y Antonio José Martínez Navarro proclamaba la defensa a ultranza de un edificio que, si bien estaba muy deteriorado, con una habilitación conveniente (caso de lo que le ocurrió a la Ermita de la Soledad) podría rendir óptimos servicios a la ciudad.

Y, a pesar de que el catedrático Francisco Morales Padrón había mantenido contactos con el Ayuntamiento de Huelva para que fuese conservado este edificio que había recogido en su libro 'Historia de los Corrales Andaluces' y que estaba incluido en el 'Inventario Arquitectónico de edificios de interés de Huelva, donde aparecía clasificado como edificio de carácter popular, la piqueta comenzaba en los días finales de marzo de 1981 a demoler el 'Brasil Chico'.

El miércoles, 8 de abril del citado año, se decía en 'Vivir para ver', de 'Odiel':

"El Brasil, prácticamente desaparecido. A la chita callando, mientras unos y otros se tiraban los tejos en pos de su necesaria o no conservación, el Brasil Chico está desapareciendo ante la mirada de cientos de ojos que ven cómo se marcha un pequeño trozo de la historia local.

Es curioso observar cómo muchas personas mayores se vienen reuniendo en la plaza Niña para observar el derribo y contar anécdotas del viejo caserón, descubierto por la mayoría hace escaso tiempo". Una semana más tarde, el Brasil Chico era historia enamorada de los onubenses sensibles.

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