La ciudad de los 'micromuseos'

  • La dispersión espacial, las exposiciones poco relevantes y la falta de planificación son los principales fallos de estos centros

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Si se hacen realidad todos los proyectos que han presentado o anticipado las distintas administraciones malagueñas en los últimos tiempos, la ciudad contará en los próximos diez años con 43 museos o colecciones museográficas a disposición del público. Nueve de ellos ya están en alguna fase del proceso de ejecución, otros doce son, hasta el momento, tan sólo ideas. El Museo de Málaga, cuyas obras se han licitado esta semana, liderará ese escenario optimista que ha marcado la política (y en el que también están el Museo Carmen Thyssen, el Nacional del Transporte y el Revello de Toro). Esto obedece a la necesidad de crear una Málaga cultural capaz de superar la estacionalidad del turismo. Sin embargo, hay expertos que consideran que la red de micromuseos que se está gestando ni ayudará a que el turista pase más días en la ciudad ni obedece realmente a un plan estratégico.

En las XI Jornadas de la Asociación Profesional de Museólogos de España, que tuvo lugar en León el pasado mes de noviembre, el conservador del Museo de Málaga Manuel Ramos Lizana pronunció la conferencia Málaga, ciudad de museos. Para Ramos Lizana, "en torno a la Capitalidad Cultural todas las instituciones realizan su particular aportación en un ambiente eufórico, aunque a un mismo tiempo caótico y desestructurado". Y la primera observación que se extrae de este panorama "es un claro impulso público a la puesta en valor del patrimonio privado". "Entre todas las administraciones, el Ayuntamiento parece ser el impulsor de un mayor número de proyectos. Es el más decidido a financiar o subvencionar los museos privados y llegar a acuerdos con todo tipo de coleccionistas", explica el conservador.

Para Ramos Lizana una de las carencias más manifiesta es la de un Museo de la Ciencia de cierta entidad. Además, los proyectos tienen un "claro carácter reiterativo, hay duplicidades". Existen dos espacios dedicados a Picasso, tres al mar y dos administraciones diferentes prometieron la realización de una misma iniciativa, el Museo de Artistas Malagueños del siglo XX. "En el escenario futuro podrían convivir un museo antropológico, el de Artes y Tradiciones Populares, con salas de contenido etnológico como la música, las casas de muñecas, los toros, el vino, el flamenco, la Semana Santa, el vidrio, la cerámica o la comunidad judía (propuestas o centros ya existentes)", considera el conservador del Museo de Málaga. Esto haría que el visitante se encontrase con una gran dispersión espacial de la oferta y raramente se animase a recorrer el centro histórico y sus aledaños en busca de propuestas tan concretas. Y es que el turismo cultural se caracteriza por la concentración espacial y la reducción a un número pequeño de grandes atracciones patrimoniales.

Además, "la mayoría de los centros tienen una exposición permanente bastante pequeña, con colecciones indefinidas o de poca relevancia, por lo que el posible impacto social puede quedar en entredicho", afirma Ramos Lizana. Por otra parte, el 70 por ciento de estos centros se ubican, o lo harán en un futuro, en edificaciones históricas "sin posibilidad de crecimiento y con escasas oportunidades de desarrollar actividades complementarias". Si el modelo actualmente diseñado prospera, al menos habrá que crear una red de museos y un servicio de atención a los mismos.

La mayor parte de estos proyectos, según el conservador del Museo de Málaga, surge de forma bastante espontánea, con escasa planificación. "Las propuestas se suceden sin que presenten conexión alguna con los documentos de planeamiento urbanístico, turístico o estratégico vigentes", subraya. El II Plan Estratégico de Málaga -por ejemplo- no contempla una propuesta global sobre espacios expositivos. No discute el número de equipamientos que son necesarios ni especula sobre su ubicación o su incardinación con los nuevos ejes de la vida ciudadana como el puerto o el cauce del río Guadalmedina.

A parte de todo esto, escasean los estudios de público, de viabilidad y de impacto económico. "No existe ningún tipo de documento técnico que justifique o ampare el modelo de atomización museística que se está delineando", considera Ramos Lizana, que añade que el trabajo del museólogo en estos casos "suele brillar por su ausencia".

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