Homenaje a Mircea Eliade

  • Granada conmemora el centenario del nacimiento del escritor, uno de los intelectuales más universales de la cultura rumana, con unas jornadas de estudio de su obra

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Mircea Eliade es junto con Ionesco y M. Cioran uno de los intelectuales más universales de la cultura rumana. Escritor desde muy joven, reunió una gran obra erudita y literaria, faceta ésta menos conocida en España. El Tratado de la historia de las religiones (1954) o La historia de las creencias e ideas religiosas (1978-1980) son obras ampliamente conocidas, así como sus estudios sobre el mito. El mito del eterno retorno (1952), Mitos sueños y misterios (1961), Lo sagrado y lo profano (1967) o Mefistófeles y el Andrógino (1969) son estudios en los que reivindica, teóricamente, la experiencia de lo sagrado como el único modo de topar con lo más real, pues es a partir de esta experiencia el hombre sale fuera del espacio habitual y del tiempo anodino, para ingresar en un espacio y en un tiempo decisivos para él. Esa realidad mítica se encuentra no sólo sepultada en las culturas desaparecidas o en las costumbres ancestrales, sino bajo la apariencia insulsa de una ciudad como la Budapest ocupada por los rusos. La experiencia de lo sagrado no viene aquí de la mano de un rígido sacerdote, sino de la de un artista, para quien los acontecimientos no son simples hechos a registrar en las crónicas, sino motivo suficiente para recrear el destino de un pueblo escondido en sus mitos olvidados.

Todo mito, dice Eliade, remite en última instancia al mito cosmogónico, pues siempre se trata de la ordenación de un espacio y de la instauración de un tiempo origi-nario. Para ilustrarlo, en Lo sagrado y lo profano recoge un ritual de una tribu nómada australiana, cuyos miembros llevan allí donde van, un poste sagrado para hacer suyo el nuevo terreno conquistado. Nosotros, según este autor, también recreamos nuestro propio mundo. Desde luego, son otros los rituales, pero igualmente, en esa creación, está presente el mito de la cosmogonía originaria. El mundo de cada cual surge, como en los relatos de Eliade, de lo sagrado en lo profano. Un nuevo orden del espacio y el tiempo se introduce en los rituales que inauguran mundos creados con la imaginación de los hombres, cuando construyen sus hogares primeros, cuando dan nombres a sus descendientes como prolongación de sus existencias, cuando contraen matrimonio o cuando recrean sus vidas de nuevo bajo otros signos

Erigir el axis mundi, el eje que une el Cielo y la Tierra con su infierno, lo mejor y lo peor, es instaurar una ordenación del espacio y una transformación del tiempo, para vivir, hacer propia la existencia extraña y mantener a distancia la hostil. Mediante esa experiencia sagrada de los achilpa australianos se domestica una realidad, en principio peligrosa, hasta convertirla en hogar. Lo "nuestro" y lo más propio son el producto de una exterioridad primitiva que devino, gracias a la experiencia religiosa. Y si ese orden instaurado falla en sus pilares fundamentales, todo se viene abajo. La extranjería, gracias al mito (en su eterno retorno), sirve de suelo fértil para alimentar al propio individuo, a su hogar o a su patria.

Ieromin Thanase, el héroe de Uniformes de general (1971) compromete su vida en la creación de un grupo experimental de teatro, como San Jerónimo lo hiciera en la fundación de un orden monástico. Este héroe, doble de Eliade, hace de la escenificación un arma potente para enriquecer con su magia una realidad que no merece ser vivida. Los efectos que el totalitarismo ha tenido sobre esa función creadora del mito, dejan ante sus ojos una Bucarest sumida en la desesperación y abocada a la acción sin la poesía. Pero el artista aprovecha cada instante y sale del tiempo rutinario, para convertir en eternidades de satisfacción los momentos de un espíritu enriquecido. Sus "milagros" en esta ciudad devastada por la guerra, quedan sin embargo anulados por el desprecio olímpico de un estudiante emprendedor. Se trata de un joven pragmático, positivo, que acorta caminos (Vladimir Iconaru) el estudiante intrépido, que no ve en el acontecer más que simples hechos a clasificar, y para quien, los momentos de creación poética son tan sólo una pérdida de tiempo. Esta figura bien puede ejemplificar nuestro mundo.

El análisis de este relato se halla en una obra colectiva, Mircea Eliade, el profesor y el escritor, dedicada como homenaje al autor, y bajo la dirección del profesor Joan B. Llinares de la Universidad de Valencia. Se incluyen en ella, además, dos textos inéditos en castellano: Sonata a Kreutzer y Francisco Sánchez. En el artículo de Llinares se compara al héroe, Ieromin Thanase, con San Jerónimo y se lo asimila a un doble del propio Eliade en un punto importante: en su compromiso comunitario. No deja de ser interesante comprobar que ese compromiso total tiene como clave el arte.

En la serie de actos organizados por la revista El Genio Maligno, en colabora-ción con la Universidad de Granada y con la asistencia del director del instituto de Cultura Rumana en Madrid, Horia Barna, hubo conferencias muy interesantes. Por ejemplo, la impartida por el profesor Pedro Gómez, catedrático de Antropología de la Universidad de Granada, titulada Antropología y religión en el pensamiento de Mircea Eliade, que ofreció una visión panorámica de la obra investigadora del autor; o la del exdirector del Centro Etnográfico Ángel Ganivet, José Antonio Gónzalez Alcantud, quien indagó en la relación de Eliade con la antropología cultural, marcando la distancia con otros grandes antropólogos. El homenaje concluyó con una magnífica conferencia del profesor Llinares sobre la poco conocida, pero muy interesante producción literaria, tea-tral y ensayística de este gran creador.

Merece la pena recordar, aunque no esté exento de sombras su pasado -su pertenencia a la Guardia de Hierro-, a un intelectual de la talla de Eliade cuando la presencia del pueblo rumano en España, sólo evoca miseria y delincuencia para el discurso público. Decía el escritor rumano que los mundos imaginarios creados, a base de creerlos se convierten en mundo, en realidad de todos. Esperemos que este homenaje contribuya a recrear esa realidad común que nos depara el futuro.

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